El día de quiero hablar acerca del valor que tiene Cristo para nosotros. El punto es que aquello que es valioso para nosotros, alli depositamos nuestra mayor atención, tiempo y recursos. Si no le damos tiempo ni atención, aquello no es prioridad en nuestro corazón, pues las prioridades que tenemos son las que guían nuestro comportamiento. Realmente vamos tras aquello que es lo principal en nuestro corazón.
Quiero compartir con ustedes un pasaje de la Palabra de Dios, donde el apóstol Pablo nos habla del valor que Cristo llego a tener, y como ese hecho cambio su vida radicalmente. Si Cristo es el centro de nuestra vida, nada mas lo puede ser, y eso afecta todo lo que somos. El texto se encuentra en Filipenses 3: 4-14
  1. Lo que antes era de valor para Saulo

“Aunque yo tengo también de qué confiar en la carne. Si alguno piensa que tiene de qué confiar en la carne, yo más: circuncidado al octavo día, del linaje de Israel, de la tribu de Benjamín, hebreo de hebreos; en cuanto a la ley, fariseo; en cuanto a celo, perseguidor de la iglesia; en cuanto a la justicia que es en la ley, irreprensible”   (Filipenses 3: 4-6)

Aquí Pablo nos narra las cosas sobre las que estaba basada su confianza cuando estaba “en la carne”, es decir, cuando no había conocido a Cristo como su Señor y Salvador. Su herencia judía, su religión farisea, su celo, su motivación, sus obras en el judaísmo, todas estas cosas eran todo lo que un judío de su época hubiese querido tener. El mundo sin Dios se caracteriza por el deseo de poseer, tener, lograr, etc. Las obras humanas, cuando las hacemos sin Dios, siempre alimentan nuestro orgullo y ego, pero nos alejan del verdadero conocimiento de Dios.

2. El amor de Cristo es excluyente

“Pero cuantas cosas eran para mí ganancia, las he estimado como pérdida por amor de Cristo” (Filipenses 3: 7)

Lo que antes era ganancia, merito, suma, provecho para Pablo ahora es pérdida. Ha ocurrido un cambio en el corazón del fariseo orgulloso y auto justificado: ha tenido un encuentro con el Cristo de la gloria. Por causa del amor de Cristo, aquello en que Pablo ponía su confianza antes ya no tenia valor, ademas de eso, era pérdida. El amor de Cristo es excluyente al amor del mundo y al amor por uno mismo. Tiene el peligro de desviarnos de la verdadera y sincera fe, si abandonamos nuestro corazón a nuestros propios deseos.

3. El conocimiento de Cristo es excelente 

“Y ciertamente, aun estimo todas las cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por amor del cual lo he perdido todo, y lo tengo por basura, para ganar a Cristo”  (Filipenses 3: 8)

El amor de Dios que hemos recibido no es pasivo: nos lleva hacia una meta que es conocer a Cristo. Nada en esta vida tiene más valor que conocer a Cristo como Señor. Todo lo demás es basura en comparación con esto. Pablo menciona que este es el conocimiento supremo. El amor y el conocimiento de Cristo que viene como consecuencia, son mas importantes que la tradición, la religión, las obras, los cargos o títulos, la comida, la vivienda, la familia, los hijos, la salud, la seguridad, la diversión, la iglesia, que TODO. No nos dice que debemos ser ignorantes en todos los demás temas, sino que el Cristo es la fuente de toda sabiduría (Colosenses 2: 2-3). La vida, el pensar y actuar de un creyente tiene que girar en torno a Cristo en todo aspecto.

4. ¿En qué consiste el conocimiento de Cristo? 

“y ser hallado en él, no teniendo mi propia justicia, que es por la ley, sino la que es por la fe de Cristo, la justicia que es de Dios por la fe; a fin de conocerle, y el poder de su resurrección, y la participación de sus padecimientos, llegando a ser semejante a él en su muerte, si en alguna manera llegase a la resurrección de entre los muertos”  (Filipenses 3: 9-11)

    • Ganar  a Cristo: Nuestra meta es Cristo, El es la perla de gran precio (Mateo 13: 44 – 46)
    • No teniendo su propia justicia: Pablo abandonó la confianza en si mismo para la salvación. Entendió que aún sus mejores obras no le alcanzaban para ser justificado ante Dios (Isaias 64: 6, Galatas 2: 16).
    • La justicia de Dios por la fe: El amor y conocimiento de Dios descansaba en el hecho de que Pablo había nacido de nuevo, había sido justificado por la fe en la obra del Señor Jesucristo en la cruz (Romanos 5:1, 8: 1). Sin el nuevo nacimiento, no podemos acercarnos ni agradar a Dios, ni mucho menos conocerle (Juan 3: 5)
    • Ser hallado en El (permaneciendo en El): por la fe (Juan 15: 4, 9,10)
    • Experimentar el poder de su resurrección: El obrar libre del Espíritu Santo en nuestras vidas (vida espiritual)
    • Participar de sus padecimientos: En la lucha contra el pecado y la carne.
    • Ser semejante a El en su muerte: conformándome a su imagen y propósito: obediencia al Padre.
    • “si en alguna manera llegase”: perseverancia, continua limpieza y actitud de humildad.

5. La actitud de Pablo

“No que lo haya alcanzado ya, ni que ya sea perfecto; sino que prosigo, por ver si logro asir aquello para lo cual fui también asido por Cristo Jesús. Hermanos, yo mismo no pretendo haberlo ya alcanzado; pero una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante, prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús”   (Filipenses 3: 12-14)

    • Era realista: aun no lo había alcanzado, no era perfecto pero estaba en ese camino. La meta es ser cada vez mas parecidos al Señor Jesús. Dios realiza esto en sus hijos por medio del Espíritu Santo (2 Corintios 3: 18, Romanos 8: 28), nuestra responsabilidad es someternos a El (Efesios 5: 18, Galatas 5: 16)
    • Era perseverante: proseguía para asir ya que él había asido primero.
    • Era sincero consigo mismo: No pretendía cosas que no había logrado. Se veía como Dios lo veía, ni más ni menos. El problema de las personas es que se aman demasiado, teniendo un concepto de si mismas demasiado elevado, o demasiado inferior.
    • No se enfocaba en el pasado: Dios ya borró nuestro pasado, anuló el acta de los decretos que nos era contraria (Colosenses 2: 14). El pasado ya no nos condena, Dios limpió nuestro historial.
    • Se extendía a lo que estaba adelante: No era pasivo, tenia un plan, lo ponía en acción, tenia dirección, fuerza, motivación. Tenia que redimir el tiempo, no estaba aquí en el mundo para satisfacerse o solo para respirar. Debía glorificar a Dios haciendo lo que Él le había encomendado (Hechos 20: 24).
    • Proseguía a la meta: el supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús, no un titulo, no mas dinero, no salud, no prestigio, no tradición familiar o religiosa.

¿De donde aprendió Pablo esa actitud? Bueno, vemos en el capitulo anterior de este libro que Cristo, siendo Dios, no se aferró a ello como algo valioso sino que se despojó. La meta de nuestra vida es Cristo, Él es la perla de gran precio, Él es el gran tesoro, si no lo hemos ganado a El, no tenemos nada. Y si seguimos sus pisadas y su ejemplo tambien nos despojaremos de toda nuestra confianza y correremos a los brazos del Señor, para obedecerle y entregarnos a sus propositos, a cumplir su voluntad, sin ningun tipo de excusas, condiciones, requerimientos. Tenerlo a El es suficiente, lo tenemos todo y nada nos falta.

El corazón que puede entender esto siempre estará lleno de gozo pues se ha perfeccionado en el amor de Dios.

Amen!