Una de las historias bíblicas que me escarapela el cuerpo cada vez que la leo es la del profeta Eliseo y su criado Giezi. Este muchacho pues suponía ser el sucesor de Eliseo, de la manera en que Eliseo lo fue del gran profeta Elías. Pero la diferencia pues entre Eliseo y Giezi se encontraba muy en lo profundo de ambos. Eliseo en el acto dejó todo lo que el tenia y hacia, dejando su familia y seguridad para dedicarse a servir a Elías y, en ultima instancia, al llamado de Dios para su vida:

“Partiendo él de allí, halló a Eliseo hijo de Safat, que araba con doce yuntas delante de sí, y él tenía la última. Y pasando Elías por delante de él, echó sobre él su manto. Entonces dejando él los bueyes, vino corriendo en pos de Elías, y dijo: Te ruego que me dejes besar a mi padre y a mi madre, y luego te seguiré. Y él le dijo: Ve, vuelve; ¿qué te he hecho yo?

Y se volvió, y tomó un par de bueyes y los mató, y con el arado de los bueyes coció la carne, y la dio al pueblo para que comiesen. Después se levantó y fue tras Elías, y le servía”  (1 Reyes 19: 19-21)

Elías y Eliseo

Esto fue una de las cualidades de este siervo de Dios. Vemos también su persistencia en seguir a Elías a todos los lugares donde el estaba yendo, justo antes de ser arrebatado a los cielos. El no quería quedarse siendo un espectador, el quería estar hasta el final:

“Y dijo Elías a Eliseo: Quédate ahora aquí, porque Jehová me ha enviado a Bet-el. Y Eliseo dijo: Vive Jehová, y vive tu alma, que no te dejaré. Descendieron, pues, a Bet-el”   (2 Reyes 2:2)

”Y Elías le volvió a decir: Eliseo, quédate aquí ahora, porque Jehová me ha enviado a Jericó. Y él dijo: Vive Jehová, y vive tu alma, que no te dejaré. Vinieron, pues, a Jericó”  (2 Reyes 2: 4)

“Y Elías le dijo: Te ruego que te quedes aquí, porque Jehová me ha enviado al Jordán. Y él dijo: Vive Jehová, y vive tu alma, que no te dejaré. Fueron, pues, ambos” (2 Reyes 2: 6)

Eliseo pues pasó la prueba de la madurez, perseverancia, enfoque y pasión por la obra de Dios. Aun a expensas de su comodidad, su vida la puso a los pies del Señor y de Elías su siervo con el fin de aprender y obedecer. Así pues, fue un digno sucesor del gran profeta Elías, obteniendo una doble porción de su espíritu y haciendo milagros mayores que los que hizo su maestro.

Vemos luego que Eliseo tenia un criado, Giezi. No se nos dan los detalles de su llamamiento, pero es claro que Eliseo estaba repitiendo el patrón que había aprendido de Elías: tomar un hombre a quien poder enseñarle, quien pueda estar entrenado por si el Señor determinaba llevarse a Eliseo u hacer algo con el.

En el capitulo 5 de 2 Reyes, vemos el episodio entre Eliseo y Naaman, el general sirio. Este hombre era leproso, y por la providencia de Dios, llega hasta Eliseo quien le ordena bañarse en el Jordán para ser sano. Luego de dejar de lado su orgullo, Naaman obedece y es sanado efectivamente. En agradecimiento, ofrece dones y bienes a Eliseo, los cuales son rechazados por el profeta; y se lleva una porción de tierra de Israel, pues a partir de ese momento este general adoraría a Jehová quien le sanó. Hasta allí, la historia tiene un buen final y es lo que se supone que debería suceder. Eliseo no podía tomar esa ofrenda, pues provenía de los sirios, enemigos de Israel, además de que la sanidad era de Dios, Eliseo solo era un siervo y es incorrecto “vender” el obrar de Dios o recibir recompensa alguna por algo que no nos corresponde a nosotros, sino al Señor.

Giezi buscando su "oportunidad" de ganar algo

Pero entonces sucede lo inesperado:

“Entonces Giezi, criado de Eliseo el varón de Dios, dijo entre sí: He aquí mi señor estorbó a este sirio Naamán, no tomando de su mano las cosas que había traído. Vive Jehová, que correré yo tras él y tomaré de él alguna cosa (2 Reyes 5: 20)

¿En que estaba pensando Giezi? Este no es el corazón de Eliseo, es mas, no es el corazón de un siervo de Dios. ¿No pensó que al hacer eso, ponía en entredicho el nombre de Eliseo y en ultima instancia de Jehová el Señor? ¿No consideró que al hacer tal cosa, reducía el nombre y la gloria de Dios, convirtiendo en un “milagrero”, que hace cosas por lo que le puedas dar? ¿No tomó en cuenta que si su señor Eliseo ya había dado una palabra, no debía pasar por encima del hombre de Dios y hacer su propia voluntad, sobretodo tratándose de un profeta del Dios Altísimo? ¿No pensó que no podía ocultarse de Dios y por ende, no podría engañar siempre a Eliseo?

Al parecer Giezi solo pensaba en lo que podía obtener de esta “oportunidad”. Tomó lo que pudo y lo escondió. Al regresar a casa, Eliseo lo confronta, pues Dios le había mostrado lo que este criado codicioso había hecho. Le hace una pregunta que creo que retumba por todos los siglos hasta ahora:

“El entonces le dijo: ¿No estaba también allí mi corazón, cuando el hombre volvió de su carro a recibirte? ¿Es tiempo de tomar plata, y de tomar vestidos, olivares, viñas, ovejas, bueyes, siervos y siervas?”     (2 Reyes 5: 26)

¿Es tiempo de codiciar, de acumular tesoros para uno, de buscar la propia comodidad? ¿Es tiempo de buscar mi propia vida, sentirme bien, ser feliz? Para eso somos siervos de Dios, ¿para buscar “oportunidades” de que me reconozcan, de ganar un ingreso, de vender mis materiales para prosperar? ¿Es tiempo de hacer mis pactos de fe, mis promesas para ser prosperado porque quiero comprarme cosas? ¿Acaso creemos que el Santo Espíritu de Dios, que busca y nos anhela celosamente, obrando en nosotros para formar la imagen de Cristo, el Hijo de Dios, en nosotros se va a prestar a cosas tales como esas? ¿Para Dios es mas importante nuestra santidad o nuestra prosperidad?

Codicia

El problema de Giezi no era un tema de conocimiento, experiencia o recursos. El tenia un problema profundo y grave: su corazón. Era un mercader, un pirata del evangelio. Solo estaba buscando la mejor oportunidad, era un mercenario. No tenia el corazón de Elías ni de Eliseo, no era digno de portar la antorcha de la Palabra de Dios ni el don profético que ambos habían recibido. Y a la larga o a la corta, lo que somos sale a la luz.

Así pues, el veredicto fue directo y claro:

“Por tanto, la lepra de Naamán se te pegará a ti y a tu descendencia para siempre. Y salió de delante de él leproso, blanco como la nieve”    (2 Reyes 5: 27)

En un sentido, solo salió a la luz el interior de Giezi en la forma de esa lepra. Parece muy duro y en realidad lo es; pero imaginémonos que Giezi hubiese sido el sucesor de Eliseo. La unción y poder de Dios puestos en manos inmundas, en un corazón avaricioso, en una mente corrompida. Eso no es posible, Dios es santo y sus vasijas deben ser santas también.

Quiero terminar con esta reflexión: ¿que hay en nuestro corazón? Lo que hay en nuestro corazón determina lo que buscamos y lo que hacemos. ¿Es para nosotros tiempo de buscar oportunidades, de ir en pos de la mejor retribución, de mi comodidad, mi felicidad; o es tiempo de entregar mi vida al Señor, de ponerme a orar como debe de ser, de consagrarme y dejar de lado esos hábitos ocultos, esos pecados que yo se que me alejan del Señor?

La decisión como siempre es nuestra. El resultado de lo que decidamos siempre será evidente a los demás. No será lepra, pero siempre será visible para los demás. Nuestro corazón siempre encuentra formas de dejarse ver.

Amen!