“Todo aquel que lucha, de todo se abstiene   (1 Corintios 9: 25)

 

Es fácil conformarse con el segundo o tercer lugar. Es bastante cómodo dar miles de excusas de porque no pudimos hacer lo que teníamos que hacer. Siempre habrá alguien a quien echarle la culpa de nuestra poca oración, de nuestro apretado tiempo, de que no tenemos dinero de sobra para dar a las misiones, de que no tenemos tiempo para servir al Señor, de que realmente no sabíamos que esa persona con la que estábamos no era la persona correcta. Sin embargo, siempre habrá alguna buena razón para ver una nueva película mas, para gastar en algún nuevo artefacto que “necesitamos”, para aceptar cualquier salida o compromiso social y para cualquier otra actividad que realmente no necesitamos ni nos edifica, pero si nos distrae y nos da un poco de “emoción” a nuestra rutinaria y aburrida vida.

En que invertimos nuestro tiempo, dinero y atención muestra donde está nuestro corazón

Pero eso no es lo que nos muestra la Biblia. En el versículo que hemos considerado antes, Pablo nos habla de lucha, de sacrificio, de dejar cosas. Saben? no se puede tener todo a la vez en esta vida: no puedes tener comodidades, lujos, tu vida segura, todo controlado, todo planificado, todo felicidad y a la vez cumplir los propósitos de Dios. Porque para que los planes de Dios se cumplan a través de tu vida y de la mía, tienen primero que cumplirse en nosotros. La Palabra de Dios tiene que hacerse realidad en nuestras vidas, y eso demanda que nuestro orgullo sea quebrado, que nuestros ojos sean abiertos y veamos realmente la condición de nuestro corazón: ver que estamos mas necesitados de Dios de lo que pudiéramos imaginar, que el pecado esta tan enraizado en nuestras vidas y estamos tan acostumbrados a el que no nos damos cuenta (Jeremías 17:9, Romanos 3: 10, Isaías 59: 1-8). El tener esa perspectiva de nosotros mismos, también implica renunciar a nuestros “derechos”, a nuestras demandas para buscar solo la voluntad de Dios para nuestras vidas.

Y cuando estés allí, en ese lugar de desnudez y vulnerabilidad, cuando te das cuenta de que no tienes nada a que aferrarte y de pronto todo lo que era antes tan necesario no vale nada, allí encuentras a Dios, o mejor dicho, eres hallado por El y puedes realmente buscar a Dios de todo tu corazón. Hermanos, el pecado ha infectado todo lo que somos, no nos permite discernir claramente la voluntad de Dios y nos lleva a tener una percepción distorsionada de Dios, de nosotros y de la realidad que nos rodea.

El Señor santifica a los creyentes por medio de su Espíritu Santo; sin embargo, esto no anula la responsabilidad nuestra de luchar por obedecer, consagrándonos para Dios de todo corazón. Hay una lucha implícita aquí: la batalla por conquistar nuestro corazón para Dios, por ser hombres y mujeres de oración, que caminen en santidad, que tengan la Palabra de Dios morando en sus corazones. Pablo decía:

“Todo aquel que lucha, de todo se abstiene; ellos, a la verdad, para recibir una corona corruptible, pero nosotros, una incorruptible”           (1 Corintios 9: 25)

Hay quienes ya no luchan, se rindieron. Hay quienes luchan, pero quieren seguir teniendo sus “pecaditos”, sus comodidades, y por lo tanto no se abstienen del todo; o sea quieren los beneficios de la victoria, pero sin las heridas de la batalla. Hay quienes quieren solo ser felices y vivir un cristianismo fácil, sin demandas, sin sacrificio, que llaman legalismo a la santidad y a la auto renunciación. Se escandalizan y llaman cucufato al que ora, ayuna y busca agradar a Dios; sin embargo, con sus conversaciones y actos niegan la eficacia de la piedad que dicen tener. Hay quienes tienen apariencia de luchadores, pero en realidad ni con un dedo quieren pelear. Se han barnizado de cristianismo: se ven como cristianos, ven TV cristiana, escuchan música cristiana, hablan jerga cristiana; sin embargo, sus corazones están llenos de maldad, chismoseria, hipocresía y lujuria. Critican a quienes visten de jeans y polos y saltan en las alabanzas; sin embargo, ellos tampoco adoran ni alaban al Dios de los cielos. Solo están detrás de su propia justicia y se regodean en su gran moral, gran conocimiento bíblico, pero su alma no ha sido alumbrada por el Sol de Justicia.

Sin lucha y renuncia no hay victoria

Pero la verdad sincera y sin rodeos es que sin lucha, y sin renuncia no hay corona. No hay victoria sin pelea y no hay pelea si nos conformamos a la mediocridad del ambiente en que vivimos. No se trata de ropa, de estilos de música, de si levantas las manos o si saltas, de si eres bautista, metodista o pentecostal. Se trata de que si has sido llamado a tener la corona incorruptible de la vida eterna, si has oído la voz del Buen Pastor, si le conoces, iras tras de El y pelearas contra todo aquello que te separe de su presencia. No te conformaras con doctrinas de hombres, sino que iras y beberás de la fuente misma: la Palabra de Dios. No te conformaras con escuchar testimonios de hombres que conocieron a Dios y vieron su gloria y poder: tu mismo iras en pos de ver su gloria. Y jamás, jamás se escuchara de tus labios “me rindo”. Porque el que ha nacido de nuevo ha vencido al mundo, y esta victoria está en nuestra fe.

Amen!