En estos últimos tiempos se aboga mucho por conocernos a nosotros mismos, por descubrir el inmenso potencial que hay en nosotros y entender que somos completamente únicos, sin igual, tanto por diseño como por capacidades. Suena muy interesante y muy motivador el hecho de saber que somos en ese sentido “especiales” y que solo debemos conectarnos con esa realidad para poder sacar el máximo provecho a nuestra real capacidad.

Esta corriente se encuentra aun en la iglesia, donde ya no es raro escuchar aun desde los pulpitos que saquemos nuestro mejor potencial, que nos conozcamos a nosotros mismos y que siempre estemos auto analizándonos para corregir nuestros errores, debilidades y ser mejores personas en todo aspecto.

Auto analisis

Estas frases e ideas pueden ser muy motivadores, pero tienen un error de fondo critico: asumen que el hombre es capaz de mejorarse a si mismo, que tiene la suficiente base y criterio de bondad y objetividad como para determinar con claridad que es realmente bueno y malo; y sobretodo la suficiente limpieza de corazón como para juzgarse a si mismo. En otro lado de este problema, pero en relación a lo mismo, tomamos versículos bíblicos que efectivamente nos hablan de las muchas bendiciones y realidades que ahora gozan los que son hijos de Dios por la fe en el Señor Jesucristo; pero olvidamos que esas realidades son efectivas “en Cristo” y que nos son dadas solo por la gracia y misericordia de Dios a quienes han acudido a El en arrepentimiento y fe.

Con respecto a esto, quisiera que pudiéramos considerar este verso de la Palabra de Dios:

“Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón;
Pruébame y conoce mis pensamientos; 
y ve si hay en mí camino de perversidad,
Y guíame en el camino eterno”
  (Salmos 139: 23-24)

Hermanos y amigos, si auto analizarnos fuera la solución, ¿porque seguimos teniendo tantos problemas a pesar de tantas terapias, consejerías, coaching, seminarios motivacionales y tratamientos psicológicos?

Esto sucede porque la psicología se queda en el alma humana y esta se encuentra totalmente corrompida y depravada por el pecado. No estoy en contra de la psicología; pero estoy en contra de cualquier método que nos distraiga y desvíe de la única vía de solución para nuestros problemas: La Palabra de Dios, que nos habla de la sencilla pero poderosa fe en el Hijo de Dios, y que nos da la verdadera luz y sentido para lo que necesitamos hacer.

La Biblia no nos habla de auto análisis, nos habla de que Dios nos analiza, nos prueba, nos conoce íntimamente, dado que El es nuestro Creador.

 Oh Jehová, tú me has examinado y conocido.
Tú has conocido mi sentarme y mi levantarme;
Has entendido desde lejos mis pensamientos. 
Has escudriñado mi andar y mi reposo,
Y todos mis caminos te son conocidos. 
Pues aún no está la palabra en mi lengua,
Y he aquí, oh Jehová, tú la sabes toda.
   (Salmos 139: 1-4)

Dios nos conoce, y nos conoce realmente. Tal como somos, no como nosotros creemos que somos, o como los demás piensan que somos. El conoce las profundas y mas intimas motivaciones, prioridades, rincones y abismos de nuestro corazón y mente. Cuando acudimos en oración a El, en un corazón sencillo, dependiente, necesitado, El nos habla, nos da a conocer quienes somos realmente y quienes podemos llegar a ser en El. Nos damos cuenta de que somos completamente incapaces de servirle, adorarle y amarle como El se lo merece; aun así, El nos ama, nos ha llamado y escogido para servirle, amarle y adorarle.

Al dejar que el Señor nos hable, realmente encontramos quienes somos

¿Porque muchos creyentes tenemos luchas con la oración? Tal vez sea porque no queremos ver realmente quienes somos, porque no queremos que la luz de Dios saque a flote nuestros pecados, defectos, orgullos, celos, envidias, falta de perdón, indiferencia; y preferimos engañarnos a nosotros mismos, viviendo una vida con un barniz de cristianismo, lindos por fuera; pero sucios, ignorantes, débiles, solos y temerosos por dentro. Y eso, hermanos es como construir un castillo de arena o un castillo de naipes: algún día se va a derrumbar.

Amen!