La Biblia declara enfáticamente que el ser humano nace completamente en pecado y tiene esa inclinación natural.

“¿Qué, pues? ¿Somos nosotros mejores que ellos? En ninguna manera; pues ya hemos acusado a judíos y a gentiles, que todos están bajo pecado.
Como está escrito:  No hay justo, ni aun uno;
No hay quien entienda,
No hay quien busque a Dios. 
Todos se desviaron, a una se hicieron inútiles;
No hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno
               (Romanos 3: 9-12)

Aunque mucho de la filosofía moderna, psicología y demás conceptos parten de la premisa de la existencia de bondad en el hombre o de un potencial para el bien, la Escritura nos dice todo lo contrario; y cientos de años de guerras, abusos, dolor, traición y demás miserias, engendradas por y dirigidas a la humanidad, nos confirman que el ser humano tiene esa inherente inclinación y deleite en hacer lo malo. Aun siendo cristianos, habiendo creído en el nombre del Señor Jesucristo y habiendo sido limpiados de la culpa del pecado, luchamos contra el pecado. No lo podemos tomar a la ligera. El pecado es terriblemente destructivo y muy sutil cuando una persona cede ante él. Sin embargo, podemos identificarlo fácilmente y poder tomar las acciones correctivas, en arrepentimiento y obediencia al Señor. El día de hoy quiero meditar en una historia bíblica que es tanto sorprendente como reveladora en cuanto a lo terrible que es el pecado y como este deja marcas permanentes y profundas en quienes lo cometen y se entregan a el, en vez de buscar al Señor.

El holocausto judío: una "pequeña" muestra de la miseria y degradación humana

Para ello, quiero que por favor me puedan acompañar en estos versículos bíblicos, todos tomados del capitulo 4 del libro de los orígenes, Génesis:

 

1. El origen del pecado

Todo pecado se origina en la naturaleza corrompida del hombre. No proviene de algo externo a el, sino que brota desde lo profundo de su ser (Mateo 15: 17-20). El ser humano por naturaleza esta apartado de Dios, en su mente, corazón y acciones. De toda creencia equivocada surge un sentir equivocado que lleva a una acción equivocada. No solo hablamos de acciones equivocadas o “problemas” que el hombre tenga: es mas profundo que eso. El ser humano sin Dios tiene la mente entenebrecida (oscurecida) por el pecado, es incapaz de entender y conocer a Dios. Puede tener trazos de bondad, amabilidad, decencia; pero aún esas cosas, al provenir de un corazón muerto espiritualmente para Dios, son consideradas por El como algo desagradable e inmundo (Isaías 64: 6, Lucas 16: 15)

Veamos el siguiente fragmento de la Escritura:

“Conoció Adán a su mujer Eva, la cual concibió y dio a luz a Caín, y dijo: Por voluntad de Jehová he adquirido varón. Después dio a luz a su hermano Abel. Y Abel fue pastor de ovejas, y Caín fue labrador de la tierra. Y aconteció andando el tiempo, que Caín trajo del fruto de la tierra una ofrenda a Jehová. Y Abel trajo también de los primogénitos de sus ovejas, de lo más gordo de ellas. Y miró Jehová con agrado a Abel y a su ofrenda; pero no miró con agrado a Caín y a la ofrenda suya. Y se ensañó Caín en gran manera, y decayó su semblante. Entonces Jehová dijo a Caín: ¿Por qué te has ensañado, y por qué ha decaído tu semblante? Si bien hicieres, ¿no serás enaltecido? y si no hicieres bien, el pecado está a la puerta; con todo esto, a ti será su deseo, y tú te enseñorearás de él  (Génesis 4: 1-7)

Caín nació siendo el primogénito. Su nombre significa posesión. Tenía la bendición de Dios. Caín tuvo una buena iniciativa pero una mala actitud en cuanto a ofrecer una ofrenda sin fe, con una motivación errada y sin seguir los lineamientos de Dios. Dios había dejado en claro que la ofrenda correcta por el pecado involucraba derramamiento de sangre (Génesis 3: 21, Hebreos 9: 22); pero Caín quiso ofrecer una ofrenda según lo que el pensaba: era lo mejor que tenía, pero no era la manera como Dios lo había establecido (Hebreos 11: 4).

Abel ofreció su sacrificio a Dios con fe y de acuerdo a la voluntad de Dios

El Señor le da una lección básica:

  1. Si haces las cosas bien, serás recompensado
  2. Si no, cuidado, el pecado está listo para atraparte
  3. De todas maneras, tú puedes dominarlo. Esto implica responsabilidad.

Si bien es cierto que el ser humano esta inclinado al pecado de forma natural, esto no le exime de responsabilidad por ello. El Señor nos ha dado la solución al problema del pecado, gracias al derramamiento de sangre del Supremo Sacrificio en la persona de su Único Hijo Jesucristo. Sin embargo, lamentablemente, muchas personas quieren seguir sus propios lineamientos, no los de Dios. La condenación, dice la Biblia, esta ya sobre quienes rechazan al Hijo de Dios, porque no han querido creer en El para recibir vida y perdón de pecados (Juan 3: 18).

 

2. La manifestación del pecado

Veamos lo que nos sigue diciendo la Escritura:

“dijo Caín a su hermano Abel: Salgamos al campo. Y aconteció que estando ellos en el campo, Caín se levantó contra su hermano Abel, y lo mató. Y Jehová dijo a Caín: ¿Dónde está Abel tu hermano? Y él respondió: No sé. ¿Soy yo acaso guarda de mi hermano? Y él le dijo: ¿Qué has hecho? La voz de la sangre de tu hermano clama a mí desde la tierra” (Génesis 4: 8-10)

Cuando el Señor le preguntó a Caín porque había decaído su semblante, Caín no le respondió a Dios. El pecado de su corazón, el querer hacer las cosas a su manera, su orgullo y altivez salía a relucir en sus acciones, hasta al punto de no responder a Dios!. Además, mató a su hermano Abel. El pecado dio su fruto: la muerte, y cuando Dios lo confrontó, Caín no quiso responder por su responsabilidad ante Dios. Él era el hermano mayor, debía proteger a su hermano, ser su ejemplo, enseñarle, no asesinarlo. Caín mostró una rebeldía abierta contra Dios en su respuesta. No quería hacerse responsable de sus actos. Dios siempre hace justicia, siempre todo lo que uno hace sale a la luz (Hebreos 4:13); por mas que Caín había hecho esto a ocultas de sus padres, en el campo, a Dios no lo podía burlar. El pecado que es albergado y acariciado en el corazón, a menos que lo llevemos a la presencia de Dios, va a salir a relucir en algún momento de nuestra vida (Santiago 1: 14-15).

Caín mató a su propio hermano porque el pecado lo había dominado

 

3. Las consecuencias del pecado

“Ahora, pues, maldito seas tú de la tierra, que abrió su boca para recibir de tu mano la sangre de tu hermano. Cuando labres la tierra, no te volverá a dar su fuerza; errante y extranjero serás en la tierra. Y dijo Caín a Jehová: Grande es mi castigo para ser soportado. He aquí me echas hoy de la tierra, y de tu presencia me esconderé, y seré errante y extranjero en la tierra; y sucederá que cualquiera que me hallare, me matará”  (Génesis 4: 11-14)

Lo sorprendente es que, después de que Dios descubre el asesinato de Caín, este nunca pidió perdón por lo que hizo. El se quejó por las consecuencias de su pecado; pero no por su pecado en sí. Siempre se le reclamaría justicia por lo que hizo. Las consecuencias de su pecado se pueden enumerar así:

  1. No habría fruto ni satisfacción por su trabajo
  2. Seria errante a donde fuera, sin un hogar
  3. Siempre huiría de Dios por la culpa y el remordimiento.
  4. Sufriría de alguien más lo que él le hizo a Abel.
  5. Dios puso una marca en Caín.
  6. Caín se fue de la presencia de Dios y habito en la ciudad de Nod, que significa Errante o “Tierra de Fugitivos”

El pecado siempre tiene consecuencias (Romanos 6: 23a). No podemos pensar en que podemos vivir como se nos da la gana y escapar de la Santidad de Dios y de su mirada. Caín fue condenado a vivir huyendo, en temor, siempre alejándose de Dios, sin haber resuelto su controversia con Dios por causa de su pecado y su resistencia a confesarlo y arrepentirse. Que el Señor nos ayude a tener temor de Dios para vivir de una manera agradable delante de El y no experimentar las terribles consecuencias de vivir una vida en pecado.

Caín huyendo de la maldición de Jehová

4. La marca del pecado

Por ultimo, la Biblia nos dice lo siguiente:

“Y le respondió Jehová: Ciertamente cualquiera que matare a Caín, siete veces será castigado. Entonces Jehová puso señal en Caín, para que no lo matase cualquiera que le hallara. Salió, pues, Caín de delante de Jehová, y habitó en tierra de Nod, al oriente de Edén”               (Génesis 4: 15-16)

¿Cual era esa señal o marca que Dios puso en Caín? Seguro podríamos especular en muchas alternativas; pero mas allá de la señal física que pudo haber recibido, vemos que Caín tenia marcas reconocibles por causa de su pecado. Esto es igual tanto para el como para cualquiera que tercamente vive en pecado no confesado y no arrepentido delante de Dios. La siguiente lista trata de enumerar algunas características de una vida de pecado, lo cual trae consecuencias terribles para quienes la practican:

  1. Mala actitud ante Dios y ante las personas – Insisto en agradarme a mí mismo a costas de los demás, aun de Dios mismo.
  2. Envidia – Quiero lo que otros tienen pero no quiero pagar el precio para obtenerlo.
  3. Soberbia, orgullo – “No necesito de Dios ni de nadie”, falsa humildad, altivez de espíritu.
  4. Desobediencia – La Palabra de Dios no es la norma máxima para mí. Mi fe es falsa, llevo una doble vida.
  5. Una independencia de Dios – “Quiero hacer mi voluntad, mis deseos, mis pensamientos”. No dependo de Dios para mi vida, planes, futuro, etc.
  6. Egoísmo – una vida centrada en el “yo” – y odio que se puede volver criminal
  7. Rebeldía abierta o encubierta contra Dios y su palabra – Enemistad contra Dios y su buena voluntad expresada en las Escrituras.

Una vida separada de Dios, llena de pecado, tiene consecuencias terribles

 

Caín no tenía un lugar donde volver, no tenía un hogar y sobre todo, no tenía un Padre. Qué triste la historia de Caín, un hombre que no tenia donde regresar, sino que siempre seria errante en la vida.

¿Podemos reconocer estas marcas del pecado en nuestra vida? Si es así, estamos en peligro. Necesitamos volvernos al Señor en humildad, confesar nuestro pecado, arrepentirnos de el y comprometernos a seguir al Señor, haciendo su voluntad con fe, disposición de corazón y confianza en que Dios nos dirige, guarda y lleva por su buena, agradable y perfecta voluntad. Quiera el Señor que lo se halle en nosotros no sea la marca del pecado, sino las marcas del Señor Jesús.

 

Amen!