Muchas personas no quieren acercarse al Señor porque saben que si lo hacen tendrán que dejar las cosas que tanto les gusta: placer sexual desordenado, masturbación, pornografía, fiestas, trago, "diversión", amistades equivocadas, alguna disputa con alguna persona o falta de perdón, dinero mal habido o mal enfocado y demás cosas. Estos temas no son patrimonio de las personas incrédulas, sino que lamentablemente son historia conocida aún entre quienes se llaman a si mismos cristianos. Es ya bastante común ver “creyentes” posteando fotos de sus fines de semana en alguna discoteca, tomando algún trago, con compañías que no son adecuadas, o posteando en su Facebook estados que no son nada santos, que mas bien evidencian un corazón lleno de cualquier cosa menos de Dios y de su Palabra.

Muchas personas podrán argumentar que “Dios entiende”, que “la juventud es una etapa difícil” y que “las tentaciones son muy fuertes”. Pero, poniéndonos a pensar un poco, ¿realmente vale la pena? Sinceramente no creo que unos pocos minutos de placer, una noche de juerga, "seguridad económica" valgan la pena. La ansiedad, estrés, soledad, vacío que vienen como consecuencia de tener una vida separada de Dios, no se pueden comparar con el gozo, la paz y la plenitud que vienen de tener a Dios como Padre y amigo y de tener su Palabra como la guía para nuestra vida. Puedo engañarme a mi mismo, puedo incluso engañar a otros con mi comportamiento. Puedo adornar mis palabras, justificar mi pecado, hacerlo parecer mas razonable, mas adecuado; pero no puedo obviar la gran verdad de que mis acciones evidencian no solo mi carácter sino la naturaleza y calidad de mi fe.

 

La libertad que promete el pecado es un engaño

En ese sentido, quien rechaza al Señor por causa de abrazar y amar sus pecados, se encontrará al final de su vida con Dios de todas maneras, no como un Padre amoroso, sino como el Juez justo de toda la tierra. Porque mis queridos amigos, Dios no puede ser burlado. Todas las decisiones que tomamos tienen consecuencias: aquí en esta vida y también en la venidera. Cada decisión que tomo tiene consecuencias que me afectan a mi y a quienes me rodean. La principal decisión que tendré que tomar en mi vida es ¿tras que va mi corazón? ¿Va en pos de Dios o en pos de hacer mis propios planes, mis propios deseos?

Miremos lo que nos dice la Palabra de Dios:

 

"Buscad a Jehová mientras puede ser hallado, llamadle en tanto que está cercano. Deje el impío su camino, y el hombre inicuo sus pensamientos, y vuélvase a Jehová, el cual tendrá de él misericordia, y al Dios nuestro, el cual será amplio en perdonar" (Isaías 55: 6-7)

1. Aun es tiempo para buscar a Dios

Hay una urgencia por buscar a Dios. El Señor nos dice que aún estamos en el tiempo en que El puede ser hallado, en que aún es el día de salvación (2 Corintios 6:2). Y mientras dura ese “hoy”, podemos acercarnos al Señor con la confianza de que “el que a mi viene, no le echo fuera” (Juan 6: 37). Hay misericordia y gracia, perdón abundante para quienes se acercan al Señor en arrepentimiento y fe.

La Biblia nos manda dejar, apartarnos, alejarnos de nuestros propios caminos, marcados por la obstinación en hacer nuestra propia voluntad y deseos, y no los que el Señor quiere. Asimismo, nuestros pensamientos, aquellas creencias y razonamientos que no están fundamentados en la Palabra de Dios deben ser dejados de lado y abandonados por completo. Nuestro estilo de vida es producto de lo que creemos y decidimos. De manera natural nuestro corazón y mente están corrompidos por el pecado; por ende, toda decisión que tomamos, a menos que la pasemos por el filtro de la Palabra de Dios, están marcados por la rebeldía y la desobediencia al Señor (Génesis 6: 5).

Lo primordial en nuestras vidas es buscar el rostro de Dios

Sin embargo, si nos volvemos al Señor, nos promete la Biblia que obtendremos misericordia y perdón amplio para nuestras vidas. Realmente puedo dar testimonio que cuando nos volvemos a Dios, “no nos ha pagado conforme a nuestros pecados” (Salmos 103: 10-11). Dios se complace en misericordia y perdona a quien acude a El; pero esto implica arrepentimiento: dejar de lado nuestras falsas creencias y volvernos a la Palabra de Dios, y dejar de lado nuestras acciones rebeldes y desobedientes y obedecerle a El.

 

2. El tiempo para buscar a Dios se terminará

Pero viene el día, y la Biblia lo declara categóricamente, que la gracia se terminará y vendrá el juicio de Dios. Juicio sobre quienes rechazaron el sacrificio de Jesucristo, quienes tuvieron en poco su sangre, quienes se refugiaron en su religiosidad, su falso cristianismo y nunca tuvieron una relación real con el Señor.

"El que en él cree, no es condenado; pero el que no cree, ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios" (Juan 3: 18)

Llegará el tiempo en que la paciencia de Dios se agote y su juicio justo se evidencia contra la humanidad. Dios promete a los suyos, a quienes creen en el Señor Jesucristo, y lo evidencian en una vida de constante búsqueda de la santidad, que serán guardados de la hora de la prueba y de la condenación final (Apocalipsis 3: 10, Lucas 21: 34-36).

No nos engañemos, pues ese tiempo llegará y quienes no estén listos no tendrán parte con el Señor. No pensemos que por ir a una iglesia, o por tener amigos cristianos, o por haber hecho una oración alguna vez hace algunos años, significa que somos realmente hijos de Dios. El creyente verdadero, el que ha nacido de nuevo en verdad no creyó una sola vez en el pasado y ahora ya no cree. No obedeció un tiempo en el pasado y ahora ya no obedece. El creyente sigue creyendo y obedeciendo con el paso del tiempo. Podrá tener tropiezos, caídas, pero se levanta y sigue adelante. Tiene la simiente de Dios y no puede permanecer pecando como un estilo de vida (1 Juan 3: 9)

Algún día todos compareceremos ante Dios

Entonces, a la luz de lo que podemos ver el día de hoy en la Palabra de Dios, cuando me encuentre con Dios, que será lo que veré: a mi Padre Celestial o al Juez justo de toda la tierra. Mis decisiones ahora decidirán como me encontraré con el Señor y afectarán mi destino eterno. La decisión esta en nosotros.

Amen!