Una noche realmente estaba acongojado por mi debilidad para servir al Señor. Quisiera orar más, ser mas fuerte frente a las tentaciones, no darle al Señor solo lo que me queda de tiempo después del trabajo sino todo el tiempo de mi vida para amarle y servirle. El Señor me mostró 2 cosas:

El llamado de Jesús a seguirle, que implica aprender a caminar con El en todo tiempo y momento, siempre trae como requisito necesario la auto negación. Es cierto que Jesús dijo “Sígueme” a todo aquel que El quiso llamar como su discípulo y el propósito del discípulo es ser como su maestro. Pues bien, Jesús también dijo:

Si alguno quiere venir en pos de mí,  niéguese a sí mismo,  tome su cruz cada día,  y sígame. (Lucas 9:23)

Si alguno quiere, esto implica que no todos querrán. Esto es lo triste, muchos son los llamados; pero pocos los escogidos. Los pocos que toman la decisión lo harán para seguir al Señor, no para ir adelante tomando decisiones propias; no, no se trata de eso. Nunca se trata de nosotros. Es negarse a uno mismo. Crucificar mi carne para que la vida de Dios fluya en mí. ¿Cómo se hace eso? Jesús lo dijo: cada día. Cada día debo entregarme a mí mismo como sacrificio vivo al Señor, en cada mirada, cada palabra, cada pensamiento, todo lo que soy debe pasar por la cruz todos los días, en oración y clamor porque el Señor viva en mi. No es posible hacer esto. No sin el poder del Espíritu Santo. Es posible si soy un pámpano unido a la vid verdadera porque como fue el Señor Jesús en la tierra puedo ser yo también aquí en la tierra; porque estoy en El y El está en mi.

No siempre obtendré la victoria, no siempre puesto que estoy en una batalla contra mi físico, el desánimo, las pruebas y tentaciones propias de mi vida. Y aquí es donde el Señor me mostró lo segundo: Al acercarme con confianza al Señor, con el corazón dolorido por la batalla, que es lo que veo? ¿Qué es lo que oigo?

Jesús dijo:

 y yo,  lo que he oído de él,  esto hablo al mundo. (Juan 8:26)

y

 Yo hablo lo que he visto cerca del Padre; (Juan 8:38)

 

Esto fue como un refresco en medio del desierto. Jesús experimentó todo lo que un ser humano puede experimentar pero sin pecado (Hebreos 4:15). El también luchó como yo lucho, pues fue hombre, y lo que vio y oyó cerca de su Padre (pues siempre se mantuvo cerca de El en dependencia) fue esto: restauración, ánimo, pasión, fortaleza, perdón, gracia abundante y gozo. Y eso era lo que El hablaba y hacia con los demás. Por eso cuando me acerco al Padre él me perdona, me anima, me enciende, fortalece mi corazón y me restaura para un día mas de crucificar mi vida y caminar el camino que mi Señor anduvo antes que yo.

Amen!

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