Siempre me he preguntado que es lo básico que uno debe saber y hacer para ser considerado por Dios como un buen siervo. Creo que todo cristiano honesto consigo mismo, que realmente ame al Señor se habrá hecho la misma pregunta en algún momento de su vida. Y es que es  muy fácil seguir las vidas y logros de otras personas y refugiarse en lo que otros han entendido y aprendido del Señor; pero que difícil es reconocer que cada uno de nosotros tenemos un caminar con Dios, una experiencia personal y por ende una responsabilidad que nos ha sido dada y que no podemos derivar ni transferir a otros. Mi grado de efectividad en el servicio a Dios no se puede medir por lo que otros han logrado, así como no puedo medir mi profundidad en el conocimiento del Señor basándome en lo que otros han conocido de El, y que yo sólo he observado, copiado, reconocido y aplaudido pero jamás experimentado.

La Palabra de Dios nos da las marcas de un buen siervo

Muchas cosas vienen a mi mente en estos momentos: tal vez un buen siervo es aquel que tiene una vida profunda de oración, que tiene un gran conocimiento bíblico, que esta lleno de fe o que tal vez lo ha dejado todo por causa del evangelio. O tal vez un buen siervo es aquel que logra grandes hazañas para el Señor: un ganador de almas, un buen predicador o un adorador. Todas estas cosas son buenas y deseables; algunas de ellas son características básicas que todo creyente debe tener (como la oración y el aprendizaje de la Palabra de Dios); sin embargo pienso en algunas pautas básicas que nos permitan definir quien, según la Biblia, es un buen siervo

Para esto, me referiré a dos pasajes en los evangelios donde nuestro Señor Jesucristo cita directamente esta frase, hablando de un siervo y mostrando que características lo harían merecedor del apelativo de “buen siervo”. Que el Señor nos ayude a entender su Palabra, asimilarla en nuestro corazón y ponerla por obra, para la gloria de Su nombre, la expansión de su reino y el gozo de nuestro corazón. Creo firmemente que el propósito principal de todo cristiano se haya en servir y darle gloria a su Señor: para eso hemos sido formados (Efesios 2: 10; Isaías 43: 7)

1. Un buen siervo de Dios tiene un estilo de vida íntegro

“¿Quién es, pues, el siervo fiel y prudente, al cual puso su señor sobre su casa para que les dé el alimento a tiempo?
Bienaventurado aquel siervo al cual, cuando su señor venga, le halle haciendo así. De cierto os digo que sobre todos sus bienes le pondrá. Pero si aquel siervo malo dijere en su corazón: Mi señor tarda en venir; y comenzare a golpear a sus consiervos, y aun a comer y a beber con los borrachos, vendrá el señor de aquel siervo en día que éste no espera, y a la hora que no sabe, y lo castigará duramente, y pondrá su parte con los hipócritas; allí será el lloro y el crujir de dientes”
  (Mateo 24: 45-51)

En este pasaje, Jesús habla acerca de la preparación que todo creyente debe tener ante la inminencia de su Segunda Venida. Dado que no sabemos cuando ha de venir nuestro Señor debemos estar preparados, velando por su regreso. Para graficar ello, el Señor usa la figura de un siervo que es puesto por su señor como mayordomo de una casa, un administrador. Nos dice el pasaje que este siervo es fiel y prudente si se encuentra cumpliendo su labor hasta que su señor viene. Es fiel (confiable) porque sirve el alimento a tiempo; es prudente porque sirve constantemente aunque su señor no lo vea directamente, pero sabe que en algún momento vendrá y le pedirá cuentas de su administración. Y es dichoso (bienaventurado) este siervo porque su Señor le hallará trabajando en lo que le fue encomendado.

Ser fiel no es hacer las cosas bien durante un tiempo, sino siempre

Por otro lado, nos dice que hay otra categoría de siervos: malos siervos. Este siervo malvado tiene en su corazón una falta de respeto y consideración hacia su señor. Se caracteriza por abusar de su autoridad, abusar de su posición y abusar de la libertad que posee. Como vive una vida disoluta, indisciplinada y marcada por pecado, no está preparado y no tiene temor de que su señor venga. Y cuando llega su señor, será castigado duramente por su falta de discernimiento, carácter y negligencia.

Así pues, vemos que un buen siervo tiene un estilo de vida caracterizado por la integridad, un carácter confiable, firme, temeroso de Dios, que le hace permanecer firme en aquello a lo que Dios le ha llamado, pase lo que pase, en espera del regreso de su Señor. Un creyente que se mantiene en oración no sólo por una semana, o un mes sino que siempre se encuentra en una actitud de búsqueda de Dios, en oración, en su palabra, no solo cuando las cosas van mal, sino en todo momento esta siguiendo los pasos de un buen siervo.

2. Un buen siervo de Dios multiplica lo que ha recibido para la gloria de Dios

Después de mucho tiempo vino el señor de aquellos siervos, y arregló cuentas con ellos. Y llegando el que había recibido cinco talentos, trajo otros cinco talentos, diciendo: Señor, cinco talentos me entregaste; aquí tienes, he ganado otros cinco talentos sobre ellos. Y su señor le dijo: Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor.  (Mateo 25: 19-21)

En este pasaje, el Señor Jesús estaba enseñando sobre la Parábola de los talentos. No es mi intención entrar en detalle al explicar esta parábola: esto lo haremos en otra entrada de este blog; pero si me interesa notar que aquí el Señor también habla de dos tipos de siervos: unos que recibieron talentos y que los multiplicaron según su capacidad; y otro que no multiplicó lo que recibió.

El buen siervo fiel es el que multiplicó lo que recibió de su Señor

Los que multiplicaron los talentos que recibieron son llamados buenos siervos y fieles por su señor. Cumplieron las expectativas de su amo: aumentar, incrementar lo que se les había encomendado. No solo cuidarlo, sino buscar su desarrollo y fructificación. Sin embargo, aquel siervo que no hizo nada por hacer crecer lo que recibió es llamado malo y negligente y es castigado por su accionar.

Vemos entonces aquí que el énfasis no está en el aspecto moral del servidor, sino en su eficiencia al desarrollar y multiplicar el encargo que ha recibido. Es la expectativa y deseo claro del Señor que multipliquemos lo que hemos recibido, por medio del uso, de la preparación y del aprendizaje. No todos hemos recibido las mismas capacidades, pero se espera que hagamos todo lo que podamos con lo que se nos ha sido dado.

 

La recompensa del buen siervo

Es interesante notar en los dos pasajes que la recompensa para los buenos siervos, los que son fieles, confiables y prudentes no es descanso. Todo lo contrario, el Señor les promete posiciones de mayor responsabilidad y trabajo a aquellos que pueden ser buenos administradores de lo que han recibido. Y este es el secreto del crecimiento y desarrollo para los discípulos del Señor en cuanto a la obra de Dios: Si somos fieles en lo poco, el Señor nos pondrá sobre mas. ¿Como se puede ser un buen siervo de Dios? Entiende y reconoce los dones, talentos y habilidades que has recibido de parte de Dios, úsalos al máximo, prepárate y enfócate en perfeccionarlos. No puedes dar lo que no tienes, pero de lo que tienes puedes dar lo mejor para la gloria de nuestro Señor.

Y mientras mas damos, mas servimos, mas usamos los dones que el Señor nos ha dado, somos perfeccionados, entrenados y promocionados, por Dios a mayores responsabilidades en su obra. Todo con el fin de que cuando El venga, nos halle trabajando, fieles, sin desmayar, y oigamos de sus labios “Bien, buen siervo y fiel

Que aquel día, tu y yo hermano(a) lo oigamos del Señor para nosotros.

Amen!