Muchas veces en la vida, nos sentimos tentados a quedarnos estancados en alguna circunstancia, momento difícil, o nos ligamos emocionalmente a una persona o sentimiento, del cual no nos queremos despegar. Y puede pasar mucho tiempo, sin embargo, seguir con esas ligazones en el corazón, que nos impiden enfrentar correctamente las nuevas circunstancias u oportunidades que se presentan en la vida que Dios nos ha dado.

La vida cristiana es comparada en la Biblia como una carrera, no de 100 metros, sino una de largo aliento. El apostol Pablo le decia a Timoteo, en el ocaso de su vida:

“He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe”  (2 Timoteo 4:7)

El era un hombre enfocado, entendía que no solo es cuestión de correr la carrera, sino de correrla bien. Esto implica tener claro nuestro objetivo, la meta a la que queremos llegar y el precio que debemos pagar para poder llegar a ella. Mira lo que Pablo les dijo a los ancianos de Efeso cuando estaba a punto de dirigirse a Jerusalen, a ser apresado y llevado a Roma:

“Pero de ninguna cosa hago caso, ni estimo preciosa mi vida para mí mismo, con tal que acabe mi carrera con gozo, y el ministerio que recibí del Señor Jesús, para dar testimonio del evangelio de la gracia de Dios”  (Hechos 20: 24)

 Había un precio que pagar: aun su propia vida con tal de terminar la carrera, es decir, aquello que el Señor le había encomendado. Cuando permitimos que nuestro corazón se quede estancado en una etapa de la vida y nos negamos a pasar la pagina y avanzar, estamos faltando no solo a la salud emocional, sino al glorioso llamado que hemos recibido de Dios, el supremo llamamiento en Cristo Jesús (Filipenses 3: 14)

Hay un versículo mas en las Escritura que nos habla de la importancia de soltar las anclas del corazón y seguir el caminar cristiano:

“Por tanto, nosotros también, teniendo en derredor nuestro tan grande nube de testigos, despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante, puestos los ojos en Jesús…” (Hebreos 12: 1-2a)

Si, la vida cristiana es una carrera, eso es evidente. Una larga carrera con obstáculos, que tenemos que correr con determinación, con paciencia, con la disposición de terminarla y hacerlo bien, con gozo, habiendo obedecido a Dios. Y si es una carrera, debemos despojarnos de todo aquello que nos impida correr con comodidad hacia la meta: Jesús nuestro Señor.

¿Eso que implica?

  1. Si tengo una relación con alguien que no es cristiano(a), debo cortar esa relacion inmediatamente.
  2. Si tengo amigos que solo me hacen perder el tiempo y me distraen en mi caminar cristiano, debo cortar mi intimidad con ellos y procurar mejores amistades.
  3. Si albergo en mi corazón recuerdos, sentimientos por alguna persona que me distraen y desvían de la sincera devoción a Cristo, debo cortar eso inmediatamente.
  4. Si hago la obra de Dios no por amor a Cristo sino por pena, por necesidad, por cariño a los hermanos, debo examinar seriamente las motivaciones de mi corazón.
  5. Si albergo en mi vida pecado, malos hábitos, indisciplina, celos, resentimientos, falta de perdón, amargura, etc; debo pedir perdon al Señor inmediatamente y luchar contra estas cosas que me apartan del Señor.

¿Suena muy duro no? Nunca dije que fuera fácil, sólo que es necesario hacerlo si queremos vivir una vida cristiana satisfactoria. Muchas personas viven atadas a recuerdos, a cosas que no dijeron, a cosas que dijeron, a decisiones que tomaron o no tomaron, a personas que ya no están mas en sus vidas; pero aun así se mantienen atadas a esos recuerdos o sentimientos, encerrándose en sus ilusiones y resistiendo al proceso de sanidad y cambio del Espíritu Santo.

Eso no es bueno, no es la voluntad de Dios tales asuntos. Recordemos que tenemos una meta que es mas grande que nuestra propia vida: conocer al Señor Jesús, ser como El, experimentar el poder de su vida en nuestra vida. Nada es mas importante que eso. Nada. El que permanece en su encierro voluntario, en su autocompasion y lamento es porque realmente no entiende o no quiere entender la voluntad de Dios para la vida de sus hijos. Y eso es sencilla y llanamente desobediencia.

A quienes estamos en la carrera, luchando con nuestros corazones, ¡animo!, el Señor esta con nosotros. Podemos acercarnos a su trono de gracia, limpiarnos y seguir adelante la carrera. Esta carrera se termina el día que dejamos esta tierra o si el Señor viene antes. Ninguna de las dos cosas han pasado aun, asi que, ¡suelta el ancla! todavía tenemos trecho por correr.

Amen!

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