¿A quien de nosotros les gusta aceptar que somos débiles? ¿Quienes de nosotros disfrutamos de pasar por momentos de debilidad? La mayoría de nosotros preferiríamos no tener que pasar por momentos así pero la verdad es que suceden. Estos tiempos nos enfrentan con la verdad de que no somos tan fuertes como tal vez pensamos que somos y sacan a la luz aspectos de nuestro carácter que no conocíamos.

En estos momentos nada agradables, muchos pueden sentirse tan desilusionados consigo mismos que nunca vuelven a levantar el vuelo, otros se enredan en un espiral de luchas y derrotas que parece nunca terminar, donde la impotencia y la vergüenza son las únicas compañías, y otros simplemente se vuelven cínicos, “aceptando” sus fallas y debilidades, adaptándose a ellas y no haciendo el mínimo esfuerzo por superarlas.

El peor aspecto de esto es cuando algunos de nosotros tomamos la actitud de enmascarar nuestras fallas y debilidades, enfocándonos en proyectar una imagen de fortaleza, auto suficiencia y prosperidad, con el fin de transmitir una imagen de lo que no somos a quienes nos rodean. Esto es muy nocivo porque terminamos engañándonos a nosotros mismos, eximiéndonos de la responsabilidad personal por el crecimiento y la santidad, y juzgando a otros por los mismas cosas que nosotros cometemos pero que sabemos ocultar tan bien.

Dar una impresión falsa de lo que somos nos aleja de aceptar la realidad de nuestros problemas y debilidades

Sin embargo, la Palabra de Dios nos enseña que Dios, en su soberanía, permite en algunos casos que mantengamos ciertas luchas, debilidades y padecimientos durante algún período de tiempo (a veces puede ser para toda la vida) con un propósito bueno y justo, de acuerdo a sus sabios propósitos. Podemos y debemos confiar en que los caminos del Señor no son como los nuestros y que definitivamente, todo lo que hace el Señor redundará en el beneficio de sus hijos.

Para esto, quiero meditar con ustedes en el testimonio del mismo apóstol Pablo, quien experimentó de primera mano como aún la debilidad puede ser usada por Dios para glorificarse y para bendecir a sus hijos.

 

1. El propósito de la debilidad y la prueba

“Y para que la grandeza de las revelaciones no me exaltase desmedidamente, me fue dado un aguijón en mi carne, un mensajero de Satanás que me abofetee, para que no me enaltezca sobremanera  (2 Corintios 12:7)

Las debilidades, padecimientos y sufrimientos tienen un propósito en las manos de Dios. Pablo nos dice versículos anteriores que había recibido revelaciones y visiones muy especiales de parte de Dios, los cuales habían sido dadas por Dios a su vida como parte del trato que el Señor tenía con su siervo. “Y para que la grandeza de las revelaciones no me exaltase desmedidamente” dice el apóstol y aquí esta la clave del porque Dios permitía la debilidad, prueba y lucha en la vida de su siervo: para evitar que su percepción de si mismo se alterara en mayor medida de la que debía; es decir, para evitar que Pablo pensara que recibía estas cosas de parte de Dios debido a algo especial en el, su carácter y llamado.

El ser humano es por naturaleza egoísta y orgulloso, apartado de Dios y ansioso por gobernar su vida a su propia manera. En Cristo, somos nueva criatura (2 Corintios 5:17) pero aún luchamos con estos pecados (Gálatas 5:17). Entonces, como hijos de Dios, en el proceso del crecimiento hacia la madurez cristiana, nos encontraremos con momentos donde tenemos que enfrentar nuestras debilidades. Algunas veces caeremos en la tentación, otras saldremos victoriosos; pero la finalidad de Dios no es exponernos al sufrimiento, sino que desarrollemos la óptica adecuada de nosotros mismos y de como podemos encontrar victoria aún en medio de las debilidades, tentaciones y pruebas: Aún luchamos contra nuestra naturaleza pecadora y a menos que corramos a buscar a Dios y dependamos de su fuerza y poder para vivir una vida agradable al Señor, siempre encontraremos el fracaso, la vergüenza y el dolor de sucumbir ante nuestra impotencia, debilidad y frágil determinación de obedecer a Dios y vivir para El.

El aguijón en la carne de Pablo que Dios permitió tenía un propósito

2. La reacción del hombre ante la debilidad y la prueba

“respecto a lo cual tres veces he rogado al Señor, que lo quite de mí (2 Corintios 12:8)

¿Cual es la reacción natural del hombre ante la debilidad, ante el hecho de sentirse y saberse vulnerable? Pues la reacción es: ¡No lo quiero!. Al ser humano no le gusta tener que pasar por esta situación. Preferiríamos ser fuertes y no tener que depender de nadie, incluso de Dios. El ser humano siempre tiene la tendencia a la auto suficiencia.

Pero Dios es sabio y las debilidades nos muestran a nosotros mismos que realmente necesitamos de Dios y de los demás. La verdad es que si reconocemos que somos débiles, entonces debemos buscar de Dios para poder salir de esa situación. Esa necesidad persistente del Señor nos moldea y forma en la humildad, dependencia y confianza en nuestro Padre Celestial.

Recordemos que la carne es contra el Espíritu. A nuestra naturaleza carnal no le gusta depender de Dios, ni reconocer con humildad que solo El nos puede dar el poder para vivir una vida victoriosa y agradable a Dios. Sea una enfermedad física, un pecado contra el cual luchamos, una falta de carácter, una prueba económica, todas tienen un propósito en las manos del Señor. Si dejamos de escapar de ellas y las enfrentamos, no en nuestro poder sino en el poder del Señor, sabremos que es lo que realmente Dios nos quiere enseñar y porque permite esa debilidad en nuestras vidas.

3. La gracia de  Dios es suficiente

“Y me ha dicho: Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad” (2 Corintios 12:9a)

La respuesta del Señor no deja de sorprendernos: No sólo se niega a quitar el aguijón de Pablo, sino que le dice que ya tiene lo que necesita para poder vencer y superar dicho obstáculo. Lo dijimos al inicio de este artículo: Dios, en su soberanía, permite que luchemos con ciertas debilidades con un propósito. Creo firmemente que una de las principales lecciones que todo creyente debe aprender es a no confiar en si mismo, sino reconocer que separados de Dios, realmente “nada podemos hacer” (Juan 15:5) y que debemos aprender a permanecer en el Señor siempre, en todo momento de nuestra vida.

Esto es sumamente difícil, pero no imposible, sobretodo si dejamos de lado nuestra arrogancia, auto suficiencia y vanidad; y reconocemos que no importa realmente el tiempo que tengamos de creyentes, los conocimientos que hayamos adquirido, lo fuerte que se haya desarrollado nuestro carácter, la agudeza de nuestra mente, lo mucho que hayamos servido al Señor o lo claro que tengamos muchos de los principios bíblicos: somos humanos, sujetos al pecado, con un corazón que aún es engañoso y perverso, y por ende capaces de desmayar, flaquear y caer.

Entonces, ¿existe alguna garantía de que algún día nuestra obediencia será perfecta, de que habremos madurado totalmente, de que seremos confiables para el Señor? No, no existe tal cosa. No alcanzaremos dicho estado hasta cuando estemos en la misma presencia del Señor. Mientras tanto, lo único que tenemos como un firme ancla es la gracia de Dios. El nos ama, nos cría, nos ayuda, sostiene y usa no porque seamos en alguna medida especiales, sino porque El así lo ha decidido. Su gracia es todo suficiente para cualesquiera que sea nuestra necesidad. Su poder se muestra claramente cuando los vasos de barro empiezan a verse tal y como son y dejan de pensar que son jarrones de cerámica fina.

4. Fortaleza en medio de la debilidad

”Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de Cristo. Por lo cual, por amor a Cristo me gozo en las debilidades, en afrentas, en necesidades, en persecuciones, en angustias; porque cuando soy débil, entonces soy fuerte” (2 Corintios 12:9b-10)

¿Cual es la actitud de Pablo al respecto de la respuesta del Señor? Pues hay dos actitudes que Pablo toma en función de dos tipos de situaciones:

1. Se gloría en sus propias debilidades. Pablo tiene un “enorgullecimiento santo”; no por el, sino porque el poder de Cristo, su amor reposa en vasos frágiles, débiles y poco útiles. Dios ha decidido llamar y usar a lo vil y menospreciado de este mundo para avergonzar a lo sabio y fuerte en si mismo.

En medio de nuestra debilidad humana, podemos encontrar verdadera fortaleza con la provisión de Dios

2. Se goza en las debilidades y sufrimientos externos. Pablo siente gozo en medio de situaciones externas. Aquellas que debilitarían a un ser humano normal, para un creyente son oportunidades donde puede ser fuerte en Dios; donde puede vivir el amor, la confianza, la esperanza, la paciencia en Dios y en su Palabra. No existe realmente nada que nos pueda derrotar cuando aprendemos a refugiarnos bajo las alas del Señor.

Entonces, ¿de que se trata todo esto? De entender que las debilidades no son descalificatorias para un creyente, ni lo vuelven un hijo de Dios de “segunda clase”, lejos de aquellos fuertes, hermosos y victoriosos creyentes que no tienen ningún problema y muchos éxitos. Nada mas lejos de la realidad. Todos somos mendigos espirituales, hambrientos y sedientos de justicia, necesitados del amor y poder de Dios en nuestras vidas. Las debilidades, tentaciones, pruebas y angustias son usadas por Dios para abrir nuestros ojos, para que tomemos objetividad en reconocer que no somos ni tan fuertes, ni tan sabios, ni tan exitosos como pensábamos y que estamos urgidos en aprender a fortalecernos en el Señor y en el poder de su fuerza (Efesios 6:10)

Amen!