El trueque, o intercambio, es un sistema que ha existido desde los albores de la humanidad. Aun antes que existiera el sistema monetario como base para el comercio o la adquisición de productos, el trueque era usado para obtener cosas que no teníamos y necesitábamos, intercambiándolas con otros grupos o personas que tenían lo que nosotros no, y que necesitaban lo que nosotros poseíamos.  Aun en la actualidad, en algunos lugares alejados, o incluso entre grupos de amigos, este sistema es utilizado. Es simple, requiere de una pequeña negociación entre las partes y listo!; pero así como existe un intercambio en este mundo natural, también existe un intercambio, ya no físico, sino a nivel de nuestro corazón, ya no con el objetivo de obtener un sustento material, sino con el fin de obtener algo que anhelamos en nuestro interior.

Hace un tiempo atrás supe de cierto creyente que tenia una esposa hermosa, varios hijos preciosos, un buen trabajo, un puesto de servicio en la iglesia donde congregaba; en pocas palabras, tenia todo lo que un hombre cristiano quisiera tener. Sin embargo, este hombre había sido infiel a su mujer 4 veces y su matrimonio se encontraba ahora al borde de la muerte emocional. No había separación, todo por afuera estaba “bien” aparentemente, pero la resignación, el rechazo y la desilusión si se dejaban ver. Lamentablemente, no es un caso aislado: con sus variaciones, es un mal común en el cristianismo. Las estadísticas nos muestran que en muchos casos, los índices de infidelidad y divorcio no son muy diferentes entre creyentes y personas incrédulas.

Ponemos nuestra vida en juego cuando tomamos decisiones fuera de la voluntad de Dios

La pregunta obvia es ¿por que? ¿Porque una persona que lo tiene todo para ser feliz, que ha sido bendecido(a) por Dios tan claramente, de pronto lo tira todo por la borda por algo que es supremamente inferior? ¿Porque vemos gente que ha sido llamada por Dios a su servicio, que tiene dones y talentos tan preciosos, que podrían ser usados para la gloria de Dios, de pronto conformándose con relaciones extramatrimoniales, con noviazgos de “medio pelo”, a ocultas, con personas que ni tienen el deseo de servir al Señor ni el interés de amarle? o ¿porque vemos personas que se conforman con solo “imitar” a otros, aun en sus proyectos, palabras y hechos? ¿Porque habiendo tanta necesidad en el mundo, nos conformamos con solo asistir a la iglesia, y luego del servicio hacer “nuestro fin de semana”: llamar a los amigos, salir a comer, al cine, a pasear y disfrutar antes de que empiece la semana, y como autómatas, nos pongamos los grilletes para subsistir una semana, en búsqueda del otro fin de semana?

La realidad es que algo ha sucedido en nuestro corazón. Algo muy sutil, casi imperceptible, a menos que se examine con cuidado, pero que tiene consecuencias terribles para nuestra vida y para los que nos rodean. Hemos hecho un intercambio fatal: Hemos intercambiado la voluntad buena, agradable y perfecta de Dios para nuestras vidas (Romanos 12:2b) por nuestra viciada y engañosa manera de pensar y de vivir (Efesios 4:22), la cual realmente poseíamos desde un principio, pues somos pecadores desde nuestro nacimiento; pero al recibir al Señor Jesús, la idea es renovarnos, ser transformados por la acción del Espíritu Santo en nuestras vidas. Sin embargo, no es lo que esta sucediendo hoy. No en muchos de nosotros.

¿Por que? ¿Como se inicia este fatal intercambio?

Bueno, el Señor Jesús dijo claramente que “donde esta nuestro tesoro allí esta nuestro corazón” (Lucas 12: 34). Esto quiere decir que nosotros vamos tras lo que anhela nuestro corazón. Aquello que es lo mas importante para nosotros, es lo que determina nuestros pensamientos y acciones.

Cuando dejamos de lado la Palabra de Dios, y la comunión con el Señor mediante la oración, la obediencia, la meditación en su Palabra, entonces algo ocurre en nuestro corazón: empezamos a ver lo que nos rodea, lo que no tenemos, lo que nos falta, lo que el mundo nos ofrece y lo codiciamos, lo anhelamos. Despreciamos lo que tenemos, porque nos parece que lo ajeno es mejor siempre. Se cumple en realidad este proverbio:

“Las aguas hurtadas son dulces, y el pan comido en oculto es sabroso”   (Proverbios 9: 17)

Esto no es la voluntad de Dios, no es un principio de El. Quien lo dice es la insensatez (verso 13) y lo dice a los simples y faltos de cordura (versos 16). Pero sucede muy a menudo porque hemos dejado de lado al Señor, hemos anhelado hacer nuestra voluntad y hemos despreciado la voluntad del Señor. Y hermanos, eso tiene consecuencias. Todas nuestras decisiones tienen consecuencias, no podemos engañar o burlar al Señor.

Podemos engañarnos a nosotros mismos y a otros, pero a Dios no podemos engañarlo

Podemos pues, seguir viviendo en una mediocridad espiritual, por debajo del nivel que Dios quiere para nosotros, con raquíticas oraciones que no llegan ni al techo de nuestro cuarto, con relaciones fuera del matrimonio y de la bendición de Dios, con una enamoradita(o) que no ama al Señor y que no anhela servirle, que nos va a distraer (de hecho ya lo esta haciendo), con rencor en nuestro corazón, con falta de perdón, con problemas con nuestros padres. Podemos conformarnos a jugar al “cristianismo” como un club social, tener nuestros amiguitos, ir al cine, jugar a ser felices, mientras nuestros dones, talentos y ministerio languidecen y mueren, por no decir de miles y millones de personas que aun no han conocido al Señor y que no están muy lejos: al lado de tu butaca en el cine, al lado en el establecimiento donde vas a comer y a pasar las horas hablando cosas sin sentido, sin importancia y sin trascendencia.

Como siempre, se trata de un asunto de corazón. ¿Que buscamos? ¿Que es lo que mas anhelamos? ¿Hacia donde corre desesperado nuestro corazón? No se trata de seguir a nuestro depravado corazón (Jeremías 17: 9), sino de guiarlo: dominarnos a nosotros mismos, y decirle a nuestra alma: Alma mía, bendice a Jehová (Salmos 103: 1). Es tiempo de hacer el intercambio correcto, dejar nuestra carnalidad, nuestra debilidad, lo pobre y miserable que somos por el poder, gozo y amor que hay en el Señor, y en el cumplimiento de su voluntad en nuestras vidas. Nada mas nos dará verdadera satisfacción.

Hermanos, es preferible mil veces una vida sencilla pero llena de paz, gozo y tranquilidad, sin rencores ni falta de perdón ni amarguras, en obediencia a Dios y a su palabra, que una vida llena de afanes, estrés, ansiedad, enemistades, rencores y sobretodo alejados de Dios y de su perfecta voluntad.

“Porque ¿qué aprovechará al hombre si ganare todo el mundo, y perdiere su alma?”  (Marcos 8: 36)