Uno nunca se olvida de los refranes de la abuela. Pueden sonar bastante graciosos, pero siempre tienen una cuota de sabiduría que es bueno tener en cuenta. Uno de ellos reza como el título de este post: “Carrera de caballos, parada de borricos”, y básicamente se refería a que debíamos tomar las cosas con calma y preferir avanzar por la vida pensando bien los pasos a tomar, las decisiones que tomábamos, porque de nada valía comenzar con mucho ímpetu y velocidad, si no terminábamos la carrera y quedábamos a mitad de camino.

Carrera de caballos, parada de borricos

Siempre me causo curiosidad este refrán. Sobretodo porque tiene mucha razón. En mi vida he podido apreciar varios momentos donde pude empezar muchos proyectos, sueños, deseos con bastante vehemencia, para dejarlos en unas cuantas semanas con la misma rapidez e ímpetu con lo que los comencé. ¿Te suena conocida esa historia? En estos momentos me pregunto cuantos sueños hemos dejado en el tintero, cuantos proyectos abandonamos a medio camino, porque simplemente vimos los “pros” y los “contras”, y nos dimos con la sorpresa de que los “contras” eran mucho mas numerosos. Mientras mas lo analizábamos, mas dificultades encontrábamos y terminamos dejando de lado lo que habíamos empezado. Y esto se aplica no solo a proyectos nuevos, sino a amistades, a una relación en la que no quisimos arriesgar nada, en estudios, en muchas cosas, sobretodo en nuestra vida espiritual: nuestro caminar en la fe.

En algún momento de nuestra vida, escuchamos la Palabra de Dios, supimos del evangelio del Señor Jesucristo: Que vino a esta tierra haciéndose hombre, viviendo una vida perfecta en obediencia a su Padre, para morir a manos de pecadores, como un pecador, en una cruz, para pagar la culpa que merecían los pecados de toda la humanidad. Después de tres días, resucito de entre los muertos para ser Señor de todos, para que en la fe en su nombre tengamos salvación y vida eterna. (1 Corintios 15: 3-4). Nos lo comunicaron y lo creímos, abrazamos el mensaje de amor de Dios con todas nuestras fuerzas y empezamos el caminar en la vida cristiana, orando, leyendo la Palabra de Dios, involucrándonos en el servicio en su obra, haciendo nuevos amigos y formando parte de la familia de Dios que es la iglesia. Sin embargo, en algún momento, todo ese ímpetu, toda esa fuerza y energía para servir al Señor se fue diluyendo. Las emociones empezaron a fluctuar entre el entusiasmo y el abatimiento, el deseo de conocer mas a Dios y servirle se fue transformando en un frio ritualismo, en solo un “cumplir con la conciencia”; y de pronto cuando no nos imaginábamos, nos encontrábamos parados, secos, apagados y lamentablemente, en muchos casos, fuera de la comunión de la iglesia, lejos de Dios, de su Palabra, de su llamado y de todo lo que antes habíamos recibido.

El desanimo espiritual

¿Por que suceden cosas como esas? ¿Por que perdemos el animo y tiramos por la borda todo lo aprendido, todo lo recibido? Bueno, el escritor de Hebreos nos menciona aspectos muy importantes con respecto a este tema que deberíamos considerar:

“Por tanto, nosotros también, teniendo en derredor nuestro tan grande nube de testigos, despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante, puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios”  (Hebreos 12: 1-2)

 

  • No somos los primeros que hemos atravesado este caminar cristiano. Tenemos un gran grupo de hombres y mujeres de Dios que nos han antecedido, quienes también pasaron pruebas difíciles y lograron terminar la carrera, básicamente porque ejercieron su fe en el Señor.
  • Debemos despojarnos de aquello que nos impiden avanzar. El pecado, las distracciones, en general todas aquellas cosas que nos alejan de nuestro propósito en la vida deben ser quitadas y eliminadas. Y nosotros debemos hacerlo: nadie mas lo hará por nosotros.
  • Se trata de una carrera de resistencia, no tanto de velocidad. La Palabra de Dios nos manda a correr la carrera de la fe, pero con paciencia. No es la voluntad de Dios que seamos solo cristianos por 5 o 10 años y luego de eso ya no; o que le sirvamos con pasión los primeros meses (el famoso “primer amor”) y que luego ya no. La voluntad de Dios es que en todo tiempo podamos crecer en el conocimiento de El, en amor y en su servicio (Colosenses 1: 10-11).
  • Aun tenemos un camino por recorrer. Todavía hay camino por delante; y como nosotros no sabemos el futuro, podemos esperar con expectativa y fe lo que el Señor nos tiene preparado en los días que tenemos por vivir. Sabemos que Dios es bueno, es fiel y podemos confiar en que lo que venga será lo mejor para nosotros. Dios no cambia hermanos, el es fiel aun a pesar de nosotros (2 Timoteo 2: 13).
  • No debemos despegar los ojos del Señor. Nuestra mirada siempre debe estar en el Señor. Es en El en quien estamos completos (Colosenses 2: 10); es decir, que en Jesucristo somos mas que vencedores. Separados de El nada podemos hacer y solo experimentaremos confusión, frustración y debilidad.
  • El secreto de la vida cristiana es que no se trata de nosotros. Esto es tal vez lo mas difícil de entender; porque debemos esforzarnos, disciplinarnos, dar lo mejor de nosotros. Sin embargo, no se trata de nosotros en ultima instancia: Jesucristo es quien nos dio la fe y quien la perfecciona en nosotros. El pone en nosotros “tanto el querer como el hacer, por su buena voluntad” (Filipenses 2: 13); y encontramos descanso en saber de que El nos da la motivación, la fuerza, nos sostiene, nos perdona cuando fallamos y nos lleva a la madurez. ¡No estamos solos en esta carrera!
  • El Señor Jesucristo nos dio el ejemplo. El mismo Señor corrió la carrera, puestos los ojos en la recompensa, dejó de lado el menosprecio y sufrió los padecimientos de la cruz por hacer la voluntad de Dios. Si el capitán de nuestra salvación hizo eso, ¿no debemos nosotros seguir también su ejemplo? ¿No debemos también fijar la mirada en la recompensa del Señor nuestro Dios y sufrir con gozo las tribulaciones momentáneas, sabiendo que hay una recompensa eterna de gloria que no se compara en nada a cualquier problema que podamos vivir aquí? (2 Corintios 4: 17-18)

Toma aliento y sigue corriendo!

Entonces, ¿que nos queda hacer a nosotros? ¿es posible comenzar y terminar bien la carrera? ¡Por supuesto que si! Pero tenemos que tomar en serio a Dios y su Palabra: no podemos permitir pecado en nuestra vida, debemos ser radicales en no permitir nada que nos distraiga, que nos haga perder el tiempo y nuestro llamado. Y debemos correr la carrera con paciencia. Eso implica preparación, esfuerzo, sacrificio. Levantarse cuando uno se ha caído y seguir corriendo. El Señor Jesucristo no nos ha pedido nada que El mismo no haya hecho en esta tierra. El nos ha prometido que estará con nosotros “hasta el fin del mundo” (Mateo 28: 20). ¿Ya se acabó el mundo? Pues no, entonces el Señor sigue con nosotros. Podemos terminar la carrera. Solo hay que tomar aliento y seguir corriendo.

Si estabas pensando en bajar los brazos, ¡ni lo sueñes! A eso no te llamó Dios. Debes terminar la carrera, para que recibas la corona de victoria, y  puedas también decir “he peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe” (2 Timoteo 4:7)

Amen!