En muchos momentos de mi vida me he equivocado. Y ojala fueran errores nuevos; pero la verdad es que muchos de ellos han sido repeticiones de equivocaciones pasadas que, en vez de haber aprendido la lección y superado este tema, he vuelto a tropezar en la misma piedra.

Cuando uno pasa por esos momentos no es bonito, porque uno se siente frustrado, incapaz de poder seguir a Dios correctamente, al considerar nuestra propia debilidad en contraste con las altas normas de la Palabra de Dios. Sin embargo, no debemos olvidar que Dios nos ama en todo tiempo, no solo en nuestros mejores momentos, sino también en los peores. El “no apagará la caña cascada ni el pabilo que humea”, sino "que “nos fortalece y consuela con toda consolación en nuestras tribulaciones”.

arrepentido

Veamos lo que la Palabra de Dios nos dice con respecto a los tropiezos:

Acepta la realidad: Los niños tropiezan

“Y cualquiera que haga tropezar a alguno de estos pequeños que creen en mí, mejor le fuera que se le colgase al cuello una piedra de molino de asno, y que se le hundiese en lo profundo del mar.
¡Ay del mundo por los tropiezos! porque es necesario que vengan tropiezos, pero ¡ay de aquel hombre por quien viene el tropiezo!
Por tanto, si tu mano o tu pie te es ocasión de caer, córtalo y échalo de ti; mejor te es entrar en la vida cojo o manco, que teniendo dos manos o dos pies ser echado en el fuego eterno.
Y si tu ojo te es ocasión de caer, sácalo y échalo de ti; mejor te es entrar con un solo ojo en la vida, que teniendo dos ojos ser echado en el infierno de fuego”
(Mateo 18:6-9)

Si vemos el contexto de este pasaje, en los versos 1 al 5 del capítulo 18 de Mateo, el Señor está describiendo a los creyentes como niños. No sólo eso, sino que el Señor dice que si no nos hacemos como niños, no podremos entrar en el reino de los cielos. Esto habla de la fe y confianza que la persona debe tener al acercarse al Señor, así como de las cualidades espirituales de un creyente al inicio de su carrera cristiana: a similitud de un niño, un nuevo creyente es inmaduro en la fe, no tiene aún la suficiente fuerza, ni dependencia a Dios, ni discernimiento en las cosas espirituales para poder evitar cometer errores y sufrir tropiezos.

Esa misma inmadurez espiritual nos lleva a sufrir errores por causa de nuestra propias malas decisiones y por causa de terceros, quienes pueden inducirnos de alguna manera a cometer pecado contra Dios. El Señor Jesús en el texto arriba mencionado nos habla de los dos casos. “Es necesario que vengan los tropiezos” dice el Señor; pero pobre quien hace tropezar a los hijos de Dios. Es igual si hablamos de errores cometidos por nosotros mismos; sin embargo, el Señor aquí nos dice que seamos radicales: si ya no es una persona ajena a nosotros, sino que se trata de nosotros mismos, debemos estar dispuestos a cortar con aquello que nos lleva al pecado. Nuestra mano representa a aquellas cosas que estamos haciendo que están mal: hábitos, pecados, acciones que son contrarias a la Palabra de Dios. Nuestro pie representa la dirección que esta llevando nuestra vida: metas, anhelos, deseos que son contrarios a la Palabra de Dios. Nuestro ojo representa lo que estamos viendo, como vemos el mundo y las circunstancias que nos rodean. Debemos quitar la mirada de aquello que nos distraiga de la comunión con el Señor.

Entonces, si los tropiezos vienen por situaciones ajenas a nosotros, es necesario que pasen porque el Señor nos está probando, enseñando cosas que necesitamos aprender para ganar la experiencia y madurez al responder a estas pruebas de acuerdo a la Palabra de Dios.

pero el alimento sólido es para los que han alcanzado madurez, para los que por el uso tienen los sentidos ejercitados en el discernimiento del bien y del mal” (Hebreos 5:14)

Y si son cosas que nosotros mismos estamos haciendo: paciencia, es necesario que vengan los tropiezos. Somos aun inmaduros en la fe, necesitamos seguir aprendiendo de la Palabra de Dios y decidir en función a lo que ella nos dice, no lo que nosotros pensamos. Y después de conocer la Palabra de Dios, debemos decidir cortar con todo aquello que nos aleja de la comunión con el Señor.

 

Debemos madurar espiritualmente para poder tener la capacidad de obedecer a Dios y cometer menos errores

Acepta la realidad: otros van a tropezar y debes perdonarlos

“Dijo Jesús a sus discípulos: Imposible es que no vengan tropiezos; mas ¡ay de aquel por quien vienen!
Mejor le fuera que se le atase al cuello una piedra de molino y se le arrojase al mar, que hacer tropezar a uno de estos pequeñitos. 
Mirad por vosotros mismos. Si tu hermano pecare contra ti, repréndele; y si se arrepintiere, perdónale.
Y si siete veces al día pecare contra ti, y siete veces al día volviere a ti, diciendo: Me arrepiento; perdónale”
(Lucas 17:1-4)

Este es un pasaje paralelo al mencionado anteriormente; sin embargo, el Señor Jesucristo hace un énfasis diferente aquí. Nos dice ya no que los tropiezos son necesarios sino que son inevitables: es decir, van a venir tropiezos de todas maneras. Con lo que hemos visto sobre la razón de los tropiezos, es mas fácil aceptar esta verdad. Es necesario e inevitable que vengan los tropiezos si hemos de ser tratados por Dios para asemejarnos a la imagen del Hijo de Dios, así como debemos ser tratados en nuestros corazones para el servicio, para el ministerio. Nuestros corazones orgullosos, carnales, insensibles a Dios deben ser entrenados en las arenas del desierto de las pruebas con el fin de ser útiles al Señor.

Además, el Señor nos da ahora otro panorama: nuestros hermanos van a pecar contra nosotros. Sus tropiezos nos van a afectar, y ten por seguro que los tuyos van a afectar a alguien mas. Pero ¿que nos dice el Señor? Repréndele, lo que nos habla de que las cosas no queden ocultas, sino que se hablen, y que haya arrepentimiento y perdón. El Señor nos esta dando los fundamentos de una buena relación: una buena comunicación, aun en los momentos difíciles de la ofensa, y el perdón sincero. Si siguiéramos estas pautas, cuantos problemas nos ahorraríamos, o cuantas rencillas podríamos solucionar ¿no es cierto?

Debemos entender que otros tambien tropezaran asi como nosotros

Una ultima palabra acerca de los tropiezos

“Y habrá allí calzada y camino, y será llamado Camino de Santidad; no pasará inmundo por él, sino que él mismo estará con ellos; el que anduviere en este camino, por torpe que sea, no se extraviará    (Isaías 35:8)

Dios es misericordioso y bueno. Ha escogido aún utilizar las pruebas y tropiezos nuestros para manifestarse y glorificarse (Romanos 8:28). El se mueve aún en nuestras imperfecciones y podemos confiar en que no tropezaremos demasiado como apartarnos de la mano del Señor. El ha prometido que estará con nosotros en todo tiempo, no solo cuando todo va bien, sino también cuando estamos dolidos, frustrados, equivocados y caídos.

El Señor es el alfarero y nosotros somos barro en sus manos. Confia en Dios!

El es fiel aunque nosotros no lo seamos. ¡Gloria a Dios! Así que si te sientes mal por tropezar, entiende que es necesario. Dios sabe lo que hace y no le sorprende tu reacción. El te conoce mas de lo que tu te imaginas (Salmos 139:1-6). Eso no significa que te tienes que rendir: para nada, sino que tienes que pelear con mas ímpetu, sabiendo que tu Dios esta de tu lado, en los buenos momentos y también cuando mordemos el polvo.

Amen!