Si has sido llamado por Dios al santo ministerio, te aseguro que tu vida no será nada fácil. Vas a ser tratado por Dios, quebrado en todas y cada una de las áreas de tu vida, por que un instrumento útil al Señor es un instrumento que primero ha sido limpiado de impurezas, uno que ha sido llevado al fuego de la prueba y uno que ha sido sometido a las inclemencias del tiempo para probar la calidad del material con el que esta hecho.

Muchas veces en el camino de la vida, desearás tener una “vida normal” como los demás, preocuparte solo en tus cosas y perseguir tus sueños y metas; pero no podrás. Siempre habrá en ti una insatisfacción santa por servir al Señor, por estar involucrado en los negocios de tu Padre y ese camino siempre es contrario a la “realización personal” que muchos anhelan en esta moderna sociedad vacía y consumista. Serás llevado a experimentar de primera mano la carga por un mundo perdido y un anhelo muy fuerte por hacer algo trascendente para la expansión del reino de Dios. Esa carga te llevará a cometer errores, a ser incluso criticado, a que otros te menosprecien y se burlen de lo que Dios te ha llamado a hacer, pues nadie es profeta en su propia tierra, hasta que entiendas que nadie puede emprender una obra duradera, efectiva y que dé honra y gloria al Señor hasta que esa misma obra duradera, efectiva y que dé honra y gloria al Señor no sea hecha primero en tu corazón. Nadie puede servir efectivamente al Señor a menos que madure espiritualmente, y eso no es algo que se logra en un breve tiempo y no sin pasar grandes pruebas y tribulaciones.

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Cuando pienso en esto, recuerdo al profeta Jeremías que escribió lo siguiente:

“Me sedujiste, oh Jehová, y fui seducido; más fuerte fuiste que yo, y me venciste; cada día he sido escarnecido, cada cual se burla de mí.
Porque cuantas veces hablo, doy voces, grito: Violencia y destrucción; porque la palabra de Jehová me ha sido para afrenta y escarnio cada día.
Y dije: No me acordaré más de él, ni hablaré más en su nombre; no obstante, había en mi corazón como un fuego ardiente metido en mis huesos; traté de sufrirlo, y no pude

Mas Jehová está conmigo como poderoso gigante; por tanto, los que me persiguen tropezarán, y no prevalecerán; serán avergonzados en gran manera, porque no prosperarán; tendrán perpetua confusión que jamás será olvidada”                                                    (Jeremías 20: 7-9, 11)

Cuando leemos la historia del profeta Jeremías sabemos que no la tuvo fácil; su vida y ministerio fueron sumamente difíciles: predicar la Palabra de Dios en medio de una sociedad apóstata, en los últimos días antes del cautiverio en Babilonia, cuando todo Israel se volvía lejos de Dios, donde no había respuesta consistente en su ministerio. Seguramente, hoy no sería un ministro popular, ahora que nos fijamos tanto en los números y resultados medibles y observables, este profeta seria visto como un duro y legalista predicador que nadie quiere escuchar. Incluso muchos ahora le han llamado “profeta llorón” por sus constantes luchas y conflictos; sin embargo, un análisis mas detallado de sus escritos nos muestran un tremendo corazón de siervo, amante de Dios, un santo hombre llamado por Dios a un ministerio difícil en un medio difícil. Su ejemplo de vida nos debe ayudar a entender como vivir una vida que agrade a Dios y cumplir su llamado en nuestras vidas.

  1. Una perspectiva equivocada (versos  7-8): En su lamento y depresión, Jeremías llega a decir que Dios le engañó, usando su poder para vencerlo. No solo eso, sino que declara que el ministerio que recibió del Señor solo le ha servido para vergüenza, dolor y sufrimiento. Esto no es la verdad, sino que es la perspectiva de un corazón cansado, abatido, frustrado, que mira y juzga la autenticidad y eficacia del llamado por los resultados que consigue en vez de por la naturaleza del que llama. ¿Cuantas veces nos hemos desanimado al ver nuestro trabajo, o nuestras fallas? La perspectiva bíblica del éxito es simple: hacer la voluntad de Dios (Juan 17: 4)
  2. La tentación de la vida sin propósito (verso 9a): Cuando miramos a nuestro alrededor y ponemos la mirada no en el Señor Jesucristo, sino en las cosas terrenales, damos pie a la envidia, la duda, la incertidumbre. El corazón que se ha desenfocado de Dios siempre tenderá a buscar su antigua seguridad y sus antiguos pareceres. Siempre nos parecerá mejor volver a lavar las redes en vez de seguir al Maestro, sobretodo cuando las cosas no salen como las planeamos o esperamos. A Jeremías no le fue diferente, sino que determinó olvidarse de: (1) su comunión con Dios, y (2) el encargo, el llamado que había recibido de El. Siempre una vida cómoda, sin propósito ni exigencias es tentadora, sobretodo cuando no tenemos un destino claro ni un corazón enfocado en Dios.
  3. Esclavos del amor (verso 9b): A pesar de que nuestro corazón es engañoso y siempre tendiente al mal; si Dios te ha llamado, lo ha hecho por su propia gracia y buena voluntad (Gálatas 1: 15). Ese “fuego en los huesos“ de Jeremías es el deseo y anhelo puesto por Dios en tu corazón que te lleva a buscarle y servirle, a pesar de las cosas que puedan suceder. El profeta trató de soportarlo, de olvidarlo, de vencerlo o reemplazarlo por intereses humanos; pero el que ha sido llamado por Dios no puede volverse atrás del encargo que Dios le dio (1 Corintios 9: 16).
  4. El que llama provee todo lo necesario (verso 11): Si Dios t e ha llamado, El proveerá para todo lo necesario para tu encargo. No a nuestro tiempo, no a nuestra manera; pero El lo hará. Sin embargo, nosotros necesitamos aprender a depender de Dios y su cuidado, vencer la ansiedad y el temor, sabiendo que Dios es quien nos guarda, encamina y sostiene en todo el tiempo de nuestra peregrinación. Esta es una de las mas grandes lecciones que todo líder debe conocer: Dios no nos ha llamado porque seamos especiales, buenos o capacitados; El capacita, hace bueno y usa de forma especial a quienes llama.

fuego

Aviva el fuego del don de Dios que está en ti” le dio Pablo a Timoteo (2 Timoteo 1: 6), y hoy, en el temor de Dios te animo a que hagas arder ese fuego del santo llamamiento de Dios. Cumple tu ministerio, se fiel con lo que recibiste y pase lo que pase, no te rindas ni mires atrás. Es mil veces mejor terminar la carrera con necesidades, carencias o problemas pero sabiendo que hicimos lo que Dios quería que hiciéramos, que llenarnos de comodidades, lujos, placeres y nuestra propia auto realización, para llegar a saber que perderemos todo lo que desesperadamente buscábamos aquel día cuando nos encontremos con el Señor cara a cara. La decisión, como siempre, esta en ti.

“Decid a Arquipo: Mira que cumplas el ministerio que recibiste en el Señor” (Colosenses 4: 17)

Amen!

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