Un verdadero padre espiritual

Todo creyente necesita caminar al lado de hermanos maduros en la fe que lo ayuden y encaminen en lo que debe conocer y hacer. Asimismo, todo creyente que ha caminado un poco en la fe debe empezar a buscar transmitir sus conocimientos y experiencias a otros nuevos creyentes que necesiten orientación. Esto se conoce como la paternidad espiritual. Pero debemos entender claramente, a la luz de las Escrituras, que significa este concepto de padre espiritual. Lo que hace un padre espiritual con su(s) hijo(s) es transmitir su ejemplo de carácter y de principios; no con el fin de crear un clon de él, o de realizarse en la otra persona, sino con el fin de poner las bases para que lo que Dios haya puesto en la vida del discípulo pueda despertar y desarrollarse con buenos cimientos.

El legado realmente es de Dios a cada uno de sus hijos, los hermanos debemos ayudarnos unos a otros, quienes tienen más madurez y experiencia a quienes están recién empezando a caminar en la fe. Para ello, quiero que veamos el ejemplo del apóstol Pablo y su joven discípulo Timoteo en el siguiente texto:

Por lo cual te aconsejo que avives el fuego del don de Dios que está en ti por la imposición de mis manos.

Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio.

Por tanto, no te avergüences de dar testimonio de nuestro Señor, ni de mí, preso suyo, sino participa de las aflicciones por el evangelio según el poder de Dios (2 Timoteo 1:6-8)

  • La responsabilidad personal del discípulo – “te aconsejo”: Si bien es cierto Pablo era el padre espiritual de Timoteo, aquí vemos que la responsabilidad de la vida de Timoteo recaía en el mismo. Pablo le dice “te aconsejo” no “te ordeno”; pero ¿que le aconseja? Bueno, él le aconseja que avive el fuego del don de Dios que ya había recibido. Es responsabilidad del creyente su propia vida espiritual y el ministerio que recibió del Señor. Su padre espiritual podrá ser Pablo, pero si Timoteo no toma decisiones consecuentes, nada sucederá en su vida.
  • La meta de la paternidad – “avives el fuego del don de Dios”: Pablo había impuesto manos sobre Timoteo. Este acto conlleva el sentido de identificación, respaldo, comunicación y reconocimiento de autoridad espiritual (Hechos 6:6, 13:3). Había un envío, un respaldo, una comunicación y una relación. Lo que se transmite no es místico, ni mágico: transmitimos principios, un ejemplo de carácter y un estilo de vida que nuestros discípulos pueden aprender y repetir.
  • Dios nos ha legado su espíritu – “espíritu de poder, amor y dominio propio”: Timoteo debía dejar de lado el espíritu de cobardía y temor, reconociendo que ha recibido, no de Pablo sino de Dios, el Espíritu Santo, quien es poderoso para producir en el amor y dominio propio. El verdadero valor surge del entendimiento de que la vida del creyente esta segura en el amor de Dios, nada nos puede alejar de El y del dominio propio, por medio del cual controlamos toda ansiedad, temor, inseguridad y otra reacción carnal que pueda manifestarse en nuestra vida.
  • Una misión en la vida – “No te avergüences”: Pablo le dice a Timoteo que no se avergüence de dar testimonio; porque esa es la misión de su vida, el encargo que ha recibido de parte de Dios: dar testimonio de las buenas nuevas del evangelio del Señor Jesucristo. Un creyente que ha perdido el valor para testificar ha olvidado que la razón por la cual existe es para ir a todo el mundo y predicar el evangelio (Mateo 28:19-20, Juan 20:21, Hechos 1:8, Mateo 4:19)
  • Un entrenamiento – “Participa de las aflicciones por el evangelio”: La Escritura es clara a este respecto: se nos ha concedido no solo creer en el Señor sino padecer por causa de El (Filipenses 1:29). Las aflicciones del evangelio son todas aquellas cosas que tenemos que enfrentar (y cortar de nuestras vidas) que nos distraen, nos alejan y nos imposibilitan de cumplir con el encargo del Señor. Jesús nos advirtió sobre el hecho de cuidar nuestros corazones para que no se olviden del Señor y sus mandatos (Lucas 21:34)
  • Poder – “según el poder de Dios”: La base de todo lo que el creyente puede y debe hacer, es posible solo mediante el poder de Dios. El Espíritu Santo, quien mora en cada creyente nos capacita para tal tarea y cuando somos llenos de El (Efesios 5:18), le damos lugar para que obre en nuestras vidas, venciendo nuestras inclinaciones pecaminosas y haciendo efectiva la victoria que ya hemos recibido por el sacrificio del Jesús frente al pecado, el mundo y la carne (1 Juan 5:4)

Anhelemos hijos espirituales, pidámosle a Dios que nos haga fructíferos en su obra; pero recordemos que no somos dueños de las personas, sino solo servidores, peldaños para que los que vienen después de nosotros puedan subir. Nuestro mayor esfuerzo, sacrificio sea para que quienes el Señor nos de sean edificados en la Palabra de Dios y aprendan a tener su propio caminar con Dios y no dependan de nosotros. Nuestra mayor satisfacción será verlos servir a Dios, alcanzando su llamado y siendo también fructíferos en otros que vendrán.

Amen!

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