Hoy conversaba con mi hermano, camino a casa, acerca de la dura realidad que vemos en muchas congregaciones que hemos tenido el privilegio de conocer por medio del trabajo que realizamos y por los testimonios de hermanos y amigos, y el patrón es común, la necesidad percibida es la misma y en todas no se puede hallar aun una solucion al caso. Vemos iglesias y ministerios con muy poco compromiso de las personas, con asistencias sumamente volubles, anímicas; un cuerpo de liderazgo que se ha debilitado y muchos, muchos hermanos confundidos, sin un entendimiento claro de las Escrituras y agobiados por los problemas de la vida diaria y por los pecados y sus terribles consecuencias.

No me gusta para nada escribir acerca de estos problemas, dado que hay mucho trabajo por hacer y muy pocos que están percibiendo cual es el verdadero problema y sobretodo, como se puede solucionar. Es una época de gran y exagerado énfasis en la prosperidad material, en la ayuda social, donde muchos hablan de un gran avivamiento que ya ha venido y donde se hace un culto a la personalidad y al espectáculo en vez de una enseñanza sistemática, profunda, apasionada y sostenida de la Palabra de Dios. Es un tiempo de mucha confusión, donde nos mareamos con grandes shows, grandes personalidades, grandes conferencias, donde todo lo queremos hacerlo “a lo grande” y hecho excelentemente, con calidad de profesional; sin embargo, nos encontramos con la dura realidad de que el pecado ha aumentado muchísimo en los creyentes, muchos se niegan a involucrarse en el ministerio, hay cientos sino miles de iglesias debilitadas, luchando por sobrevivir en una era donde no son valoradas, donde nadie quiere apoyar las misiones, donde la instrucción en la Palabra es relegada a un segundo plano y “libros de principios” o de un sentido “practico” son los que abarrotan las librerías cristianas.

Yo no escribo para contender, ni para acusar o para pelear. Desde esta pequeña trinchera, anhelo poder contribuir en algo a la edificacion de quien me honre al leer estas lineas, animandolo a que comparta la perspectiva biblica del ministerio y de la vida misma. La solucion a todo problema se encuentra en la Palabra de Dios y en ella encontramos el fundamento correcto para todas las cosas. Entonces, ¿que dice la Biblia a este respecto? ¿Como podemos edificar un ministerio, liderazgo, una iglesia correctamente?

Veamos el siguiente pasaje:

¿Qué, pues, es Pablo, y qué es Apolos? Servidores por medio de los cuales habéis creído; y eso según lo que a cada uno concedió el Señor. Yo planté, Apolos regó; pero el crecimiento lo ha dado Dios. Así que ni el que planta es algo, ni el que riega, sino Dios, que da el crecimiento. Y el que planta y el que riega son una misma cosa; aunque cada uno recibirá su recompensa conforme a su labor. Porque nosotros somos colaboradores de Dios, y vosotros sois labranza de Dios, edificio de Dios. Conforme a la gracia de Dios que me ha sido dada, yo como perito arquitecto puse el fundamento, y otro edifica encima; pero cada uno mire cómo sobreedifica. Porque nadie puede poner otro fundamento que el que está puesto, el cual es Jesucristo. (1 Corintios 3:5-11)

 En este pasaje, Pablo nos da la filosofía del ministerio y liderazgo cristiano en pocas palabras. Nos dice que:

  1. Los lideres cristianos son: servidores de los hombres (gr. diakonos, ministros, siervos) y colaboradores de Dios. No son dueños de los hombres, son sus siervos, laborando en colaboración con Dios para la expansión del evangelio, utilizados por Dios para que los hombres crean (“como creeran si no hay quien les predique?”)
  2. La función que cumplen se puede dividir en su forma mas básica en dos: plantar y regar. Se plantan las semillas del evangelio, los cimientos, los fundamentos sobre los cuales otros van a regar las enseñanzas para el crecimiento de los hermanos. A ese respecto, Dios da el crecimiento en los hermanos; pero para que suceda el crecimiento tiene que haber quien plante y quien riegue. Somos colaboradores de Dios, El lo ha decidido asi por su soberana gracia. Pudiera hacerlo solo sin necesidad de los hombres, pero en su plan maravilloso el Señor lo ha determinado asi.
  3. Hay que tener mucho cuidado en la labor de plantar y regar. Pablo dice que el era un perito arquitecto, un experto en lo que hacia, por la gracia de Dios. Esto nos habla de la bendición del llamado que Dios ha dado a sus siervos, pero también del cuidado, de la preparación y la excelencia que todo ministro del evangelio debe tener, no solo para plantar sino para edificar. Y aqui viene lo mas importante: nadie puede poner otro fundamento que no sea Jesucristo, su persona, muerte y resurrección, con todo lo que esto implica. Quien riega, osea quien edifica encima de este fundamento también debe seguir el mismo patrón. Todo en el ministerio se trata acerca de Cristo. Si los cristianos no estamos fundamentados en Cristo (Efesios 2:20), si nuestras vidas no están llenas de la Palabra de Cristo (Colosenses 3:16), entonces estarán llenas de cualquier cosa, cualquier nueva moda teológica, cualquier viento de doctrina, cualquier personalidad extravagante, cualquier técnica novedosa del mundo nos arrastrará.

Y este es el gran problema: Estamos olvidando el grito de la Reforma: Sola Scriptura. Estamos olvidando el evangelio puro, sencillo y poderoso de Jesucristo por causa de “otros evangelios” positivos, humanistas, modernos y practicos. Podran tildarme de fanatico, religioso, legalista y muchas cosas mas; pero he conversado con muchos jovenes y hermanos mayores y visto demasiados casos de fornicacion, adulterio, pecados graves, confusion, herejias y todo el daño que esto provoca en la vida de creyentes y en la vida de las  iglesias. He visto lideres viviendo en pecado que siguen ministrando, pastores que soportan todo tipo de comportamiento en la iglesia y no dicen nada por no perder miembros. He visto congregaciones enteras devastadas por enseñanzas modernas, gente siguiendo la prosperidad, creyendo que la teologia es aburrida y que el discipulado realmente no es tan importante. He visto mucha gente que idolatra a una persona, pastor o “vision”, perdiendose en multiples actividades para recolectar fondos, mientras que los hermanos no crecen ni un centimetro espiritualmente hablando aunque pasen los años. Matrimonios destruidos, relaciones rotas, lideres con mucho potencial se van al mundo, demasiada devastacion como para callar.

Nadie puede poner otro fundamento. Nadie. El único fundamento es Jesucristo, la piedra del angulo. Un poco de levadura leuda toda la masa. Si no somos radicales en esto, el enemigo hará destrozos en nuestras filas. Desde aquí levanto mi voz: volvamos a las Escrituras, a la oración, a la búsqueda del rostro de Dios, a la predicacion del evangelio con pasión y preparación. Ya no es tiempo de seguir jugando a la iglesia “moderna y relevante”. Somos el cuerpo de Cristo, columna y baluarte de la verdad. Si no salamos el mundo, ¿para que servimos?

No es tiempo de juzgar o de sentarnos a lanzar misiles a todo el que parezca raro o hereje. No, es tiempo de abrir nuestra boca y predicar la Palabra de Dios a tiempo y fuera de tiempo. El Señor dará el crecimiento. Nosotros solo somos servidores y colaboradores en el santo ministerio. Toda la obra y gloria le pertenece al Señor, y el mismo dijo acerca de su Iglesia: “Las puertas del Hades no prevalecerán contra ella” (Mateo 16: 18). Y esa es nuestra bendita esperanza: aun en tiempos de apostasía es posible edificar bien y brillar para la gloria de Dios.

Amen!