Es muy común en estos tiempos pensar que las personas pueden tomar decisiones indiscriminadamente sin tener consecuencias. Es muy fácil pensar que Dios solamente es bueno, que es amor y que perdona a todos sus pecados y malas decisiones; y que podemos vivir la vida que queramos y que eso a Dios no lo va a incomodar o molestar, o no van a haber consecuencias por ello.
Y no falta razón: Dios es bueno, amoroso; pero no solamente tiene esas características. Se nos ha olvidado el conocimiento mas preciso de la naturaleza de Dios. El Señor es amoroso y bondadoso, grande misericordia y tardo para la ira (Éxodo 34: 6, Números 14: 18ª, Joel 2: 13, Nahúm 1: 3); pero también es justo, santo y el Juez justo de toda la tierra (Números 14: 18b, Apocalipsis 4: 8, Génesis 18: 25, Salmos 7: 11)
Un entendimiento correcto de la naturaleza y carácter de Dios nos preserva del error de pensar que podemos vivir a nuestro modo, lejos de la mirada del Señor, e ignorando que somos responsables delante de El de todos los aspectos de nuestra vida y que algún día, todos tendremos de dar cuenta al Señor de nuestros actos (Mateo 12: 36, Romanos 14: 12, Hebreos 4: 13).

Hay una historia que me escarapela el cuerpo cada vez que la leo. Es realmente triste y trágica porque se pudo haber evitado desde un principio; pero nos ayuda a entender hasta donde nos puede llevar un comportamiento irresponsable, cuando dejamos de lado la Palabra de Dios y empezamos a vivir a nuestra manera. Esta historia se encuentre en el capitulo 5 de Daniel, la historia del rey Belsasar.

  • La temeridad de la ignorancia y la rebeldía (Daniel 5: 1 -4)

“El rey Belsasar hizo un gran banquete a mil de sus príncipes, y en presencia de los mil bebía vino.
Belsasar, con el gusto del vino, mandó que trajesen los vasos de oro y de plata que Nabucodonosor su padre había traído del templo de Jerusalén, para que bebiesen en ellos el rey y sus grandes, sus mujeres y sus concubinas.
Entonces fueron traídos los vasos de oro que habían traído del templo de la casa de Dios que estaba en Jerusalén, y bebieron en ellos el rey y sus príncipes, sus mujeres y sus concubinas. Bebieron vino, y alabaron a los dioses de oro y de plata, de bronce, de hierro, de madera y de piedra”

    • En estos versículos vemos una escena casi común de muchos reinados del mundo antiguo: un rey haciendo una gigantesca fiesta donde tenía muchos invitados, mucha comida, mucho vino, algarabía y desenfreno. Digo que es casi común la escena porque aquí hay dos cosas muy importantes y que no eran nada comunes, lo cual pintan de manera completa el dramatismo y la importancia del momento:
      • En primer lugar, con la embriaguez, el rey mando sacar los vasos sagrados de oro del templo de Jehová que Nabucodonosor, antepasado del rey Belsasar, había tomado cuando capturó Jerusalén. Fueron usados para beber en dicha fiesta pagana.
      • En segundo lugar, en las afueras de la ciudad se encontraban los medos persas buscando la manera de entrar para conquistar la ciudad. Los babilonios se encontraban en pleno sitio y ¡estaban bebiendo!
      • El verso 4 nos dice que en su “alegría”, estas personas alababan a sus dioses, hechos de madera, piedra y demás materiales; todos ellos hechos por mano de hombre, perecibles y por tanto incapaces de dar o tener vida.
      • La vida basada no la fe del Dios Único y Vivo sino en ideas humanas esta caracterizada por la incredulidad, desenfreno y rebeldía. La meta de este tipo de personas es la satisfacción personal y el disfrute del momento, sin considerar las consecuencias ni mucho menos la voluntad de Dios. 
  • Dios nunca se queda sin testimonio (Daniel 5: 5-9)

“En aquella misma hora aparecieron los dedos de una mano de hombre, que escribía delante del candelero sobre lo encalado de la pared del palacio real, y el rey veía la mano que escribía.
Entonces el rey palideció, y sus pensamientos lo turbaron, y se debilitaron sus lomos, y sus rodillas daban la una contra la otra. El rey gritó en alta voz que hiciesen venir magos, caldeos y adivinos; y dijo el rey a los sabios de Babilonia: Cualquiera que lea esta escritura y me muestre su interpretación, será vestido de púrpura, y un collar de oro llevará en su cuello, y será el tercer señor en el reino.
Entonces fueron introducidos todos los sabios del rey, pero no pudieron leer la escritura ni mostrar al rey su interpretación. Entonces el rey Belsasar se turbó sobremanera, y palideció, y sus príncipes estaban perplejos”

    • Aunque el hombre no busque a Dios, el Señor nunca se deja sin testimonio. En el mismo momento en que estas personas se encontraban celebrando la fortaleza de su ciudad, la aparente seguridad de sus murallas y la supuesta “bendición” de sus dioses, Jehová de los ejércitos irrumpe y cambia todo el ambiente. Una mano aparece y escribe unas palabras que, aunque estaban escritas en arameo, una lengua que los babilonios podían entender, no pudieron entender el significado de estas palabras.
    • El mismo hecho de este acto sobrenatural asustó tanto al rey que sus rodillas se chocaban una contra la otra. Definitivamente la borrachera se le paso muy rápido y tal vez recordaba los actos sobrenaturales que su antepasado Nabucodonosor también había experimentado. ¡Que necedad es la de no tomar en cuenta la historia!
    • El rey llamó a todos sus sabios, astrólogos y adivinos para que interpretaran la escritura; prometiéndoles dones, bienes y aún ser el tercer en el reino (Nabonido, el padre de Belsasar era el primero en el reino, Belsasar mismo era el segundo y quien interpretara esta escritura seria honrado con el tercer puesto en el reino). Ni aun con esas promesas, nadie pudo interpretar la escritura. En efecto, el hombre natural no puede entender las cosas espirituales (1 Corintios 2: 14). Dios ha reservado su voluntad para sus hijos, quienes le conocen y le temen.
    • ¡Que cambio ha ocurrido ahora en el ambiente! Hace un momento todo era fiesta, algarabía, desenfreno; ahora todo es silencio, incertidumbre y una fría atmosfera de miedo se colaba por todo aquella sala del palacio. 

  • El valor de la sabiduría y el carácter (Daniel 5: 10-17)

“…Entonces Daniel respondió y dijo delante del rey: Tus dones sean para ti, y da tus recompensas a otros. Leeré la escritura al rey, y le daré la interpretación”

    • La reina (probablemente la esposa de Nabonido o incluso la esposa misma de Nabucodonosor) hizo su entrada en la sala (no se encontraba en la fiesta) y le dio una esperanza al temeroso rey: había un hombre en todo el reino quien anteriormente había sido usado por Dios para resolver misterios y enigmas; un hombre que había sido jefe de los sabios por cuanto había en el mayor entendimiento y capacidad para resolver este tipo de problemas. La reputación de Daniel en verdad le precedía, y la reina lo recomendó para que resolviera este problema del rey.
    • Daniel se presentó al rey, y este le ofreció lo mismo que le ofreció a los demás sabios: dones, recompensas y el tercer puesto en el reino. La respuesta de Daniel es asombrosa: rechaza todos los ofrecimientos del rey, pues su propósito es simplemente declarar los propósitos de Dios y su voluntad para con el reino babilónico. Aunque habían pasado varios años desde su juventud, Daniel seguía siendo ese hombre de carácter e integridad, no enfocado en las ganancias personales o los títulos, sino en cumplir obedientemente la voluntad de Dios y serle testigo ante este pueblo pagano.
    • Vemos el valor de Daniel en este punto de manera hermosa: normalmente los portadores de malas noticias eran asesinados por ello; sin embargo Daniel no solo no temió al castigo sino que reprendió públicamente al rey por sus actos. Y es que la obediencia a Dios forma un carácter integro, da sabiduría al alma y constituye la base para el verdadero valor y la osadía para mantenerse firme en la verdad aunque hayan consecuencias desagradables, incluso la muerte. La Palabra de Dios nos enseña que hay cosas mas importantes que la vida misma y que es necesario obedecer primero a Dios antes que a los hombres (Hechos 5: 29). 
  • Dios nunca pasa por alto el pecado (Daniel 5: 18-31)

“…Y tú, su hijo Belsasar, no has humillado tu corazón, sabiendo todo esto;
Dan 5:23 sino que contra el Señor del cielo te has ensoberbecido, e hiciste traer delante de ti los vasos de su casa, y tú y tus grandes, tus mujeres y tus concubinas, bebisteis vino en ellos; además de esto, diste alabanza a dioses de plata y oro, de bronce, de hierro, de madera y de piedra, que ni ven, ni oyen, ni saben; y al Dios en cuya mano está tu vida, y cuyos son todos tus caminos, nunca honraste…”

    • Daniel reprendió al rey a causa de que este sabía lo que su antepasado Nabucodonosor había vivido y experimentado, tanto a causa de su orgullo y desobediencia a Dios, como cuando reconoció que Dios reinaba y era soberano sobre los hombres. Belsasar no ignoraba lo que Dios había hecho, a pesar de que Nabucodonosor tenia gran poder, Dios lo humilló demostrando públicamente que El gobierna sobre todos los hombres y que nadie puede resistirse a su voluntad.
    • Aun así, Belsasar había cometido el mismo error que Nabucodonosor: su orgullo le había hecho rebelde contra Dios, actuando impetuosa e irreverentemente, sin temor ni respeto al Dios de los cielos. No solo eso, sino que había permanecido en su idolatría a pesar de saber de la existencia de Dios y de que Él es el único Dios.
    • A diferencia de su antepasado Nabucodonosor, Belsasar si sabia, tenía conocimiento y por lo tanto era más responsable delante de Dios. Cuando Nabucodonosor se humilló, fue restaurado por Dios. Belsasar no se había humillado sino que prosiguió en la dureza de su corazón. Por ello, Dios le juzgaba y con el a su reino entero. Tal juicio se expresaba en las palabras escritas en la pared:
      • MENE: Dios había puesto fin al reino de los babilonios. Había contado sus días y estos habían llegado a su fin.
      • TEKEL: El carácter de Belsasar fue puesto en balanza y hallado falto. Su dureza, pecado, rebeldía fueron el detonante del juicio de Dios.
      • UPARSIN: Su reino fue roto, dividido y dado a los medos y a los persas. Observemos que si bien es cierto los medos persas conquistaron esta ciudad, esto solo sucedió porque Dios los había entregado en sus manos.

Esa misma noche Belsasar fue muerto y el reino de Babilonia tomado por los medo persas, siendo Darío de Media el que quedo a cargo del reino. No hubo oportunidad para el arrepentimiento, ni la restauración. El juicio vino irremisiblemente y no hubo ya mas tiempo para el cambio. Lo más trágico es que Belsasar en la noche de su desgracia, en plena cuenta regresiva para el desastre ni se había enterado de lo que pasaba. Tan ciego estaba en sus deleites y placeres que no supo cuando  la mano de Dios cayó sobre y sobre todo su reino.

La lección de esta historia es clara: ¡Cuidado! Dios es bueno, pero con El no se juega. Un amigo decía así “la mano de Dios es grande y cuando la levanta es pesada“. La Biblia lo expresa mejor cuando Pablo nos dice “No os engañeis, Dios no puede ser burlado; pues todo lo que el hombre sembrare, esto tambien segará” (Galatas 6: 7). Que nuestro corazón tenga temor de Dios para obedecerle y considerarle en todos las decisiones de nuestra vida. La obediencia a Su Palabra es la mejor garantía del verdadero éxito y la mejor expresión de nuestro amor hacia El.

Amen!