Revelación siempre produce Transformación. Lo demás es mero conocimiento que en vez de ayudar, envanece y alimenta el orgullo. Lamentablemente pensamos que conocimiento equivale a restauración, sanidad y santidad; pero lo cierto es que mientras el conocimiento permanezca en nuestras mentes solamente corremos el riesgo de anestesiarnos ante la verdad. No hay mayor peligro para un hombre que el exponerse a la cosas santas sin que haya un corazón arrepentido y deseoso de recibirlo.

Sin embargo, cuando el Espíritu Santo ilumina el conocimiento recibido y nos persuade en nuestros corazones de la verdad mostrada, dicho conocimiento baja a nuestros corazones, y tomamos la decisión de vivir por dicha verdad y hacerla parte de nosotros. Esto es poderoso y realmente cambia nuestras vidas. Por ello, el Espíritu Santo es nuestro maestro, quien escudriña hasta lo profundo de Dios y nos lo muestra. El Señor Jesús nos dijo que su Espíritu nos guiaría a toda la verdad. Dicha verdad nos hace libres. Solo El puede romper adicciones, hábitos ocultos, pecados que no paramos de cometer hasta que somos conscientes, a la luz de su verdad, de cuan horribles y ofensivos son ellos ante la presencia de un Dios Santo y amoroso.

Que el Señor nos conceda abrir los ojos y ver y entender su Palabra para que ella nos cambie y no seamos solamente personas barnizadas de cristianas por fuera pero con un corazón aun muy lejano de nuestro Salvador.