El día de hoy quiero compartir con ustedes un tema que esta siendo controversial en mi país. Existe aquí un programa llamado “El valor de la verdad” y en este programa, la idea es contestar una serie de preguntas, cada cual mas reveladora y polémica que la anterior. El fin de estas es revelar secretos nunca antes dichos por la persona que es entrevistada. Si dicha persona llega hasta el final respondiendo con la verdad se hace acreedora a un jugoso premio en dinero.

Polémico programa que ventila episodios oscuros en las vidas de las personas

Hasta aquí no habría nada de sorprendente en esto. Ya hay muchos de estos programas que han salido y que saldrán, que por el afán de conseguir rating, se dedican a ventilar las vidas íntimas de ciertas personas que tienen un grado de popularidad, con el fin de satisfacer el morbo de quienes siguen este tipo de programas. El punto aquí es que en este programa ya se han entrevistado a dos personas que se confiesan cristianas, que asisten a una iglesia y que testifican haber sido transformadas por el Señor. No pongo en tela de juicio lo que el Señor pudo haber hecho, o que esta haciendo, en estas personas. Pero me causa mucha extrañeza el hecho de que, al preguntársele porque se decidieron a salir al mundo a ventilar episodios sórdidos de su vida pasada, dijeran que lo hacían por testificar el cambio que había obrado el Señor en sus vidas y porque al confesar abiertamente esos episodios oscuros de sus vidas, se liberaban de la culpa, la vergüenza y el dolor asociados a las consecuencias que tuvieron que pasar por los mismos.

Si escuchamos rápidamente estas respuestas hasta podríamos aplaudir tal decisión. No voy a negar que se requiere valentía para pararse al frente de una cámara y confesar actos, decisiones y palabras que podrían avergonzar a muchos. Y si la motivación es testificar de que Dios cambia vidas, ¿que mas queremos? Tenemos una vida cambiada, tenemos el deseo de testificar de Dios y tenemos un espacio en la TV donde poder hacerlo. Parece el sueño dorado de cualquier evangelista. Sin embargo, hasta aquí puede llegar la emoción; porque al ver dicha entrevista a estas dos personas, jamás hubo una mención de que los actos cometidos eran pecados contra Dios, ni se mencionó si hubo una confrontación con la Palabra de Dios, tampoco si hubo un arrepentimiento y fe en la obra del Señor Jesucristo en la cruz; y no se aclaró que al acercarse estas personas al Señor recibieron el perdón de pecados y la restauración de sus vidas.

Ambas coincidieron en lo mismo: solo una escueta declaración del tipo “Dios cambió mi vida" y puede solucionar cualquier problema”. Al final de dichas entrevistas, ambas personas dijeron alegremente que el confesar sus “trapitos sucios” las había liberado, se habían quitado el peso de encima y que ahora seguían adelante con la mirada al frente en la carrera de la vida.

 

Entrevista 1 Entrevista 2

 

Ya sé lo que puedes estar pensando: aquí viene el legalista. ¿Que problema hay si estas valientes mujeres han testificado que fue Dios quien cambió sus vidas? ¿Porque criticar a quienes salen y dan la cara para hablar de Dios a miles de televidentes?

En primer lugar, mi problema no es con estas personas. Coincido en que hay que ser  muy valiente para hacer lo que ellas hicieron. Sólo Dios y ellas saben la motivación por la cual salieron en este programa, si fue el dinero o el deseo de testificar del Señor. Como fuese, pensar que testificar de Cristo solamente es decir que Dios cambió sus vidas es una perogrullada, una falta al evangelio del Señor Jesucristo y una falta a la Comisión que nos ha sido encomendada. En segundo lugar, y no por ello menos menos pernicioso, el decir que el confesar sus pecados antes los hombres, y no ante Dios, las había liberado, tiene trazos de la psicología de Jung o de conceptos de la New Age; es decir, completamente alejado de lo que la Biblia enseña.

Así que aquí va mi pequeño y humilde análisis sobre estos dos puntos:

 

1. Un incorrecto entendimiento del evangelio de Cristo

No puedo predicar lo que no entiendo y lamentablemente en la actualidad hemos reducido el evangelizar a simplemente estas dos frases: “acércate a Dios que El va a solucionar tus problemas” y “ven a la iglesia para que conozcas a Dios”. Pero esto revela un desconocimiento de la naturaleza perdida del hombre (Romanos 3: 9-12, 23), de la Santidad de Dios que ha sido ofendida por el pecado del hombre (Romanos 6: 23a, Isaías 59: 1-2) y el castigo que Dios Padre puso en su propio Hijo para poder satisfacer su justicia y salvar al hombre en amor (Isaías 53: 5-6, Romanos 8: 32). Además, revela un incorrecto entendimiento de la Comisión de la Iglesia (Mateo 28: 18-20), donde el Señor nos dice “Id” no “que vengan a la iglesia”.

¿Como entonces debemos evangelizar? ¿Cual es el mínimo irreductible que tenemos que decir a las personas para tener confianza en que estamos siendo testigos fieles del Señor?

Bueno, si analizamos las predicaciones de los apóstoles y los primeros discípulos veremos puntos en común. Pablo los resume perfectamente en el siguiente texto:

Porque primeramente os he enseñado lo que asimismo recibí: Que Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras; y que fue sepultado, y que resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras”        (1 Corintios 15: 3-4)

¿Que debe contener nuestra evangelización? El anuncio de la muerte de Cristo por nuestros pecados y su resurrección. Esto implica su vida en perfecta obediencia a Dios, el porque de su muerte por nosotros y su resurrección como muestra de su victoria sobre el pecado y la muerte.

Solamente en Cristo Jesús tenemos perdón de pecados, vida eterna y verdadera libertad

Una inadecuada evangelización crea falsos creyentes, que piensan o asumen que porque mencionan la Palabra “Dios” o porque van a la iglesia ya son salvos, cuando realmente no lo son. Nunca hubo convicción de pecado, nunca hubo arrepentimiento ni fe: nunca hubo verdadera salvación.

 

2. Un desconocimiento de la libertad que tenemos en Cristo

La Biblia declara categóricamente que en Cristo somos libres de la esclavitud del pecado y de sus consecuencias eternas. Para Dios somos “perfectos para siempre” los que hemos sido limpiados por la sangre de Cristo (Hebreos 10: 14) y hemos pasado de “la potestad de las tinieblas al reino de su Amado Hijo” (Colosenses 1: 13).  Esta es la libertad que hemos recibido como Hijos de Dios, la santidad posicional, que es perfecta y por la que no tenemos que hacer nada, porque la hemos recibido como un don de Dios.

Sin embargo, esto no significa el fin de nuestras batallas con el pecado presente, con la culpa, la vergüenza y demás situaciones que diariamente tenemos que enfrentar. Para ello, el mismo Señor nos prometió que si conociéramos su Palabra, ella nos “haría libres” (Juan 8: 32). Pablo nos lo menciona de una manera similar cuando nos exhorta a “no conformarnos a este siglo, sino a transformarnos por medio de la renovación de nuestro entendimiento, para que podamos comprobar cual sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta” (Romanos 12: 2). Esto nos habla de la santidad progresiva, la libertad a la que hemos sido llamados en Cristo Jesús, pero que tenemos que conquistar paso a paso a través de nuestra obediencia y sumisión al Espíritu Santo y a la Palabra de Dios. Vamos encontrando libertad de las consecuencias temporales del pecado (porque las consecuencias eternas ya han sido resueltas por la sangre de Cristo, Aleluya!).

 

Una verdad a medias es una mentira completa

Declara que somos libres por la confesión de nuestros pecados a los hombres, en vez de a Dios es afrentar a Dios y su poder para darnos luz, paz y dirección en la vida por medio de la salvación en Cristo y por la provisión de su Palabra.

 

En conclusión, las buenas intenciones no son suficientes. Este mundo no necesita conocer nuestros logros, sino los de Cristo en la cruz, porque las personas son salvas en el nombre del Señor Jesús, no en el nuestro. Todo dicen “creer” en Dios de alguna manera u otra (Santiago 2: 19); pero sólo serán salvos quienes sean confrontados con los hechos del evangelio y respondan en fe al sacrificio de amor de Jesucristo, el Hijo de Dios. Todo lo demás, lamentablemente, es engaño, distracción y desvía a las personas de mirar al Único que puede darles perdón de pecados y vida eterna.

Tengamos mucho cuidado con lo que hacemos y decimos. Tenemos responsabilidad por lo que predicamos y de que manera lo hacemos.

A ti, pues, hijo de hombre, te he puesto por atalaya a la casa de Israel, y oirás la palabra de mi boca, y los amonestarás de mi parte.
Cuando yo dijere al impío: Impío, de cierto morirás; si tú no hablares para que se guarde el impío de su camino, el impío morirá por su pecado, pero su sangre yo la demandaré de tu mano.
Y si tú avisares al impío de su camino para que se aparte de él, y él no se apartare de su camino, él morirá por su pecado, pero tú libraste tu vida
”  (Ezequiel 33: 7-9)

 

orando en todo tiempo con toda oración y súplica en el Espíritu, y velando en ello con toda perseverancia y súplica por todos los santos; y por mí, a fin de que al abrir mi boca me sea dada palabra para dar a conocer con denuedo el misterio del evangelio, por el cual soy embajador en cadenas; que con denuedo hable de él, como debo hablar”  (Efesios 6: 18-20)

Dios nos ayude a ser testigos fieles de su evangelio.

Amen!