Toma de decisiones: El efecto mariposa

El aleteo de las alas de una mariposa se puede sentir al otro lado del mundo. Su aleteo en Londres puede desatar una tormenta en Hong Kong

Este antiguo proverbio chino refleja una realidad todos debemos conocer. Cada decisión que tomamos tiene consecuencias. Esta es una regla básica de la vida; pero muchos de nosotros no la tomamos en consideración al momento de tomar decisiones. Recuerdo una película antigua llamada “El efecto mariposa”, la cual exploraba justamente este concepto al proponer situaciones donde los protagonistas tomaban decisiones que desencadenaban situaciones completamente diferentes a las anteriores, que afectaban de manera radical la vida de los personajes y de quienes los rodean.

Claro, no siempre todas las decisiones que tomamos tienen el mismo impacto: el color de ropa que use no va a provocar una catástrofe mundial; pero la persona con la que me case, el trabajo que elija, la manera como use el dinero que gano, la actitud que voy a tener frente a Dios y a su Palabra si van a determinar el rumbo que va a llevar mi vida, la satisfacción que experimentare, el impacto que tendré en otros y, en ultima instancia, mi destino eterno. En ese sentido, hay decisiones que tienen el potencial de cambiar nuestra vida por completo, para bien o para mal.

Decisiones tienen consecuencias y desencadenan eventos en nuestra vida

Recuerdo que hace muchos años, cuando era niño deseaba ser medico: me veía trabajando en África, ayudando a la gente en necesidad. Ese era mi sueño y era lo que quería hacer. Sin embargo, con el paso del tiempo y circunstancias que pasaron en mi vida, tome la decisión de estudiar Ingeniería de Sistemas, y toda mi vida cambio: no trabajo con bisturís sino con computadoras. No estoy en África, pero uso mi profesión no solo para ganarme la vida sino para sostenerme en la labor a la que el Señor (a quien conocí en mi época de estudios) me ha llamado. Y así han habido diversas decisiones que he tomado a lo largo de mi vida, que afectaron el rumbo que llevaba y las cosas que vivo hoy. En ese sentido, somos el resultado de las decisiones que tomamos. Y esa frase la hemos oído constantemente y es cierta en parte; lo que no debemos olvidar es que no podemos sacar a Dios de la ecuación. Somos el resultado de las decisiones que tomamos, dentro del marco que nos permite Dios, en su sabiduría y de acuerdo a sus propósitos.

Y bendijo a Jehová delante de toda la congregación; y dijo David: Bendito seas tú, oh Jehová, Dios de Israel nuestro padre, desde la eternidad y hasta la eternidad.
Tuya es, oh Jehová, la magnificencia, y el poder, y la gloria, la victoria, y el honor; porque todas las cosas que están en los cielos y en la tierra son tuyas. Tuyo, oh Jehová, es el reino, y tú eres exaltado por cabeza sobre todos.
Las riquezas y el honor proceden de ti, y tú reinas sobre todo; en tu mano está el poder y la fortaleza, y en tu mano el engrandecer y dar fortaleza a todos
”  (1 Crónicas 29: 10-12)

Soy consciente de que este un tema complejo, pero es necesario abordarlo: nuestra libre capacidad de decidir no excluye la soberanía de Dios, para hacer lo que le place o permitir un espectro donde el hombre puede moverse. El es Dios y nosotros sus criaturas. Aquellos que han sido hechos hijos de Dios por la fe en Cristo, son guiados por el Espíritu Santo y Dios busca activamente obrar su voluntad en ellos (Romanos 8:14). Quienes permanecen en incredulidad y pecado, no son guiados por Dios, pero no pueden ir mas allá de lo que Dios en su voluntad permite (Hechos 17:26). Aun así, las decisiones que tomamos, creyentes o no, afectan nuestra existencia para bien o para mal. Pero ello no escapa del conocimiento, poder y control de nuestro Dios.

Dios es soberano en toda su creación

¿Que dice la Palabra de Dios con respecto a las decisiones que tomamos?

La Biblia nos enseña claramente con respecto a las decisiones que el ser humano toma y como estas afectan nuestra existencia y futuro. Veamos lo que la Escritura nos dice al respecto:

1. Somos responsables de manera personal ante el Señor

Somos responsables de nuestras decisiones de manera personal ante Dios. Desde los albores de la humanidad (Génesis 3:9, 4:9) hasta el día del juicio final donde incrédulos comparecerán ante el trono de Dios (Apocalipsis 20:12), el ser humano es considerado responsable de sus actos delante de Dios. Aun los creyentes serán también examinados ante el tribunal de Cristo (2 Corintios 5:10), no para juicio sino para evaluación y recompensa (o vergüenza) por la labor realizada en su nombre.

2. Nuestras decisiones afectan a los que nos rodean

Las decisiones que tomamos pueden afectar en gran manera a quienes nos rodean. La Biblia nos enseña en 1 Crónicas capitulo 21 que el rey David tomó la decisión de censar al pueblo de Israel, aun cuando no le había sido mandado por Dios y era evidente a otros que era una mala idea (1 Crónicas 21:3). Su decisión provocó la ira de Dios y la muerte de setenta mil hombres. Tal vez la vida de hombres no este en juego cuando tomamos una decisión, pero si el futuro de nuestra empresa, la economía de nuestra familia, la estabilidad de nuestro matrimonio, etc. La Palabra de Dios nos manda a considerar nuestros pasos ante de tomar una decisión (Proverbios 11:14, 24:6, 27:23).

3. Seremos evaluados por lo que decimos

La Escritura declara que lo que de la boca del hombre sale sale de su corazón (Mateo 15:18). Entonces nuestras palabras están cargadas de lo que realmente somos, pensamos y sentimos. Por ende, somos responsables de lo que decimos: aun de cada palabra que sale de nuestros labios delante de Dios habremos de dar cuenta (Mateo 12:36). Se nos manda a cuidar nuestras palabras, mas bien a edificar y bendecir por medio de ellas (Colosenses 4:6, Efesios 4:29).

4. Nuestras decisiones deben tener la motivación adecuada

El apóstol Pablo nos dice en 1 Corintios 13 que podemos tomar decisiones en apariencia muy buena, pero si no tiene la motivación del amor, no son validas delante de Dios. Esto es así porque el corazón del ser humano es engañoso y hay una línea muy delgada entre hacer algo por amor al Señor y a los demás, y hacer cosas para enorgullecerme, aparentar ante los demás o alimentar una dependencia insana, que me lleva a sentirme mejor que los demás.

5. Seremos examinados en las intenciones de nuestro corazón

Dice la Palabra de Dios que llegará el día en que el Señor manifestará las intenciones del corazón de cada una de los seres humanos (1 Corintios 4:5). Si bien es cierto que podemos engañar a los hombres, aparentar y fingir; a Dios no lo podemos engañar: el traerá luz sobre toda cosa guardada en el día ultimo. Debemos tener cuidado y analizar las decisiones que tomamos: estas nacen de lo que hay en nuestro corazón. ¿Como esta mi corazón? (Proverbios 4:23)

 

Somos responsables de nuestras decisiones delante de Dios


Hemos visto brevemente que las decisiones que tomamos nacen en nuestro corazón, afectan a los demás y nos hacen responsables delante de Dios por ellas. No podemos ser insensatos y pensar que lo que hacemos no tiene repercusiones o que podemos ir por la vida libremente, afectando a otras personas porque actuamos sin pensar, sin considerar las consecuencias y examinar nuestro corazón. ¿Porque hacemos lo que hacemos? ¿Que nos motiva? ¿Es el bienestar de los demás, es el orgullo, la ira, la contienda, los celos, el deseo de tener, de aparentar? Esa es una respuesta que tenemos que responder nosotros mismos, nadie mas lo puede hacer.

Hay otra pregunta que también debemos hacernos: ¿donde pasaremos la eternidad? Esta es la mas trascendental de las decisiones que tengamos que tomar, en tanto que las consecuencias de la misma tienen repercusiones eternas. Creeremos en el Señor Jesucristo y en su muerte sustitutoria en la cruz por nuestros pecados. ¿Creeremos que su sangre nos limpia de todo pecado, nos da paz con Dios? ¿Tomaremos su Palabra como la máxima autoridad de nuestras vidas?

Recuerda: tus decisiones tienen consecuencias. Si confías en Jesús como Señor y Salvador, recibirás perdón y vida eterna en el cielo. De lo contrario, recibirás la ira de Dios y la condenación eterna en el infierno. Tu decides!

Amen!

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