El anhelo de Pablo

Creo firmemente que todo cristiano ha sido llamado a ser relevante y trascendente en esta vida que el Señor nos ha dado. Relevancia cuando podemos ser capaces de traer la Palabra de Dios a nuestras vidas diarias, aplicándola a cada situación y recibiendo las bendiciones en ella prometidas a los que tal hacen. Trascendencia cuando somos capaces de ir mas allá de nuestras propias vidas y circunstancias, sirviendo con alma, corazón y mente a la Gran Causa de Dios: la predicación del evangelio y la extensión de su reino (Mateo 28: 18-20); inspirando y motivando a las personas a mirar al Salvador.

Un liderazgo cristiano saludable siempre lleva a las personas a mirar al Salvador Jesucristo

Pero, ¿como podemos desarrollar estas características, o donde las podemos encontrar? Es muy fácil encontrar modelos de cartulina, que no soportan la prueba del tiempo ni de las dificultades, o figuras de acción que solo se prestan para los flashes y el show, pero que no resisten un examen exhaustivo a la luz de la Palabra de Dios, la cual discierne los pensamientos y las intenciones del corazón (Hebreos 4: 12). No, mis queridos amigos, hablo de algo mas allá de una personalidad agradable, de los protocolos y normas de etiqueta o las frases inteligentes y elaboradas que muchos esbozan en estos tiempos, hablando infladamente de cosas que ni saben ni entienden, con el fin de aparentar una piedad que no poseen y con el fin de ganar adeptos que sigan crédulos sus descabelladas propuestas. Hablamos de un carácter profundo, de un corazón humillado y humilde, de una mente equilibrada, sana, apartada de lo malo y sumergida en la Palabra de Dios, y una voluntad firme, mansa, decidida y amorosa.

Para ello, debemos volver nuestra mirada a la Palabra de Dios para examinar uno de los momentos mas emotivos de la Escritura, donde el apóstol Pablo se despide de los ancianos de Éfeso, cuando iba rumbo a Jerusalén, a su captura y posterior viaje a Roma. En esa triste despedida, Pablo exhorta y anima a sus consiervos y deja un legado de carácter, una pequeña muestra de su corazón que haríamos bien en examinar y meditar por días hasta que cale en nuestro ser y seamos capaces de imitar semejante corazón.

“Pero de ninguna cosa hago caso, ni estimo preciosa mi vida para mí mismo, con tal que acabe mi carrera con gozo, y el ministerio que recibí del Señor Jesús, para dar testimonio del evangelio de la gracia de Dios”  (Hechos 20: 24)

La actitud relevante de Pablo

Pablo nos dice en este hermoso pasaje que su actitud ante la vida, las circunstancias difíciles y ante el desafío que tenia por delante era:

  • No hacer caso de ninguna cosa: No se permitía la distracción. Tenía una misión que cumplir, la cual había recibido del Señor y no podía prestar mas atención a otras cosas que al encargo divino. Este texto no nos dice que Pablo era un “desconectado” del mundo, sino que no permitía que nada en este mundo le llene los ojos y lo aparte de mirar al Señor y a la tarea que tenía encomendada (Gálatas 6: 14, 1 Corintios 9: 16).
  • No estimar preciosa su vida para si mismo: Pablo tenía ganada la principal guerra de su vida: la de su corazón. En el trono de su corazón, en ese lugar mas importante de su ser no se sentaba su propia comodidad, su orgullo, su placer, sino que se sentaba Jesucristo. Quien reina en nuestro corazón determina lo que buscamos y para quien lo buscamos. Si nuestra vida se basa solamente en buscar nuestros propios beneficios y si vamos tras de nuestra propia superación personal, no podemos decir que el Señor reina en nuestro corazón pues si El reinará, nuestra actitud sería la de Pablo: Mi vida no es preciosa para mí, no tiene el mismo valor que el Señor. Dios es supremo en mi vida y esta en su totalidad esta supeditada a la voluntad del Señor, no la mía.

Vemos que Pablo no era un líder de palabras solamente. No era una cubierta hermosa pero vacía en su interior, lleno de halagadoras palabras y formalismos huecos. Tampoco era un próspero dirigente cristiano, enfocado mas en su propia gloria que en la edificación del cuerpo de Cristo. Era un humilde siervo de Dios, pequeño a los ojos de muchos que se llamaban a si mismos apóstoles y siervos de Dios; pero realmente había dominado el ahora extraño arte de combinar doctrina con práctica: vivir lo que se predica y predicar lo que se vive. Y eso se llama relevancia.

El encuentro que tuvo Jesus con Pablo transformó su vida por completo

 

El anhelo de trascendencia de Pablo

Pero Pablo no se queda solamente en el presente. Este gran siervo del Señor miraba hacia adelante, al futuro y como buen siervo fiel, tenía un firme anhelo de trascendencia, de la verdadera, no de la orgullosa fama o el complejo de estrella mediática. Y por ello nos dice lo siguiente:

  • Acabar mi carrera con gozo: El primer punto importante para Pablo es que al final de sus días, al ser evaluado por el Señor, pueda presentarse sin temor ni vergüenza, con gozo, porque terminó su carrera, o mejor dicho su vida cristiana, de la mejor manera. Esto habla de los frutos de su propia vida; pues de nada serviría que haya sido muy activo en el ministerio si su propia vida no evidenciaba las doctrinas que enseñaba y predicaba. La vida cristiana es una carrera de largo aliento y necesitamos correrla en obediencia, sumisión y fe en el Señor para terminarla bien y presentarnos ante el Señor con gozo (Judas verso 24, 1 Juan 2: 28).
  • Completar el ministerio que recibí del Señor Jesús: No solo terminar bien su vida cristiana era importante para Pablo: el tenía un encargo dado de parte del Señor (Hechos 9: 15-16) y debía terminarlo bien. Su ministerio lo había recibido del Señor (Gálatas 1: 11-12) e incluía la predicación del evangelio a los gentiles (Gálatas 2: 7-8). Como buen siervo fiel, anhelaba completar todo lo que Dios le había encomendado y esto es un ejemplo para todos los que han sido llamados a servir al Señor, quienes han recibido el encargo del Espíritu Santo (Hechos 20: 28) para edificar el cuerpo de Cristo (Efesios 4: 11-13).

Los escritos de Pablo reflejaban su corazón humilde y dependiente del Señor

Para concluir solo me queda decir que estas dos características no están separadas, sino que se interrelacionan una con la otra. Pablo tenia una actitud de no hacer caso de nada ni de estimar su vida como preciosa para si mismo con tal de termine haciendo las cosas bien. Y esa palabra “con tal que” nos habla de la relación, la conexión que hay entre la relevancia actual y la trascendencia futura: la última no existe sin la primera. No podemos ser trascendentes si no somos capaces de vivir la Palabra en obediencia ahora en el presente, y el hacerlo siempre nos garantiza que en el futuro seguiremos siendo fieles al Señor.

¡Que hermoso anhelo de un corazón agradecido, tratado, humilde y amoroso! Cuanto necesitamos aprender nosotros de un corazón así. Dios quiera que dejemos de fijarnos en los errores de los demás y empecemos a mirarnos mas un poquito a nosotros mismos y al Señor en oración y clamor. Nos daríamos cuenta de que estamos a años luz del sincero y desinteresado anhelo de este gigante espiritual, Pablo, el apóstol de los gentiles, el humilde siervo de Dios.

Amen!

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