El mejor halago que una persona puede tener no es la que se hace a si misma, sino la que otras personas pueden hacer de él. Esto es así porque quien mejor que los extraños para reconocer lo que Dios hace en la vida de una persona; hacerlo uno mismo más bien indica un ego muy grande, además de que no es confiable.

Que mejor que recibir un halago del mismo Señor Jesucristo. El conoce el corazón de los hombres, sabe lo que hay dentro de ellos y si el da una palabra de reconocimiento para una persona, podemos confiar plenamente que es así.

El predicador favorito de Jesucristo era Juan el Bautista. El Señor, luego de su muerte, le dio unas palabras que cualquiera de nosotros quisiéramos haber recibido; y ellas nos dan luz de que características busca y le son importantes al Señor, las cuales podemos buscar que también estén en nosotros, si queremos ser correctos mensajeros y siervos del Señor.

Nos sorprenderemos al ver que el Señor no se fija en “éxitos materiales”, en números, en popularidad u en otras cosas que nosotros tan fervientemente buscamos. Miremos el texto bíblico para poder entender que es lo que considera importante el Señor. Miremos lo que dijo el Señor Jesús sobre Juan el Bautista en el siguiente texto:

“El era antorcha que ardía y alumbraba; y vosotros quisisteis regocijaros por un tiempo en su luz”    (Juan 5: 35)

  • “él era antorcha”
    • Juan el bautista no era la luz, era solo un mensajero de la luz (Juan 1: 6-8), un portador; pero no la fuente misma de la luz. La fuente, el mensaje es el Señor mismo.
    • Su vida giraba en torno al Señor Jesús. En Juan 1:14-16 vemos que el reconoce que el Señor Jesús era “primero que yo” y además “de su plenitud tomamos todos (incluido el)”. Este siervo de Dios reconocía que Dios tenía la preminencia y dependía del Señor enteramente.
    • Cumplía su labor de evangelista. Al ser solo un portador de la luz verdadera, llevaba a otros a Jesús, no los entretenía ni buscaba que lo sigan a El (Juan 1: 35-37)
    • Se entregó: su fin era consumir su vida para que el Señor se muestre cada vez mas (Juan 3: 28-30). Juan dijo que “era necesario” que el mengue (lit. “pierda poder”) para que el Señor crezca.
    • Pasión: la misión de su vida era predicar el evangelio (Mateo 3:1-2, Juan 3: 31-36)
    • Era disciplinado y radical consigo mismo (Mateo 3:4). Un creyente que no se disciplina a si mismo esta sujeto a los ataques del enemigo. Es como una ciudad cuyas murallas han sido derribadas (Proverbios 25: 28)
    • Era humilde: el objeto de su predicación era el Señor, no sus propios logros o sus ideas (Marcos 1:7)
    • Era humano: dudó en un momento de su vida (Mateo 11: 2-3)

Entonces, ¿cual es el veredicto del Señor Jesús? Mateo 11:11 nos dice que no había otro hombre mayor que Juan el Bautista. Tuvo el privilegio de ser el mensajero enviado del Señor y siempre apunto hacia El, jamás hacia si mismo.

  • “que ardía y alumbraba”
    • Cuando una antorcha arde, el combustible del cual esta hecha se consume. Juan 3: 30 nos dice que Juan el Bautista se iba consumiendo mientras ardía y la luz del Señor se iba engrandeciendo.
    • Este siervo de Dios alumbraba, es decir, traía luz en la oscuridad
      • A los religiosos de esa época (Mateo 3: 7-12), hablándoles y confrontándoles con la verdad.
      • A reyes (Marcos 6: 16-20), exponiendo su pecado sin temor a su cargo o posición.
      • A la gente del pueblo y los publicanos (Lucas 3: 10-13), dándoles orientación, dirección y sabiduría.
      • A los soldados (Lucas 3: 14), alumbrando a la verdad absoluta, sin temor ni duda.
      • Ardía y alumbraba porque tenía una identidad y un destino. Él era “Elías”, el precursor del Mesías            (Lucas 1: 16-17). Cumplía en su vida el propósito de Dios, la gloria del Señor se reflejaba en su ser y en todo lo que hacía.
      • Era un mensajero (Marcos 1: 1-4) que no buscaba comodidades para si mismo (“en el desierto”) pero que si buscaba que la gente se convierta al Señor, no solo de palabras, sino en acción.
  • “y vosotros quisisteis regocijaros por un tiempo en su luz”
    • Esta sección ya no nos habla de las cualidades de Juan el Bautista, sino más bien de la respuesta de las personas ante la vida y obra de este profeta.
    • La gente lo oía pero no querían cambiar su vida de pecado y obedecer el mensaje de Juan. Un ejemplo de esto eran los fariseos, otro el rey Herodes (Marcos 6: 19-20). Se regocijaban en lo que oían, pero no querían llevarlo a la práctica.
    • A pesar de las circunstancias, no se desanimaba, era valiente y vivía lo que predicaba.
    • La luz alumbra en las tinieblas, te permite ver, te da dirección. No puedo andar en tinieblas y en la luz a la vez. O estoy en un lado o estoy en el otro; pero no puedo andar en dos lados a la vez.
    • El Señor Jesús es la luz verdadera (Juan 8: 12), Juan solo era la antorcha, el portador.
    • Un tiempo vendrá cuando ya no habrá luz (Juan 12: 35-36). Buscar y amar la luz implica buscar la gloria de Dios          (Juan 12: 43) y esta esta en oposición a la gloria de los hombres. O busco una o busco la otra; pero no puedo conseguir ambas a la vez.
    • Dios es luz y no hay tinieblas en El (1 Juan 1: 5). Si digo que tengo comunión con Dios (camino en la luz); pero sin embargo camino en tinieblas (pecado, maldad, obras carnales que salen de mi corazón) entonces MIENTO.
    • Podemos regocijarnos por un tiempo en la luz, pero no amarla ni seguirla; o podemos dejar las tinieblas y caminar en la luz permanentemente (Juan 3: 19-21)

Entendiendo el ejemplo de vida de Juan el Bautista es que entendemos que nosotros podemos tambien ser antorchas que ardan y alumbren la luz del Señor en este mundo (Mateo 5: 14-16). Podemos imitar las características de Juan el Bautista con el fin de ser mejores siervos de Dios. La principal característica de Juan el Bautista es que nunca buscó su propio engrandecimiento, sino el del Señor Jesucristo. Que importante es esta lección y cuando debemos recordarlo siempre, a cada momento, que es el Señor Jesús quien debe ser glorificado y no nosotros.

Que el Señor nos levante para que seamos portadores de su luz, anunciadores de las virtudes del Señor (1 Pedro 2: 9-10)

Amen!