El día de ayer estaba viajando en bus cuando vimos en plena vía un accidente terrible: una persona que había estado manejando motocicleta había sido arrollada por un vehículo cuando se encontraba dando una curva. Al parecer, el motociclista intento sobrepasarlo y el carro no lo vio o no pudo esquivarlo y lo arrolló. La persona que manejaba murió en el acto y bueno, como todo accidente automovilístico, nada bonito ni agradable de comentar o recordar.

Sin embargo, me puse a pensar en tal hombre. Era un miércoles 11 de julio como cualquiera, a las 9:00 de la mañana, un día normal para la mayoría. Para el no lo fue. Me puse a pensar en que habría pensado hacer ese día esa persona, tal vez salió de su hogar y tenia planes, como todos nosotros tenemos una agenda para cada día. Sin embargo, no la pudo realizar. La muerte se cruzó en el camino y listo! rumbo a la eternidad en un instante y sin haberlo pensado. Y allí empiezan realmente los problemas: si esa persona no oyó el evangelio del Señor Jesucristo y puso su fe en el como Señor y Salvador, pues a estas horas esa persona (de la cual no se ni su nombre ni su rostro, solo se que era varón por los zapatos y pantalones, lo demás estaba cubierto) esta en el infierno, siendo atormentada por siempre.

Ese pensamiento me turba. Atormentado por siempre, eso quiere decir que de aquí a mil años el seguirá allí, de aquí a diez mil años igual, de aquí a diez millones de años el seguirá allí, consciente, sufriendo, recordando las veces que tal vez oyó el evangelio y no le presto atención, o tal vez nunca lo oyó (1 Corintios 6: 9).

infierno, tormento eterno[4]

Si el creyó en el Señor Jesucristo, pues el ahora esta en la presencia de Dios y no hay nada que temer (Juan 5: 24). Por siempre estará con El y eso significa gozo y dichas eternas para todo aquel que confíe en el Señor y su salvación, a través, no de ningún merito humano, sino de Aquel que justifica a los pecadores con su muerte sustitutoria: el Señor Jesucristo.

Aun hay mas: ese hombre fácilmente pudo ser un padre. Pudo tener hijos, esposa, una familia. Y ellos ¿como quedan?, ¿como le explicas a un niño que su padre salió a comprar y ya no va a regresar nunca mas? ¿Como una esposa se puede sentir mejor sabiendo que las ultimas palabras dichas a su esposo tal vez fueron de reproche, critica y pleito? Esas son cosas que se toman muy a la ligera, a menos que la muerte se cruce en el camino, entonces realmente sentimos el peso de nuestras palabras y nos arrepentimos de no disfrutar cada momento de la vida con quienes nos rodean, porque tal vez ese momento sea el ultimo.

Sobretodo, lo que pensé al final fue “Wow, la vida es tan corta, tan efímera”. Y es cierto, un accidente y se terminó todo. Y no hay segundas oportunidades. No existe tal cosa como la reencarnación, o una segunda vida (Hebreos 9: 27). Solo hay una oportunidad y de aquí a la eternidad, al descanso eterno en la presencia del Señor, o al tormento eterno en el infierno reservado para los incrédulos y malos, los que rechazan el mensaje del evangelio y prefieren vivir sus vidas en pecado y separadas de Dios.

Esto me hace recordar el siguiente texto de la Palabra de Dios:

Porque él conoce nuestra condición;
se acuerda de que somos polvo.
El hombre, como la hierba son sus días;
florece como la flor del campo,
que pasó el viento por ella, y pereció,
y su lugar no la conocerá más.
Mas la misericordia de Jehová es desde la eternidad y hasta la eternidad sobre los que le temen,
y su justicia sobre los hijos de los hijos  (Salmos 103: 14-17)

La Palabra de Dios declara de manera categórica lo que podemos ver en la experiencia diaria: la vida del hombre es pasajera aquí en la tierra. Tenemos, por causa del pecado, una existencia corta aquí en este mundo; sin embargo eso no significa que allí termina todo. Nada mas lejos de la realidad. Esta vida es solo una antesala, un tiempo antes de la vida eterna que viviremos sea en la presencia de Dios, o alejados de El.

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El gran problema de nuestros tiempos, es que vivimos en este mundo como si fuera lo único que existe. No pensamos realmente en la eternidad, y saben, allí es donde pasaremos el mayor tiempo de nuestras vidas. Las decisiones que tomamos aquí determinan donde pasaremos la eternidad, y cuando no pensamos en ello, no lo consideramos, no buscamos a Dios, pues ya elegimos nuestro destino: el tormento eterno.

Necesitamos poner las cosas en perspectiva, necesitamos un ancla fuerte, una luz, una verdad absoluta que nos muestre el camino, algo que no se enferme, deteriore y desgaste con el tiempo como nos pasa a nosotros. Necesitamos a Dios. El debe ser nuestra confianza y fortaleza aun en medio de los tiempos. El no cambia, El permanece por los siglos de los siglos y su promesa sigue estando tan vigente como el primer día que la declaró: Si ponemos nuestra confianza y fe en el Señor Jesucristo, si ponemos su Palabra como la autoridad de nuestras vidas, El promete darnos vida eterna de dicha y gozo a su lado y una vida terrenal aquí de satisfacción, gozo y paz (Juan 11: 25-26).

Porque:
Toda carne es como hierba,
y toda la gloria del hombre como flor de la hierba.
La hierba se seca, y la flor se cae;
Mas la palabra del Señor permanece para siempre.  (1 Pedro 1: 24-25)

Busquemos al Señor. Mañana podría ser demasiado tarde. Como alguien dijo por allí: La vida aquí es buena, pero la eternidad es mejor. Estemos preparados para las dos.

Amen!