Siempre se ha dicho que el perdón es muy difícil, dado que involucra sentimientos muy intensos, emociones fuertes y recuerdos dolorosos. Muchas personas sufren muchos años esclavizadas a amargos sucesos que les marcaron y que les impiden continuar adelante con sus vidas.

Se ha intentado dar muchas explicaciones psicológicas a este tema, tratando de “comprender” a las victimas y racionalizando así el pecado. Pero la verdad es que la falta de perdón es un pecado y produce raíces de amargura en nosotros que nos estorban, nos impiden alcanzar la gracia de Dios y contaminan a otras personas (Hebreos 12: 15)

La falta de perdón rompe las relaciones

El apóstol Pablo trata este importante tema del perdón y nos hace ver lo necesario es que el creyente tenga la actitud y disposición de perdonar siempre las ofensas que reciba, sean del tipo que sean. El poder de Dios en los creyentes les capacita para poder hacer eso. El texto que quiero considerar el día de hoy es:

“Vestíos,  pues,  como escogidos de Dios,  santos y amados,  de entrañable misericordia,  de bondad,  de humildad,  de mansedumbre,  de paciencia.
Soportaos unos a otros y perdonaos unos a otros,  si alguno tiene queja contra otro. De la manera que Cristo os perdonó,  así también hacedlo vosotros.
Sobre todo,  vestíos de amor,  que es el vínculo perfecto.
Y la paz de Dios  gobierne en vuestros corazones,  a la que asimismo fuisteis llamados en un solo cuerpo.  Y sed agradecidos”
      (Colosenses 3: 12-15)

 

1. La perspectiva del perdón: Se trata de mí no de los que me hacen daño

“Vestíos, pues, como escogidos de Dios, santos y amados, de entrañable misericordia, de bondad, de humildad, de mansedumbre, de paciencia”  (verso 12)

Lo primero que tenemos que entender para poder perdonar es que todo este asunto se decide cuando reconocemos nuestra responsabilidad personal (“vestíos”) y nuestra nueva identidad en Dios (“escogidos de Dios”). Además, no se trata de que la otra persona o las circunstancias cambien sino que nosotros cambiemos: un hijo de Dios tiene que desarrollar, con la ayuda del Espíritu Santo, características que le capacitan para poder perdonar, amar, restaurar y ayudar a las personas que le ofenden. Estas, según el texto bíblico que Pablo nos escribe, son la santidad, el amor, la misericordia, la benignidad, la humildad, la mansedumbre y la paciencia (longanimidad o espera paciente). No podemos o nos cuesta perdonar porque no tenemos un carácter como el de Cristo, somos inmaduros en la fe y actuamos como niños, carnalmente. Pero la Biblia nos enseña que debemos perdonar porque eso es lo natural en un cristiano, dado las características de carácter que tiene.

Una de las características de la inmadurez es la dificultad para perdonar y la facilidad para ofenderse

2. El secreto del perdón: Es un mandato no una sugerencia

“Soportaos unos a otros y perdonaos unos a otros, si alguno tiene queja contra otro”  (verso 13a)

Algo importante que tenemos que entender luego es que el perdón no se puede basar en nuestras emociones, o sea, si “siento” perdonar a la persona que me ha ofendido. El perdonar es una orden, es un mandato de Dios; es mas, el Señor Jesús nos dijo que el Padre no perdonaría a quienes se negaran a perdonar (Mateo 6: 14). Nos cuesta perdonar porque somos orgullosos, desobedientes al Señor. Nos han herido en nuestro orgullo y eso no lo podemos tolerar, porque eso es lo que más amamos. El problema de las personas es que se aman demasiado a si mismas y muy poco a Dios. Solo una persona que ha muerto a su “yo”, que vive para Dios y que ha crucificado su orgullo puede perdonar a otros aunque le hayan hecho mucho daño (Lucas 23: 34; Hechos 7: 60). Entonces la Biblia nos enseña que debemos perdonar porque Dios nos lo ha mandado, es una orden y solo tenemos dos opciones: obedecer a Dios o desobedecerle.

3. El fundamento del perdón: Cristo nos perdonó a nosotros primero

“De la manera que Cristo os perdonó, así también hacedlo vosotros”  (verso 13b)

Si las razones dadas anteriormente no fueran suficientes, Pablo apela al núcleo del perdón, la razón principal por la que podemos y debemos perdonar: Cristo nos perdonó primero. La Biblia dice que el anuló el acta de los decretos que había contra nosotros, que nos era contraria, y la clavó en la cruz (Colosenses 2: 14). El sufrió el castigo que nosotros merecíamos, recibiendo la ira del Padre por los pecados de la humanidad (Isaías 53: 5-6).

Podemos perdonar porque Cristo nos perdonó primero

Él nos perdonó aun cuando éramos enemigos de Dios, cuando nuestra deuda y nuestra culpa eran impagables, y ¿nosotros no hemos de perdonar a los que nos ofenden? ¿Es acaso el tamaño de la ofensa que hemos recibido de otros mayor a la infinita culpa que teníamos delante del Dios tres veces santo? Así pues, la Biblia nos enseña que debemos perdonar porque Dios nos perdonó primero, debiendo derramar su ira en su Hijo Amado para que ese perdón sea posible. En comparación de lo que el Santo Hijo de Dios sufrió, el daño que nos hagan no tiene comparación.

4. El camino del perdón: El amor incondicional de Dios

“Sobre todo, vestíos de amor, que es el vínculo perfecto.
Y la paz de Dios gobierne en vuestros corazones, a la que asimismo fuisteis llamados en un solo cuerpo. Y sed agradecidos”                (versos 14 al 15)

Pablo nos dice ahora como podemos perdonar: amando, reconociendo que el amor es el vínculo perfecto para restaurar lo que ha sido roto. Se dice muchas veces que una vez que la confianza ha sido rota ya es muy difícil que se puede recuperar. Otros dicen “perdono pero no olvido”. Esto no es cierto. El amor cubre multitud de pecados (1 Pedro 4: 8) y es el vinculo que une perfectamente las relaciones.

Cuando andamos en amor, la paz – y no el odio o el resentimiento – es el que gobierna en nuestros corazones y entendemos que en Cristo somos uno; por lo tanto guardamos esa unidad que hemos recibido del Señor, si es que se trata de que tengamos rencores con hermanos en la fe. Y si el asunto es con personas no creyentes, igual debemos tener la actitud de perdonar, siendo humildes y reconociendo que así como ellos son ahora, en un tiempo nosotros también lo éramos: perdidos, sin Dios en este mundo y sin esperanza; y es solo por la infinita gracia y misericordia de Dios que nosotros hemos recibido el perdón de Dios; y ¿no habremos de perdonar a quienes nos ofenden?

Es tiempo de obedecer al Señor y perdonar a quienes nos han ofendido

La pregunta es ¿estamos guardando en nuestro corazón rencor, resentimiento, odio contra algunas personas? No se trata de lo que nos hayan hecho; eso no lo podemos controlar, pero lo que si podemos controlar es como reaccionamos ante ello. La actitud de nuestro corazón ante las ofensa muestra el grado de madurez que tenemos en el Señor. Si entendemos el gran perdón que hemos recibido y estamos agradecidos y humildes por ello ante Dios, obedeceremos al Señor en perdonar, negándonos a nosotros mismos por causa de Cristo y su Palabra.

 

Amen!

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