¿Que pasaría si de pronto te llega un correo electrónico un día cualquiera, de parte de un gran hombre de Dios en el que te dice mas o menos lo siguiente?

Advertencia de parte de Dios

¡Que terrible advertencia! Pero, ¿que harías en ese momento? ¿Que pensarías? ¿Como reaccionarías ante la advertencia que acaba de hacerte el Señor?

Creo que la mayoría de nosotros nos examinaríamos, lo pensaríamos muy bien ante semejante advertencia, sobretodo si se trata de Dios mismo quien nos está hablando, llamando la atención a áreas de nuestra vida que no están bien y que le desagradan. Sin embargo, la Biblia nos dice, y la experiencia lo confirma, que existen muchas personas que pueden recibir diversas advertencias, llamadas de atención, señales de peligro ante pecados, hábitos y comportamientos equivocados que están teniendo pero que sin embargo no harán nada por cambiar dicha situación, trayendo sobre si la ruina, la destrucción y las consecuencias del pecado sobre ellos.

La Biblia nos narra en 2 Crónicas, capitulo 21, la historia de un rey que grafica justamente la situación que les acabo de mencionar y que da nombre a este artículo. A similitud de la obra de Gabriel García Márquez, esta es la crónica, el relato de una muerte que estaba anunciada de antemano. Claro, que a diferencia de la novela de García Márquez, el agraviado si estaba consciente de lo que le iba a pasar. Y tal vez esto es lo mas desconcertante del relato bíblico: saber que tienes la espada de Damocles en el cuello y esta a punto de caer sobre ti, ¡y no haces nada!

La ignorancia de la Palabra de Dios nos impide ver que muchas veces la disciplina de Dios esta mas cerca de lo que imaginamos

¿Suena inverosímil no? Pues veamos el relato de la Palabra de Dios y veremos que no es tan extraño esto; es mas, es muy común esta situación en muchos de nosotros.

1. Los pecados no se heredan, pero siempre tienen consecuencias

“Fue elevado, pues, Joram al reino de su padre; y luego que se hizo fuerte, mató a espada a todos sus hermanos, y también a algunos de los príncipes de Israel.
Cuando comenzó a reinar era de treinta y dos años, y reinó ocho años en Jerusalén. Y anduvo en el camino de los reyes de Israel, como hizo la casa de Acab; porque tenía por mujer a la hija de Acab, e hizo lo malo ante los ojos de Jehová
  (2 Crónicas 21:4-6)

A diferencia de muchos que piensan que los pecados de los padres se transmiten a los hijos en la forma de “maldiciones generacionales”, lo que vemos en la Escritura es que los pecados no se heredan pero siempre tienen consecuencias: Josafat, el padre de Joram, siempre tuvo predilección por juntarse y agradar a reyes impíos (2 Crónicas 20:35), e incluso tuvo parentesco con el malvado rey Acab (2 Crónicas 18:1). Ese parentesco muy probablemente fue el matrimonio de su hijo Joram con la hija de Acab, la malvada Atalía, quien luego casi destruye toda la descendencia del rey David, de donde tenía que venir el Mesías. Esa pecaminosa unión, permitida por Josafat, fue una de las causas de la ruina de Joram. No justifico en nada la conducta de este malvado rey, pero su matrimonio con esta mujer lo hundió mas en el pecado, tal y como sucedió con el rey Acab y su mujer Jezabel.

Al igual que el rey de Israel, Joram se vendió a hacer lo malo delante del Señor, matando a sus hermanos, yendo en pos de la idolatría y las malvadas costumbres de los dioses paganos, incitado por su mujer; pero en ultima instancia fue su propio corazón perverso el que se reveló en todas estas situaciones, siendo el mismo el único responsable delante de Dios por sus innumerables pecados.

“No obstante, Edom se libertó del dominio de Judá, hasta hoy. También en el mismo tiempo Libna se libertó de su dominio, por cuanto él había dejado a Jehová el Dios de sus padres. Además de esto, hizo lugares altos en los montes de Judá, e hizo que los moradores de Jerusalén fornicasen tras ellos, y a ello impelió a Judá”  (2 Crónicas 21:10-11)

¿Cuales fueron las primeras consecuencias? Además de la muerte de sus hermanos, el rey Joram empezó a experimentar derrotas por todos los frentes de su territorio, además de la contaminación moral de su pueblo, que empezó a seguir su mal ejemplo. Todo el pueblo de Dios se volvió a hacer lo malo ante los ojos de Dios, guiados por este rey impío, quien pensaba que podía hacer lo que quisiera y que no tendría consecuencias.

Solo hay dos caminos: obediencia o desobediencia, y ambos tienen diferentes consecuencias

Pero lo que este rey no sabía es que Dios no puede ser burlado: todo lo que el hombre sembrare, esto también segará (Gálatas 6:7). El pecado siempre tiene consecuencias, el hecho de que a veces la disciplina de Dios tarde no significa que El sea débil o tonto, sino que es paciente, queriendo nuestro arrepentimiento antes que nuestro juicio y condenación (Romanos 2:4)

2. Dios nunca se queda callado con respecto al pecado

La segunda lección que tenemos que aprender aquí es que el Señor nunca se queda sin testimonio: El siempre habla fuerte y claro en contra del pecado. Le envió a Joram una carta que decía lo siguiente:

Y le llegó una carta del profeta Elías, que decía: Jehová el Dios de David tu padre ha dicho así: Por cuanto no has andado en los caminos de Josafat tu padre, ni en los caminos de Asa rey de Judá, sino que has andado en el camino de los reyes de Israel, y has hecho que fornicase Judá y los moradores de Jerusalén, como fornicó la casa de Acab; y además has dado muerte a tus hermanos, a la familia de tu padre, los cuales eran mejores que tú; he aquí Jehová herirá a tu pueblo de una gran plaga, y a tus hijos y a tus mujeres, y a todo cuanto tienes; y a ti con muchas enfermedades, con enfermedad de tus intestinos, hasta que se te salgan a causa de tu persistente enfermedad    (2 Crónicas 21:12-15)

Es curioso: Joram quería asegurarse el reino y por ello mató a sus hermanos. Ahora, el Señor le dice que el mismo iba a perder también a sus mujeres y a sus hijos, de entre quienes este rey tomaría a su sucesor, algo vital para un rey. Se cumple así la Palabra que dice que “lo que el impío teme, eso le vendrá” (Proverbios 10:24)

No solo eso, sino que el Señor le anuncia juicio por medio de una terrible enfermedad, la cual lo haría morir de una manera horrorosa: con los intestinos salidos. ¡Que terrible! Pero es que con Dios no podemos jugar: El es Dios celoso, santo y no permitirá al hombre ofender con su pecado sin recibir las consecuencias. Alabado sea el Señor que por medio del sacrificio de su Hijo Jesucristo, ha provisto la salvación de su ira y la justa condenación de los seres humanos por el pecado. Quienes crean en el Señor Jesús son salvados de dicha ira; pero quienes rechacen al Hijo de Dios, solo les espera caer en manos del Dios vivo (Hebreos 10:31)

3. La recompensa del pecado

Entonces Jehová despertó contra Joram la ira de los filisteos y de los árabes que estaban junto a los etíopes; y subieron contra Judá, e invadieron la tierra, y tomaron todos los bienes que hallaron en la casa del rey, y a sus hijos y a sus mujeres; y no le quedó más hijo sino solamente Joacaz el menor de sus hijos.
Después de todo esto, Jehová lo hirió con una enfermedad incurable en los intestinos.
Y aconteció que al pasar muchos días, al fin, al cabo de dos años, los intestinos se le salieron por la enfermedad, muriendo así de enfermedad muy penosa
(2 Crónicas 21:16-19a)

Lo que vemos es increíble: Joram recibió la carta y sea porque no le dio importancia a su contenido o porque era ya tan insensible a la voz de Dios que hizo caso omiso de sus advertencias. Joram decidió permanecer en su conducta pecaminosa y desechar la generosa oferta de perdón del Señor (Isaías 55:7), trayendo sobre si mismo y sobre su familia la ruina; pues en efecto, Dios levantó a los filisteos y los árabes para que mataran a su familia (aunque su impía esposa se libró del castigo, momentáneamente) y luego de dos años de penosa agonía murió de la enfermedad que se le había anunciado.

Somos responsables delante de Dios por nuestra vida

Lo que mas me sorprende de este relato es que en ningún momento, ni antes ni en medio de la enfermedad que lo llevo a la muerte hizo siquiera un intento de arrepentirse, de buscar a Dios y su misericordia sobre lo que estaba viviendo que era exactamente lo que la carta del profeta Elías, recibida años atrás, le decía que iba a pasar!

Y esto es lo terrible del pecado: nos ciega a la realidad de que estamos desesperadamente necesitados de Dios. En un orgullo tremendo, el rey Joram jamás de dignó a humillarse ante el Señor. Prefirió sufrir la perdida de su familia y los horribles dolores de la enfermedad que padeció antes que volverse a Dios y buscar su perdón. Vivió una vida separada de Dios, y así murió, en soberbia y orgullo contra el Dios que podía librarle de la enfermedad y la muerte.

no encendieron fuego en su honor, como lo habían hecho con sus padres. Cuando comenzó a reinar era de treinta y dos años, y reinó en Jerusalén ocho años; y murió sin que lo desearan más. Y lo sepultaron en la ciudad de David, pero no en los sepulcros de los reyes”   (2 Crónicas 21:19b-20)

Y así concluyó tristemente la vida del rey Joram: sin honor, en la soledad de la desobediencia y sin la dignidad que debía su investidura. Perdió familia, salud, honor, dignidad, respeto, todo. Que triste final, pero previsible para alguien que en todo momento rechazó a Dios y no lo tomó en cuenta.

¿Cuan parecidos podemos ser ahora en estos tiempos? La Palabra de Dios nos advierte claramente acerca de las consecuencias de nuestros pecados, si persistimos en ellos. Tenemos la oferta de perdón y salvación de Dios por medio del Señor Jesucristo, pero ¿lo hemos considerado? ¿Hemos acudido al Salvador para librarnos de la ira venidera? O ¿simplemente vivimos nuestra vida “haciéndonos de la vista gorda”, pensando que a nosotros no nos pasara nada?

La Palabra de Dios es clara: los que rechazan al Hijo de Dios, ya han sido condenados (Juan 3:18). Evitemos una nueva crónica de una muerte anunciada. Corramos al Señor, El es fiel y justo para perdonar nuestros pecados y limpiarnos de toda maldad (1 Juan 1:9)

 

Amen!