Hoy pienso en las innumerables veces que deje de hacer cosas, o no dije lo que realmente quería decir por temor. Recuerdo las oportunidades cuando debí decir algo, cuando debí actuar, cuando debí reaccionar y no lo hice por temor “al que diran”, a las consecuencias, al rechazo, a no saber que hacer, a fallar y a tantas cosas.

Siempre tenemos una lucha contra el temor. No nos gusta perder el control, sentirnos vulnerables, inseguros, indecisos; porque preferimos quedarnos en nuestra caparazón, en el aislamiento de nuestra propia seguridad pero eso no es ni bíblico, ni sano, ni correcto. Cuantas oportunidades hemos perdido por tener temor, cuanto tiempo y cuanto podriamos haber avanzando en la vida y conocido si no fuera porque el temor ha sido realmente un hábito profundamente enraizado en nuestro ser. El temor es madre de la ansiedad, del estres y esta basado en la incredulidad. No creemos en Dios completamente, ni confiamos en su caracter santo ni en su buena voluntad para nosotros.

Jesus dijo a los judios que no se afanen, no se turben, no tengan ansiedad, en pocas palabras “no teman”. ¿Porque no debían de temer? Porque tenían un Padre celestial que conocía sus necesidades de antemano, antes que ellos mismos las expresen. Y esa es el punto de quiebre para muchos de nosotros. Sabemos que Dios existe, creemos en El; pero no creemos plenamente en su caracter, palabra y promesas. Tenemos un padre en los cielos, mas grande que cualquier necesidad, que nos ha mostrado su favor y gracia, que nos ha bendecido en Cristo Jesus, que no nos va a dejar ni desamparar jamas, sin embargo dudamos. Titubeamos ante las circunstancias y en el peor de los casos tememos lo peor ante cada circustancia que tenemos que vivir, sobretodo en el area en el cual tenemos mayor temor.

  • Pueden ser las finanzas y entonces tenemos miedo de que nos va a faltar la provisión. Olvidamos que Jehova es nuestro proveedor y que “no hay justo desamparado ni su descendencia que mendigue pan” ()
  • Pueden ser los sentimientos. Tal vez, en algún momento no nos fue bien en esa area y tenemos miedo ante la posibilidad de iniciar una relación amorosa, o de ir a un siguiente nivel de compromiso. Olvidamos que nuestra vida esta en las manos del Señor y que le pertenecemos a El.
  • O tal vez es nuestro llamado en el Señor. Sabemos que hemos sido llamados por Dios a servirle; pero tenemos miedo de dejar cosas, de abandonar nuestra comodidad por servir al Señor. Olvidamos que aun si respiramos es porque Dios así lo permite y que nuestra razón de vivir es amarle y servirle.

El escritor del libro de Hebreos dice en el capitulo 2, verso 14 y 15:

Así que, por cuanto los hijos participaron de carne y sangre, él también participó de lo mismo, para destruir por medio de la muerte al que tenía el imperio de la muerte, esto es, al diablo, y librar a todos los que por el temor de la muerte estaban durante toda la vida sujetos a servidumbre.    (Hebreos 2: 14-15)

Una de las caracteristicas de nuestra vida humana natural es que nos encontrábamos bajo el imperio de la muerte, bajo el dominio de Satanás. Cristo vino a librarnos y para describir a quien vino a librar, el autor de esta epístola usa un termino muy interesante: “los que por temor de la muerte estaban durante toda la vida sujetos a servidumbre“. Describe el miedo (la palabra usada aquí es phobos, de donde viene nuestra palabra fobia, que indica terror, pavor) de la muerte lo que nos lleva a una vida de esclavitud. No miedo “a la muerte”, sino miedo de la muerte. El estado caído del hombre consiste en la muerte espiritual y en sus derivados: incredulidad, temor, rechazo a Dios, aborrecimiento e insensibilidad a todo aquello que tenga que ver con Dios. Es realmente un estado de servidumbre y esclavitud. Y cuando venimos a Cristo, si bien es cierto hemos sido trasladados del reino de las tinieblas (imperio de la muerte) al reino del Señor Jesucristo (Colosenses 1: 13) y hemos recibido el amor de Dios en nuestros corazones (Romanos 5: 5) debemos madurar en nuestra fe y crecer en amor.

El apóstol Juan nos dice que el que teme no ha sido perfeccionado en el amor (1 Juan 4: 18). El contexto de este versículo nos habla del  amor de Dios, el amor agape, que hemos recibido de El y que debemos perfeccionar. Ese perfeccionamiento viene de que:

Y nosotros hemos conocido y creído el amor que Dios tiene para con nosotros. Dios es amor; y el que permanece en amor, permanece en Dios, y Dios en él. En esto se ha perfeccionado el amor en nosotros, para que tengamos confianza en el día del juicio; pues como él es, así somos nosotros en este mundo. En el amor no hay temor, sino que el perfecto amor echa fuera el temor; porque el temor lleva en sí castigo. De donde el que teme, no ha sido perfeccionado en el amor(1 Juan 4:16-18)

Es decir, cuando conocemos al Señor, mientras vamos conociéndolo, vamos confiando en El y su amor para con nosotros, y permanecemos en ese amor; el resultado es que se perfecciona el amor de Dios en nosotros. No que recibimos “mas amor”, sino que este madura, se fortalece y nos hace semejantes a El. Es en ese amor que no hay temor. La palabra perfecto es teleios que indica plenitud de crecimiento, desarrollo y madurez. Mientras vamos madurando en la fe y en el amor de Dios vamos echando fuera, sacando de nuestras vidas el temor, el cual hemos heredado de Adan y que es una de las manifestaciones de nuestra naturaleza caída.

Así que, el problema no son las circunstancias que nos han pasado, los fracasos o los momentos duros que nos han herido, sino que el punto es saber si hemos madurado lo suficiente en nuestra fe como para entender que “a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien” (Romanos 8: 28) y que aun en medio de las cosas difíciles que Dios ha permitido en nuestras vidas, El nos ha consolado (2 Corintios 1: 4). Realmente es un cambio de enfoque en nuestra vida. O vivimos para lamentarnos y temer porque algo no salió bien en nuestro pasado, nos escondemos y vivimos una vida llena de temor; o creemos en Dios, aprendemos a vivir y caminar en el amor desinteresado e incondicional de Dios, y con ellos maduramos y conoceremos una vida mas plena y satisfactoria.

Como siempre, la decisión está en nuestra cancha. Vivamos en el amor de Dios, confiemos que El tiene el control de todas nuestras circunstancias y echemos fuera el temor, la ansiedad y la incredulidad por medio del poder de Dios y la obediencia a la Palabra de Dios.

Amen!