“Tú crees que Dios es uno; bien haces. También los demonios creen, y tiemblan”  (Santiago 2: 19)

“También salían demonios de muchos, dando voces y diciendo: Tú eres el Hijo de Dios. Pero él los reprendía y no les dejaba hablar, porque sabían que él era el Cristo”     (Lucas 4: 41)

“Y clamaron diciendo: ¿Qué tienes con nosotros, Jesús, Hijo de Dios? ¿Has venido acá para atormentarnos antes de tiempo?”    (Mateo 8: 29)

“Y los espíritus inmundos, al verle, se postraban delante de él, y daban voces, diciendo: Tú eres el Hijo de Dios”    (Marcos 3: 11)

Aunque el título pueda parecer extraño, la Biblia declara categóricamente que los demonios creen. Ellos conocen quien es Jesús, saben que es el Hijo de Dios enviado al mundo por el Padre para la salvación de los hombres. Se postran y declaran quien es Jesús en verdad. Tiemblan ante el hecho de que saben y entienden perfectamente la existencia de Dios, su originalidad, es decir, Dios es uno y no hay nadie como El. Hubo una vez cuando un espiritu inmundo se enfrentó a unos exorcistas farsantes y dijo lo siguiente:

“Pero respondiendo el espíritu malo, dijo: A Jesús conozco, y sé quién es Pablo; pero vosotros ¿quiénes sois?”       (Hechos 19: 15)

Los demonios definitivamente conocen al Salvador, creen que Dios existe, reconocen la autoridad de Dios y del Señor Jesucristo; pero sigue habiendo un problema: son demonios y están condenados al lago de fuego (Mateo 25: 41). Entonces ¿que pasa?, ¿como es posible que los demonios crean? ¿Es esto posible?

Si, es posible que los demonios crean, es mas lo hacen; pero por supuesto, están perdidos y sin ninguna oportunidad de salvación. Cuando se dice que lo demonios saben, creen y conocen a Jesús estamos hablando de un conocimiento objetivo, como el conocer hechos específicos, un entendimiento completo de ciertos hechos y acontecimientos. Ellos tienen muchos años sobre la tierra, han visto mas cosas que los hombres, tienen un inteligencia superior, han visto a Dios y saben quien es Jesús, pues El los creó antes de que se rebelaran (Colosenses 1: 16). Sin embargo, ese conocimiento es deficiente, carece de las caracteristicas que definen a la fe que produce la salvación (asumiendo que los demonios tuvieran la posibilidad de salvarse, lo cual no es posible segun lo que nos enseña la Escritura. La salvacion es provista solo para los hombres).

La fe salvadora, aquella que nos lleva a la salvación consta de tres componentes basicos, interrelacionados y que la definen completamente: tienen que estar las tres para que haya salvacion. Estamos hablando de:

  • Un entendimiento de la persona y obra de Jesucristo (vida, muerte, resurrección y ascension, segun 1 Corintios 15: 3-4)
  • Una disposición de las emociones a aceptar la necesidad de Dios y un pesar por los pecados cometidos (Hechos 2: 37). El arrepentimiento y la fe son dos caras de la misma moneda: no puede haber una sin la otra. Una persona que tiene fe, sabe en su corazón y siente la necesidad de Dios, se sabe perdida y por ello corre hacia Dios, que es la ultima característica,
  • Un acto de la voluntad, es decir depositar nuestra confianza en el Señor Jesucristo para el perdón de nuestros pecados y la salvación. Acudir al Salvador, entregándole nuestra vida a El en humildad y arrepentimiento (Hechos 16: 31)

Los demonios solo tienen un entendimiento de los hechos relacionados al Señor Jesucristo, pero nada mas. No tienen la menor inclinacion emocional por este hecho y muchos menos, la disposicion de obedecer al Señor y arrepentirse. Por eso, aunque ellos conocen, saben, entienden y declaran el señorío de Jesucristo, esto no provoca nada en ellos. Son esclavos de sus pecados, siervos de Satanás y su fin es la perdición eterna.

De la misma manera, y tragicamente, muchas personas tienen esa misma “fe de los demonios”. “Creen” porque en su familia hay creyentes, por que han oído y entendido los hechos del evangelio pero no ha habido mayor cambio, porque alguna vez fueron a la iglesia o porque relacionan un comportamiento decente con el conocimiento del Dios verdadero. Pero esto no es así, el mero conocimiento no salva a nadie. Tampoco saber y sentir que uno necesita de Dios solamente, es necesario dar el paso de fe: abandonar nuestro pecado, volvernos a Dios, depositando nuestra confianza en El, como nuestro Único Señor y Salvador.

No podemos tener la “fe del carbonero”: creer porque otro cree. La fe es personal, es cuando conocemos el evangelio de la gracia de Dios: el Señor Jesucristo muriendo en la cruz del calvario para sufrir el castigo por nuestros pecados, proveyendonos el perdón de nuestros pecados y la vida eterna. Si reconocemos nuestra necesidad de Dios, nos volvemos de nuestro pensamiento, dureza de corazón y estilo de vida, y acudimos a El para pedirle perdón por nuestros pecados y pedirle que nos salve y sea nuestro Señor y Salvador. Estos son los tres componentes de la verdadera fe en acción. Santiago lo entendia así, Pablo y los demás apostoles tambien.

La fe es mucho mas que “levanta tu mano si quieres recibir al Señor en tu corazón”, o “ven a Jesús, pruebalo”, “acepta al Señor y seras bendecido” y demás cosas que ahora se dicen con el fin de promocionar el evangelio y tratar de que sea aceptable, popular y fácil de recibir. Esto es malbaratar el evangelio de Dios y produce personas que han sido persuadidas, interesadas, motivadas o en el peor de los casos engañadas; pero no personas que han sido convencidas por el Espíritu Santo y que han sido regeneradas por la fe en el Señor.

¿Porque muchos de los cristianos siguen viviendo una vida nada diferente a la que vivían cuando eran inconversos, a pesar de que pasen los años? ¿Porque hay tanta indiferencia, tanta frialdad, materialismo, tanta desidia espiritual? Porque muchas personas profesan no la fe verdadera, sino la de los demonios. Muy probablemente muchos de ellos ni lo saben, sino que así lo recibieron y están engañados. Pablo decía que  no se avergonzaba del evangelio, porque era, y es, poder de Dios (Romanos 1: 16) para salvación de las personas. No nos avergoncemos de dar testimonio del Señor, sino seamos parte de las aflicciones que son inherentes a la fiel predicación del evangelio del Señor Jesucristo (2 Timoteo 1: 8). No sirve de nada criticar, eso no cambia la situación. Lo mejor que podemos hacer es predicar a tiempo y fuera de tiempo  (2 Timoteo 4: 2), llevando la Palabra de Dios a todas las personas que podamos, pues muchas personas necesitan oír el evangelio y ser salvas (Judas 1: 22-23, Santiago 5: 19-20)

Amen!