Todo aquel que anhela servir al Señor se ha enfrentado en algún momento de su vida, o lo va a hacer en el futuro, con la siguiente pregunta: ¿Cual es tu voluntad Señor? y también ¿Que deseas específicamente que haga Señor? Sabemos que en la Palabra de Dios encontramos la voluntad de Dios para sus hijos, pero al consultar por los detalles, los “como” y los “cuando” es entonces donde tenemos grandes problemas para entender la voluntad de Dios especifica para nuestras vidas.

Estas preguntas no son sencillas de responder y muchas veces caemos en el error de espiritualizar tanto la respuesta que caemos en la parálisis de la  inactividad por esperar una “revelación especial” a nuestras vidas. También erramos cuando queremos tener el “cuadro completo”, es decir, entender todo lo que Dios quiere hacer con nosotros para recién tomar decisiones de obediencia.

Caminar en obediencia a Dios paso a paso

Lo que he encontrado en las Escrituras es que el Señor raras veces nos muestra el cuadro completo. Es muy cierto que Dios anuncia “lo por venir desde el principio” (Isaías 46: 10); sin embargo, aunque pone su visión en nuestros corazones, en su soberanía no nos muestra todos los detalles ni nos da todos los aspectos y matices de aquello a lo que El nos ha llamado y encomendado. Claro, es una frustración muy grande para el ser humano, acostumbrado a tener el control de si mismo y de lo que hace, depender de esta manera ya no de si mismo sino del Señor, pero eso es justo una de las enseñanzas fundamentales que hemos de recibir de parte del Señor en esta vida: aprender a confiar y depender en Dios, aunque no veamos nada adelante, aunque no entendamos, aunque no nos parezca correcto o lógico lo que estamos haciendo. Eso, señores, se llama FE.

Podríamos mencionar diversos ejemplos en la Palabra de Dios, pero quiero considerar solo estos dos para ver como Dios guió a estos hombres de Dios a la labor a la que les había encomendado:

1. El ejemplo de Felipe el evangelista

“Un ángel del Señor habló a Felipe, diciendo: Levántate y ve hacia el sur, por el camino que desciende de Jerusalén a Gaza, el cual es desierto” (Hechos 8: 26)

“Y el Espíritu dijo a Felipe: Acércate y júntate a ese carro”           (Hechos 8: 29)

“Cuando subieron del agua, el Espíritu del Señor arrebató a Felipe; y el eunuco no le vio más, y siguió gozoso su camino. Pero Felipe se encontró en Azoto; y pasando, anunciaba el evangelio en todas las ciudades, hasta que llegó a Cesarea”  (Hechos 8: 39-40)

Oímos de Felipe por primera vez en Hechos 6, cuando es elegido uno de los 7 diáconos que habrían de apoyar a los apóstoles en la atención de las mesas. Con motivo de la persecución a causa de la muerte de Esteban, Felipe llega a Samaria, donde predica el evangelio, respaldándolo el Señor con grandes prodigios y milagros (Hechos 8: 5-7)

Una vez que los apóstoles Pedro y Juan llegaron a Samaria a confirmar a los nuevos creyentes, vemos a Felipe siendo dirigido por un ángel del Señor y luego por el Espíritu Santo a ir a una zona desértica y luego acercarse a una caravana donde se encontraba un funcionario etíope. Felipe le predica el evangelio y luego de ello, es llevado milagrosamente por el Espíritu Santo a otra ciudad, desde donde parte nuevamente evangelizando y sirviendo al Señor.

Felipe el evangelista obedeciendo la voz de Dios

2. El ejemplo de Pedro

“Y mientras Pedro pensaba en la visión, le dijo el Espíritu: He aquí, tres hombres te buscan. Levántate, pues, y desciende y no dudes de ir con ellos, porque yo los he enviado”  (Hechos 10: 19-20)

“Y les dijo: Vosotros sabéis cuán abominable es para un varón judío juntarse o acercarse a un extranjero; pero a mí me ha mostrado Dios que a ningún hombre llame común o inmundo; por lo cual, al ser llamado, vine sin replicar. Así que pregunto: ¿Por qué causa me habéis hecho venir?”  (Hechos 10: 28-29)

“Entonces respondió Pedro: ¿Puede acaso alguno impedir el agua, para que no sean bautizados estos que han recibido el Espíritu Santo también como nosotros?”  (Hechos 10: 47)

El apóstol Pedro fue un hombre de fe y de gran actitud para servir al Señor. Si embargo era judío, y como todo buen judío, pensaba que la salvación de Dios solo estaba dispuesta para el pueblo de Dios y para nadie mas. El Señor le llevo a entender que la obra de Cristo era universal; y para esto, lo llevó paso a paso por medio de un encuentro con un noble gentil llamado Cornelio, a quien tuvo que predicar, luego de recibir una visión, que no entendió en un principio.

Al enfrentarse con la orden del Señor de ir a casa de Cornelio, obedeció ese primer paso. Luego, al ver los corazones dispuestos y hambrientos por la Palabra de Dios, Pedro pudo comprender un poco mas la voluntad de Dios y su plan para con el, su pueblo y la iglesia naciente. Así, tuvo el privilegio de predicarles a los primeros convertidos gentiles de la historia de la iglesia; todo por que obedeció paso a paso la voluntad del Señor aunque no la entendía en un principio.

Paso a paso vamos entendiendo la voluntad del Señor para nuestras vidas

Entonces, ¿que vemos? No podemos confiar en nosotros mismos para servir al Señor. Debemos llenar nuestros corazones de la Palabra de Dios (Colosenses 3: 16) con el fin de apropiarnos de los principios y conformar nuestros pensamientos a la mentalidad del Señor. Así, orar al Señor por que cumpla su perfecta y preciosa voluntad en nuestra vida (Romanos 12: 2) y tomar decisiones de obediencia, en conformidad a lo que ya sabemos de la Palabra de Dios, sabiendo que la obediencia a Dios trae bendición. Paso a paso, vamos obedeciendo, no lo que nuestros sentimientos, pareceres, ideas dicen sino lo que vemos en la Escritura, y así, al caminar en esta llenura del Espíritu Santo (en oración y en la Palabra) confiamos que Dios nos esta guiando y llevando por los senderos de su voluntad.

No se trata de entender la voluntad de Dios, sino de obedecerla. Y esto hermanos es caminar siendo guiados por el Espíritu del Señor.

Te haré entender, y te enseñaré el camino en que debes andar; sobre ti fijaré mis ojos. 
No seáis como el caballo, o como el mulo, sin entendimiento, que han de ser sujetados con cabestro y con freno, porque si no, no se acercan a ti.
   (Salmos 32: 8-9)

Amen!