Hoy día quiero meditar en la perspectiva correcta que debemos tener acerca de nosotros mismos. Tenemos como creyentes un potencial, es cierto, pero no nos pertenece a nosotros ni se encuentra supeditado a nuestras capacidades o fortaleza. Mas bien, es un regalo de Dios por la fe que hemos depositado en nuestro Señor Jesucristo.

En la medida que podamos entender que es lo que Biblia nos enseña acerca de la perspectiva que debemos tener de la vida cristiana, mas fácil nos será poder descansar en Dios y mas esperanza tendremos en la verdad de que nos encontramos en las manos del Señor, lo cual para nada desmerita o anula nuestros esfuerzos: con todo el corazón debemos buscar amar y servir al Señor con todas nuestras fuerzas; pero hallaremos consuelo en saber que Dios ha provisto todo para nuestro desarrollo y gozo en la fe del Señor Jesús.

La vida cristiana es una carrera de largo aliento

El apóstol Pablo en la 2 carta a los corintios se encuentra defendiendo su apostolado y ministerio con los gentiles, con respecto a los falsos maestros que lo acusaban de muchas cosas; entre ellas, debilidad (2 Corintios 10:10). Es interesante notar que Pablo no niega la debilidad que posee; pero la enfoca: Si, Pablo es débil, pero no en el sentido en que lo querían mostrar los falsos maestros que lo atacaban. Pablo, como todo creyente es débil, vulnerable y dependendiente de Dios. No se confiaba ni basaba el éxito de su ministerio en su capacidad intelectual, sino que reconocía que su capacidad venia de Dios (2 Corintios 3:5); asimismo, su fortaleza no provenía de el mismo, sino de quien moraba en su interior.

Al examinar estos versos, podremos entender el motor y la fuerza detrás de la vida de este gran apóstol, y ruego a Dios nuestros ojos sean abiertos a tan hermosa y sublime realidad:

“Porque Dios, que mandó que de las tinieblas resplandeciese la luz, es el que resplandeció en nuestros corazones, para iluminación del conocimiento de la gloria de Dios en la faz de Jesucristo. Pero tenemos este tesoro en vasos de barro, para que la excelencia del poder sea de Dios, y no de nosotros, que estamos atribulados en todo, mas no angustiados; en apuros, mas no desesperados; perseguidos, mas no desamparados; derribados, pero no destruidos” (2 Corintios 4:6-9)

1. El creyente es un vaso de barro

En los tiempos bíblicos, el barro era utilizado por la gente común para confeccionar vasijas que utilizaban en su vida diaria. El barro era un material común, frágil y reemplazable. Sin embargo, al ser horneado y procesado, permitía hacer vasijas que eran resistentes al duro trato y a las inclemencias del tiempo. El barro entonces, así procesado, se volvía en una vasija muy útil para diversos propósitos: guardar alimentos, objetos valiosos, para la alimentación, etc.

 

La vida del creyente se asemeja al proceso de formación de un vaso de barro

Es interesante que el apóstol Pablo dice que los creyentes somos vasijas de barro, comunes, frágiles (pero a la vez resistentes) y reemplazables. Es decir, no somos nada especial, ni somos llamados a ser “súper estrellas” o gente “súper especial”, llamativa por ser exitosos, grandes, populares e influyentes. Si somos honestos ante el Señor y ante nosotros mismos debemos reconocer que tenemos muchos defectos, luchamos contra nosotros mismos, pasamos tribulaciones y momentos duros, somos tercos, orgullosos, obstinados, nos es fácil juzgar y criticar a otros, y una larga lista de "cualidades". Aún así, tenemos un tesoro, el cual no es nuestro, sino que reside en nuestro interior: tenemos el conocimiento de la gloria de Dios en la faz de Jesucristo, a través del Espíritu Santo que mora en nuestro interior. El evangelio del Señor nos ha resplandecido a nosotros, y hemos sido salvados por la fe en el Señor, la cual nos ha sido dada por Dios.

 

2. El creyente tiene un tesoro que le garantiza el verdadero éxito

El tesoro de la presencia del Espíritu Santo en nosotros es una bendición sin igual, la cual nos garantiza el verdadero éxito. En la soberanía de Dios, le ha agradado permitir que vivamos con ese tesoro glorioso pero rodeados de debilidad: aun tenemos muchas batallas que pelear; pero todo creyente verdadero jamás perderá la guerra. Pablo nos explica la naturaleza de nuestra debilidad y como en Dios somos mas que victoriosos:

  1. “Atribulados mas no angustiados”: En medio del sufrimiento, los problemas y las situaciones difíciles, los creyentes no podemos estar angustiados, temerosos ni ansiosos. Podemos “echar toda nuestra ansiedad sobre el, porque el tiene cuidado de nosotros” (1 Pedro 5:7), sabiendo que tenemos un “Padre celestial que sabe que tenemos necesidad de todas estas cosas” (Mateo 6:32)
  2. “en apuros mas no desesperados”: Cuando no sabemos que hacer y todo es incierto, realmente no estamos desesperados y sin salida; hay algo que con seguridad podemos hacer: acercarnos al Señor en oración, sabiendo que si “lo reconocemos en todos nuestros caminos, el enderezará nuestras veredas” (Proverbios 3:6). Podemos confiar en que el Señor nos enseñe a hacer su voluntad y que “tu buen Espíritu nos guie a tierra de rectitud” (Salmos 143:10).
  3. “Perseguidos mas no desamparados”: En medio de la persecución, el rechazo, la soledad y la incomprensión por causa de nuestra fe podemos saber que Dios no nos desampara. El esta con nosotros “todos los días, hasta el fin del mundo” (Mateo 28:20b) y que justamente esa persecución es prueba de “que el glorioso Espíritu de Dios reposa sobre nosotros” (1 Pedro 4:14).
  4. “Derribados pero no destruidos”: Podemos caer en pecado en algún momento, o en desánimo; pero son momentáneos. El creyente verdadero sabe que puede y debe acudir “al trono de gracia para alcanzar misericordia y hallar gracia” (Hebreos 4:16) y que si “confesamos nuestros pecados, El es fiel y justo para perdonar nuestros pecados y limpiarnos de toda maldad” (1 Juan 1:9)

¿Cual es el resumen de estos puntos? “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece” (Filipenses 4:13) y “somos mas que vencedores por medio de aquel que nos amó” (Romanos 8:37). ¡Tenemos verdadera victoria en Cristo Jesús!

 

Podemos encontrar verdadero éxito en las manos de Dios

No sólo somos barro en las manos del Señor, sino que somos moldeados para su servicio: somos llamados a ser vasos de honra y gloria para El. No somos nada especial, sin embargo somos portadores de la gloria de Dios por el Espíritu Santo que mora en nosotros y nos guía a toda verdad. Y eso, es el mayor tesoro que un ser humano puede aspirar. Por mas situaciones difíciles que podamos pasar, la Biblia declara que somos victoriosos: Dios nos tiene en sus manos, nos esta moldeando para su gloria y honra, y podemos confiar en que Dios cumplirá sus propósitos en nosotros (Salmos 138:8)

 

Amen!

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