¿Como lograr que nos vaya bien en la vida?

Siempre es duro llegar a la conclusión de que, mirando hacia atrás en la vida, pudimos haber hecho las cosas mejor y, por ende, experimentar mejores consecuencias en algún aspecto de nuestra vida. Es un principio básico de la vida el hecho de que toda decisión que tomamos tiene consecuencias y estas afectan nuestro futuro y trascienden nuestra existencia (es decir, afectan a otros también). Es una lección básica de la vida, pero comúnmente olvidada en este mundo donde la impaciencia, la impetuosidad, la imprudencia reinan y donde la incertidumbre, la falta de confianza y la duda gobiernan nuestras mentes.

Es común ver a muchos charlatanes tratar de vendernos la receta mágica para que nos vayan bien las cosas, o escuchar a alguien esperar que las cosas mejoren, teniendo esperanza en la esperanza, pero sin ningún fundamento solido del porque debería tenerla. Estamos de alguna manera esperanzados en que las cosas pueden o van a mejorar de la noche a la mañana solo por arte de magia; que nosotros de alguna manera merecemos que nos vayan bien las cosas y así podemos pasarnos toda la vida esperando por “aquel” momento dorado, donde todas las cosas nos van a salir bien y donde vamos a poder cumplir todos los anhelos de nuestro corazón.

Las decisiones que tomamos depende de lo que creemos

Pero la verdad es que las cosas no suceden por arte de magia, sino (1) por la providencia y sabiduría de Dios, quien dirige los asuntos humanos conforme a sus propósitos soberanos; y (2) por las decisiones que tomamos, las cuales pueden ser de obediencia a la voluntad revelada del Señor al hombre en su Palabra o de desobediencia, cuando queremos ir en pos de nuestros pensamientos y pareceres. Cuando tomamos decisiones en obediencia a la Palabra de Dios veremos que cosecharemos las bendiciones que promete el Señor (Josué 1:8, Salmos 1:1-3); pero si escogemos desobedecer la Escritura y hacer nuestros propios deseos, entonces lo que cosecharemos será problemas, crisis, degradación y muerte (Gálatas 6:7-8, Proverbios 14: 12). Y aun en los asuntos en los que la Biblia no nos declara específicamente cual debe ser la acción a tomar, siempre podemos echar mano de los principios generales de la Palabra de Dios (el amor, la justicia, la paciencia, la fe, no hacer daño al prójimo, actuar en verdad, etc.) y también apoyarnos en el sentido común y la conciencia que Dios ha puesto en nuestro ser. Asimismo, podemos orar al Señor para pedir su intervención y guía, dado que el conoce nuestro corazón y todas las cosas; entonces podemos tener confianza en que El nos puede dar la dirección precisa para cada situación de la vida que debamos enfrentar.

Es un asunto simple en realidad hermanos, donde este nuestro corazón allí estará nuestro tesoro. Si en nuestro corazón albergamos temor a Dios y a su Palabra, procuraremos hacer las cosas de acuerdo a lo que Dios ha declarado como correcto y bueno. Cuando no tomamos a Dios como una prioridad en la vida, como nuestro Señor y Amo, fuente de la verdad y suprema autoridad para todo, siempre buscaremos “cisternas rotas” (Jeremías 2:13), fuentes de agua estancada que son nuestras propias mentes o, peor aun,  las enseñanzas de un mundo incrédulo y aborrecedor de Dios. Pero la Palabra del Señor y su clamor para nosotros sus hijos es clara como lo demuestran estos versos que a continuación detallo:

 

Así ha dicho Jehová, Redentor tuyo, el Santo de Israel: Yo soy Jehová Dios tuyo, que te enseña provechosamente, que te encamina por el camino que debes seguir.

!!Oh, si hubieras atendido a mis mandamientos! Fuera entonces tu paz como un río, y tu justicia como las ondas del mar.

Fuera como la arena tu descendencia, y los renuevos de tus entrañas como los granos de arena; nunca su nombre sería cortado, ni raído de mi presencia” (Isaías 48: 17-19)

1. El fundamento del éxito: Una relación personal con Dios

Antes que nada, este texto empieza declarando el nombre de pacto de Dios: Jehová. El nombre por el que solo su pueblo le conoce. Esto implica una relación intima entre el hombre y Dios. Si ha de haber algún éxito, algún conocimiento de la voluntad de Dios, debe haber primero una relación con Dios, solo posible a través del nuevo nacimiento; y esto es lo que implica el siguiente nombre con el que se revela Dios en este texto: Redentor tuyo. Dios es nuestro redentor, nuestro salvador, quien miro nuestra perdición y por amor a si mismo y por amor a la humanidad, no escatimo el enviar a su propio Hijo como ofrenda sustitutoria por nuestros pecados, para que al morir El y resucitar, podamos poner nuestra fe en Jesucristo y recibirle como Señor y Salvador de nuestras vidas, obteniendo paz con Dios, el perdón de nuestros pecados y la vida eterna con Dios en su cielo.

No podemos conocer la volunta de Dios sino tenemos una relacion con Dios

No solo eso sino que el tercer nombre con el que se revela Dios es el Santo de Israel. El es nuestro Dios, es nuestro redentor y El es santo. Esto implica que El demanda santidad de su pueblo y de quienes se acercan a El. Dios no puede tener comunión con el pecado y la maldad, así que el éxito en la vida esta fundamentado en una relación personal con Dios, quien nos ha salvado por medio de la obra de Cristo Jesús en la cruz del Calvario, salvándonos y llamándonos a una vida santa, para que podamos caminar con Dios en todos los aspectos de nuestra vida y así contar con su bendición y respaldo.

 

2. El secreto del éxito: Obediencia a los mandamientos de Dios

El secreto del éxito en la vida no es una formula mágica, no se trata de suerte de algún amuleto extraño o de algún ritual esotérico. La única garantía para que nos vaya bien en la vida es conocer a Dios y tener una relación con El por la fe y obedecer sus mandamientos. En el texto que estamos considerando en este post, vemos dos características importantes: Ese Dios personal, Salvador y Santo quiere enseñarnos para nuestro bien y nos guía por el camino que debemos seguir (Salmos 32: 8-9). ¡Que maravilla hermanos! El Dios Todopoderoso, Santo, bueno, justo y amoroso no solo quiere tener una relación con nosotros, sino que quiere enseñarnos el camino a seguir. Y puede hacer esto porque El es la verdad (Juan 14:6). Dios es la fuente de la verdad absoluta, en el reposan la sabiduría y la inteligencia (Proverbios 2: 5-6). Es nuestro Padre Celestial en quien podemos confiar. No serán avergonzados los que confían en Dios hermanos, pues Dios es generoso con quienes se acercan a El. Brinda sabiduría a quien se la pida (Santiago 1: 5)  y de su mano recibimos verdad y gracia abundante.

Acudimos a Dios en obediencia

Así como Dios tiene la iniciativa de bendecirnos con su dirección y guía, el texto bíblico que estamos analizando también nos muestra una verdad importante: ¡Oh, si hubieras atendido a mis mandamientos! Esto implica no solo iniciativa de Dios sino la respuesta del hombre. Dios quiere tener una relación con el hombre, pero es el hombre quien debe recibir el mensaje del evangelio y responder en arrepentimiento y fe a la obra regeneradora del Espíritu Santo en la salvación. Asimismo, Dios quiere enseñar su voluntad y caminos al creyente, pero es el hijo de Dios quien debe atender a los mandamientos de su Padre Celestial y obedecerlos para poder experimentar la dicha de vivir en la voluntad de Dios. Una cosa no anula la otra: Dios quiere guiarnos, pero nosotros debemos esforzarnos en obedecer al Señor por medio de atender su Palabra y ponerla en obra.

3. La manifestación del éxito: vida eterna y abundante

La recompensa por obedecer al Señor no siempre es necesariamente asuntos materiales; pero es infinitamente superior. El texto nos habla de paz como un rio, que fluye interminable en cualesquiera de las situaciones en las que nos encontremos. También nos promete justicia, rectitud, la capacidad de vivir una vida santa, potenciada por el Espíritu Santo y que va de acuerdo a los principios de la Palabra del Señor. Nos habla de descendencia abundante y la permanencia de nuestro nombre delante de la presencia de Dios. ¿Que es todo esto, sino vida eterna y abundante? Y ya sabemos en que consiste la vida eterna: en conocer al Único Dios verdadero y a Jesucristo a quien ha enviado (Juan 17: 3). Vida permanente, fructífera, abundante, gozosa, llena de paz y bendición son las recompensas generosas de obedecer a la Palabra de Dios. No hablamos, repito, necesariamente de prosperidad material, aunque Dios bendice materialmente. Hablamos de un corazón reposado, tranquilo, agradecido, santo, sin culpa, ni vergüenza, sino lleno de gratitud y sano. Esto es mucho mas que todos los tesoros que este mundo puede ofrecer.

 

Hermanos amados, el conocimiento de Dios y el hecho de tener una relación con Dios es en si una bendición, pero adicionalmente somos transformados por medio de caminar con Dios en los días de nuestra vida. La intimidad con Dios nos transforma. El Espíritu Santo nos transforma a la imagen de Jesucristo. La Palabra de Dios renueva nuestra mente y nos lleva a comprobar la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta (Romanos 12:1-2). ¿Como lograr que nos vaya bien en la vida? Conociendo a Dios por medio de la fe en su Santo Hijo y caminando con El en obediencia a su Palabra son las garantías de que experimentaremos el éxito: conocer y hacer la voluntad de Dios para nosotros. Esto es garantía absoluta de verdadera paz, gozo, sanidad y bendición, no a la manera del mundo, sino a la manera de Dios.

Cree en el Señor Jesucristo y seras salvo



!!Quién diera que tuviesen tal corazón, que me temiesen y guardasen todos los días todos mis mandamientos, para que a ellos y a sus hijos les fuese bien para siempre!”  (Deuteronomio 5:29)

Hermanos, seamos temerosos de Dios, responsables ante El por nuestros actos y sabios al momento de decidir. ¡No saben cuanto daría por saber hace 14 años lo que se ahora! Tengo una profunda tristeza en mi corazón por todo el tiempo que perdí por causa de mi ignorancia y mi rebeldía en cuanto a la voluntad de Dios. Hice cosas que no debí hacer, perdí tiempo, energía, pasión, desperdicie oportunidades, dañé a personas que amaba y fui dañado por personas que amé. Si hubiese sido diligente, esforzado y responsable en cuanto a mi crecimiento espiritual, hoy tal vez ya estaría casado, con hijos, ya habría terminado el seminario y estaría sirviendo a mi Señor a tiempo completo. No reniego de la vida que me toco vivir, pero reconozco que si hubiese conocido y seguido la Palabra de Dios desde etapas tempranas de mi vida cristiana, cosas diferentes hubiesen pasado. Aun así, el Señor mi Dios ha sido fiel y mas que bueno conmigo. No me ha pagado conforme a mis maldades, sino que su misericordia se ha extendido como los cielos sobre la tierra sobre mi vida. Alabo al Señor porque es bueno y para siempre es su misericordia. Me ha guardado y llevado por caminos de bien. No ha cumplido aun todo el anhelo de mi corazón pero reconozco su mano y bendición sobre mi. Soy consciente de las consecuencias de mis malas decisiones y debo vivir con ellas, pero también he decidido seguir a mi Señor, procurando obedecerle y servirle en todo tiempo: me vaya bien o me vaya mal, solo o acompañado, en riqueza o en pobreza, en salud o en enfermedad. Mi prioridad es Dios y su obra y a esto quiero dedicarle el resto de mi vida y quiero morir haciendo la voluntad del Señor. Es quien soy y no puedo de ninguna manera ir en contra de lo que he sido persuadido y convencido por el Espíritu de Dios, así sea muy tentador lo que me ofrece este mundo. El oprobio de Cristo es infinitamente superior a los deleites temporales del pecado.

No pierdas el tiempo. Busca al Señor. Obedece su Palabra para que te vaya bien a ti y a los tuyos. Marca la diferencia, se radical en tu obediencia. Teme a Dios porque eso es el todo del hombre y no te arrepientas de dar la vida por servirle. Vale la pena obedecer y servir al Señor.

 

Amen!