¿Cuantos no hemos sentido la enorme tentación de desanimarnos en el camino de la fe, al considerar los grandes retos que tenemos que enfrentar, lo mucho que nos falta por aprender, o la obstinacion de nuestro terco corazon; es decir, la enormidad de defectos, pecados, malos hábitos con los cuales debemos batallar todos los días en nuestro camino de la búsqueda de la santidad y la obediencia a nuestro Señor?

Aquel creyente que ha madurado lo suficiente entiende que la mayor batalla de su vida es por conquistar su propio corazón para Dios. Este es el centro de nuestro ser y la causa detrás de las decisiones que tomamos y la vida que vivimos. Sin Dios, el hombre solo sigue los dictados de su corazón irreflexivamente; pero habiendo conocido al Señor, mejor dicho, habiendo sido conocidos por El, recibimos la responsabilidad de guíar nuestro corazón hacia Dios, sometiendonos al poder del Espiritu Santo para que seamos santificados y conformados cada vez mas a la imagen de nuestro Señor Jesucristo. Esta lucha por nuestro corazón no es nueva, miremos lo que decían estos hombres de Dios:

“Porque lo que hago, no lo entiendo; pues no hago lo que quiero, sino lo que aborrezco, eso hago” (Romanos 7: 15)

“¡Miserable de mí! ¿quién me librará de este cuerpo de muerte?” (Romanos 7: 24)

“¿Por qué te abates, oh alma mía, y por qué te turbas dentro de mí?” (Salmos 42: 11)

“Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón; porque de él mana la vida” (Proverbios 4: 23)

“Porque del corazón salen los malos pensamientos, los homicidios, los adulterios, las fornicaciones, los hurtos, los falsos testimonios, las blasfemias” (Mateo 15: 19)

Hermanos, estamos en medio de una guerra por la conquista de nuestro corazón para Dios y no estamos exentos de cansarnos y desanimarnos en el camino. Todos estamos a la verdad, unos mas avanzados que otros, algunos mas débiles que otros, unos con mas debilidades, otros con mayores fortalezas; pero todos en el camino de la obediencia a nuestro Dios. Si no reconocemos esto, pensaremos que el cristiano “automáticamente” sabe como obedecer y agradar a Dios sin mayor esfuerzo. Y esto no es cierto, hemos sido justificados en el nombre de nuestro Señor, declarados justos con la justicia de Cristo y eso nada ni nadie lo puede cambiar; pero también hemos recibido el encargo de obedecer y buscar la santidad y vivir esa justicia de Cristo en nosotros por medio del Espiritu Santo: esa es nuestra responsabilidad y comienza como hemos visto, en nuestro corazon.

Hay un hermoso salmo que nos alienta en el momento del desanimo, cuando empezamos a pensar que nunca vamos a cambiar o que nuestros problemas y pecados son tan grandes que nos descalifican delante de nuestro Dios:

Hubiera yo desmayado, si no creyese que veré la bondad de Jehová en la tierra de los vivientes.

Aguarda a Jehová; esfuérzate, y aliéntese tu corazón; 

Sí, espera a Jehová. (Salmos 27: 13-14)

1. La fe en la bondad de Dios

El Salmista declara que hubo un factor fundamental que lo guardó de desanimarse: su fe en la bondad de Dios y su carácter. No solo veremos la bondad de Dios en el cielo, cuando nos encontremos con El, sino aquí también, en esta vida hemos de ver la mano bondadosa de Dios, sus bendiciones y su poder en nuestra vida. El que es débil diga fuerte soy, ejercite su fe, mire al Señor y entienda y crea que Dios es bueno, todopoderoso y soberano. Todo lo hace y permite con un proposito mayor el cual a veces no entendemos pero podemos confiar en que todo nos ayudará para bien. Aunque no nos sintamos “adecuados”, vivamos por nuestra fe y los sentimientos en algun momento nos seguirán.

En lo cual vosotros os alegráis, aunque ahora por un poco de tiempo, si es necesario, tengáis que ser afligidos en diversas pruebas, para que sometida a prueba vuestra fe, mucho más preciosa que el oro, el cual aunque perecedero se prueba con fuego, sea hallada en alabanza, gloria y honra cuando sea manifestado Jesucristo

(1 Pedro 1: 16-17)

2. La respuesta del salmista

 ¿Como responde el salmista ante la verdad de que Dios es quien nos libra de todo  mal y quien nos hará ver su mano poderosa?

Con paciencia, esfuerzo y aliento. Paciencia para soportar los malos momentos, las batallas, las luchas. Esfuerzo para salir de esa situación, del desanimo y de la frustración. Aliento para comenzar a correr nuevamente la carrera de la fe, mirando al Señor. Fortalezcamonos en el Señor, aun en medio de la peor tormenta de nuestra vida. El es fiel!

Y David se angustió mucho, porque el pueblo hablaba de apedrearlo, pues todo el pueblo estaba en amargura de alma, cada uno por sus hijos y por sus hijas; mas David se fortaleció en Jehová su Dios.  (1 Samuel 30: 6)

Y ese es el secreto de nuestra victoria: Dios mismo!

No nos ha amado por causa de nuestro buen animo o comportamiento. Nos ama con amor eterno (Jeremias 31: 3); por tanto nos ama cuando caminamos en santidad y somos obedientes, y nos ama tambien cuando pasamos los valles amargos del desanimo, desobediencia y frialdad. Claro, como sus hijos debemos procurar siempre obedecerle, pero no podemos negar que en nuestra debilidad, caemos, tropezamos y nos alejamos de Dios en algun momento de nuestra vida.

Aun así, tenemos un Dios bueno, poderoso y amante que nos ha escogido, ha puesto su amor en nosotros y nada ni nadie nos puede separar de ese amor tan grande. Por lo tanto, animémonos, porque hoy es un nuevo día, sus misericordias se han renovado (Lamentaciones 3: 22-23). Hoy es el día para empezar de nuevo nuestro caminar con Dios, retomar la batalla y rendirnos a los propósitos de Dios para con nuestra vida. Dios no ha cambiado, El que te llamó sigue reinando en el trono y como Jonás o Elías, aunque por un momento desanimados y desobedientes, volvamos al Autor y Consumador de nuestra fe, quien nos ha creado, nos sostiene y nos ha llamado para un destino de gloria en su Hijo amado.

Amen!