Algo que tenemos que entender con suma urgencia, si queremos tener real éxito en la vida, es que no somos de fiar. A pesar de que seamos creyentes, nuestros corazones están aun batallando contra el pecado y la carne, en la lucha por amar a Dios con todo nuestro ser. Así pues, en ese sentido, si nos apartamos de la comunión con Dios y su dirección para nuestras vidas, estamos proclives a cometer un sinnúmero de errores y experimentar tanto las consecuencias desagradables de ellos como la disciplina del Señor si persistimos en hacer tercamente nuestra voluntad en vez de la del Señor.

Con respecto a esto, la palabra de Dios dice lo siguiente:

“Hay camino que parece derecho al hombre, pero su fin es camino de muerte”  (Proverbios 16: 25)

Como hombres tenemos una opinión de las cosas, muchas veces emitimos un juicio o tomamos decisiones que a nosotros nos parecen sabias, correctas y lógicas; sin embargo, no necesariamente son lo mejor. La palabra de Dios declara enfáticamente que hacer las cosas separados de Dios siempre tiene consecuencias negativas. “Separados de El nada podemos hacer” y en el caso del texto visto líneas arriba, nos espera un camino de muerte cuando queremos confiar en nuestra propia justicia y habilidad para decidir y actuar, en vez de confiar y depender del Señor para nuestra vida y obrar.

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Hay dos textos adicionales, también del libro de Proverbios, que quiero considerar con ustedes con respecto a este tema:

“Todos los caminos del hombre son limpios en su propia opinión; pero Jehová pesa los espíritus”  (Proverbios 16: 2)

“Todo camino del hombre es recto en su propia opinión; pero Jehová pesa los corazones”  (Proverbios 21: 2)

Algo que tenemos que entender con respecto a este texto es que el hombre tiene su opinión o parecer con respecto a las cosas que hace y las decisiones que toma. Los “caminos del hombre” se refiere al sendero que toma la vida del hombre, y sabemos que estos se determinan por las decisiones que tomamos. Además de esto, tenemos algo maravilloso que la Biblia nos revela: el hombre tiene un parecer; pero Dios también y El actúa en consecuencia a ello. Podemos confiar en que el parecer de Dios es la verdad absoluta (Juan 14: 6, 18:37, Isaías 40: 28) y que lo que El nos dice es confiable y cierto.

Sin embargo, el hombre:

  • En su propia opinión, no la de Dios, piensa que sus caminos son de una moral aceptable (limpios), es decir, ausentes de maldad o de intenciones erradas. La verdad es que el corazón del hombre es malo desde su nacimiento y que, siendo cristianos, aún nuestras mejores intenciones podrían estar manchadas de ego, celos, contiendas, envidia, hambre por aprobación, orgullo, búsqueda de reconocimiento, etc.
  • En su propia opinión, no la de Dios, piensa que sus caminos tienen una buena dirección (rectos), es decir, independientes de la guía y cuidado del Señor. Esta independencia y auto suficiencia es sumamente peligrosa, esta basada en el orgullo y Dios resiste a los orgullosos.

¿Que es lo que queremos decir? Que el hombre planea, dispone, ejecuta muchas veces sin consultar al Señor, sin orar ni esperar por su respuesta. Tomamos decisiones impetuosamente, irresponsablemente, sin considerar que la obra es de Dios, no de nosotros. Nosotros solo somos servidores, administradores de los dones de Dios; pero no somos quienes decidimos en ultima instancia. Y esto nos ha causado muchos problemas, ausencia de fruto en el ministerio, conflictos y mucha frustración y la eterna pregunta: ¿Porque no funciona lo que hago, si pongo todo mi esfuerzo?

frustracion

Y la respuesta es simple: Dios no dará su gloria a nadie. El es quien pesa los espíritus y los corazones, El ve las intenciones ocultas del corazón, las motivaciones que dirigen nuestras decisiones y actúa. Cierra las puertas por donde no quiere que vayamos y abre las que son de acuerdo a su voluntad. Entonces, se producen cambios en lo que hacemos, las cosas no salen como esperamos y nos frustramos, en vez de entender que el cambio humilla, que cuando Dios mueve su mano para obstaculizar es para que entendamos que no depende de nosotros, sino de El. Así entendemos que nosotros no tenemos el control, sino El y humildemente volvemos al lugar de la dependencia y la oración, cuando fervientemente buscábamos saber la voluntad de Dios y ver su mano moverse.

Hermanos, volvamos a la dependencia al Señor. Solamente de esa manera veremos su mano obrar en nuestras vidas y ministerios. Y si las cosas cambian de improviso, démosle gracias a Dios, porque nos esta enseñando y moldeando para ser aquellos “siervos inútiles” que solo hacen lo que tienen que hacer, lo que su Señor les mandó (Lucas 17: 10). Y eso, señores, es el verdadero éxito.

Amen!

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