Hace un tiempo atrás supe de un caso bastante peculiar: Era una pareja que tenia de casados 25 años, una hija de 23, esposos en su edad madura. La esposa se había casado a los 25, el a los 28. Se encontraban en el atardecer de la vida, donde el amor se fortalece, se hace mas solido, mas basado en el carácter y la amistad. Hace mucho tiempo ya que las burbujas y la emoción habían dado paso a sentimientos y decisiones estables y maduras… o eso era lo que la mayoría de gente creía.

Sucede que la dama sufría una extraña enfermedad: no envejecía. Se seguía viendo como una joven de 25 años,, hablaba y se vestía como tal, aunque su edad cronológica era de 50. En esta situación ella pidió el divorcio de su esposo, porque ella no quería verse condenada a “cambiarle los pañales” en un par de años mas. No, ella quería divertirse, vivir su eterna juventud y no podía hacerlo amarrada a un “vejestorio”.

Y en efecto, lo logró, se divorció de su esposo, se olvidó muy pronto de sus 25 años de matrimonio, de su hija y se embarcó en la aventura de su juventud imperecedera.

Una historia muy triste en verdad. Esa mujer nunca conoció el verdadero amor ni el sustento del mismo: el compromiso. Prefirió vivir una fantasía que la vida real. Y saben, no es necesario padecer una extraña enfermedad como esa, muchos de nosotros padecemos la misma enfermedad de esta mujer: egoísmo.

Si, egoísmo. El problema de ella no era que no podía envejecer. El problema de ella era que su egoísmo era tan grande que no podía amar, no podía comprometerse a darse a otra persona sin pedir nada a cambio. Y no puede existir el verdadero amor sin verdadero compromiso.

Pero existe una buena noticia: si podemos conocer el verdadero amor; porque existe Uno que lo dio todo por amor y ese es Jesucristo. En esto hemos conocido el amor de Dios: en que entregó a su único Hijo por nosotros. Si podemos recibir y abrazar el amor de Dios que nos fue dado aunque no lo merecíamos, entonces podremos experimentar y dar el verdadero amor y sus diversas expresiones: un padre dejando de lado su vida de “soltero” para amar a sus hijos y criarlos; un esposo que deja de lado sus preferencias para amar a su mujer, protegerla y cuidarla, comprometiéndose con ella de por vida, un hijo que respeta, honra, ama y bendice a sus padres, aunque piense que no lo merecen; porque esto es mis queridos amigos el amor: no un sentimiento, sino una decisión de dar sin esperar absolutamente nada a cambio. Y nadie puede conocer el amor sin conocer a Dios, porque Dios es amor.

Amen!

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