El día de hoy quiero meditar en el efecto que produce el mensaje de la cruz de Cristo en las personas. Sabemos que este es el centro de la fe cristiana: el sacrificio supremo de Dios por amor a la humanidad, a causa de nuestros pecados delante de El. También sabemos que Pablo divide al género humano en tres grupos principales: judíos, gentiles y la Iglesia de Dios (1 Corintios 10:32). Cada uno de ellos tiene ciertas características distintivas, las cuales son tan relevantes ahora como lo fueron cuando Pablo escribió sus cartas; y son estas marcas las que determinan el efecto que produce el mensaje de la cruz.

La cruz de Cristo es el centro de la predicación cristiana

Hay poder en la cruz de Cristo. El mensaje que salva es del Cristo crucificado por nuestros pecados en obediencia al Padre, y es en El en quien los hombres deben poner su confianza; por tanto, es a Cristo crucificado a quien debemos proclamar. Este Cristo crucificado es para los judíos tropezadero y para los gentiles locura; pero para los que salvan es poder de Dios. ¿Pero que significa este texto? La verdad es que encierra un tesoro de verdad espiritual asombroso que debemos apreciar y saber, para que nos encontremos en el grupo correcto.

Porque los judíos piden señales, y los griegos buscan sabiduría; pero nosotros predicamos a Cristo crucificado, para los judíos ciertamente tropezadero, y para los gentiles locura; mas para los llamados, así judíos como griegos, Cristo poder de Dios, y sabiduría de Dios”             (1 Corintios 1: 22-24)

1. La cruz ofende al orgulloso

La cruz de Cristo es tropiezo (gr. skandalon) para los judíos y para quienes están llenos de orgullo espiritual, justos a sus propios ojos, que creen que pueden conseguir la salvación por sus propios méritos, por su bondad y sus buenas obras. Esa era la característica de los judíos de esa época y de todos aquellos que confían en si mismos para poder acercarse al Señor. Miremos lo que dice Pablo con respecto a este tipo de personas:

He aquí, tú tienes el sobrenombre de judío, y te apoyas en la ley, y te glorías en Dios, y conoces su voluntad, e instruido por la ley apruebas lo mejor, y confías en que eres guía de los ciegos, luz de los que están en tinieblas, instructor de los indoctos, maestro de niños, que tienes en la ley la forma de la ciencia y de la verdad. 
Tú, pues, que enseñas a otro, ¿no te enseñas a ti mismo? Tú que predicas que no se ha de hurtar, ¿hurtas?
Tú que dices que no se ha de adulterar, ¿adulteras? Tú que abominas de los ídolos, ¿cometes sacrilegio?
Tú que te jactas de la ley, ¿con infracción de la ley deshonras a Dios?”
  (Romanos 2:17-23)

El Señor Jesucristo dijo que el no vino por los sanos sino por los enfermos y pecadores (Mateo 9:13, Marcos 2:17). El evangelio ofende a este tipo de personas porque declara que el hombre no puede hacer nada por acercarse a Dios, que la mejor de las obras de los hombres no contribuye en absoluto a ganarnos el favor delante de Dios (Isaías 64:6): el ser humano está muerto en sus delitos y pecados (Efesios 2:1), incapaz de acercarse a Dios por cuenta propia, ciego y apartado de todo lo bueno (2 Corintios 4:4, Romanos 3:10-12)

El orgulloso se ofende ante el mensaje de la cruz, porque desecha sus obras para acercarse a Dios

Los judíos creían que su linaje les daba por defecto la cualidad de ser agradables ante Dios, muchas personas  hoy creen que no son malas personas y que Dios debe salvarlos y amarlos por defecto, se consideran a si mismos “hijos de Dios” y sin embargo, viven de una manera disoluta, sin tener el menor interés en Dios y su Palabra. No nos engañemos, nos dice Pablo, Dios resiste al orgulloso y su único destino será el castigo eterno (Lucas 13:1-5).

 

2. La cruz ofende al intelectual

Asimismo, la cruz de Cristo es locura para los gentiles y para  quienes basan su esperanza en su inteligencia y sabiduría. Los griegos eran caracterizados por su énfasis en la razón, la inteligencia y la sabiduría, en ella basaban su esperanza. De la misma manera, ahora muchos hombres intentan racionalizar y analizar al Altísimo. Se encontrarán con que a Dios agradó que los hombres no lo puedan hallar en su propia sabiduría humana, débil, finita y corrompida; sino que sea conocido por medio de la fe en su Palabra y ese conocimiento lleve a la salvación por medio del convencimiento del Espíritu Santo.

Pablo nos llama a ser “ignorantes” en cuanto a nuestra propia sabiduría (1 Corintios 3:18-19); Jesús dijo que solo los niños entraría en el reino de los cielos (Marcos 10:14, Lucas 10:21). Esto no se refiere a que anulemos nuestra mente y nos volvamos torpes e ignorantes: habla de que debemos doblegar nuestra razón y ponerla a los pies de la revelación que Dios ha hecho de si mismo en su Palabra, dejando que el Espíritu Santo nos enseñe y guie en entender el plan y propósito de Dios, con fe y disposición como las de un niño pequeño.

 

El que pretende racionalizar y analizar a Dios se encontrará con que es imposible conocer al Altísimo en la caída sabiduría humana

3. La cruz salva a quienes creen

Sin embargo, dice Pablo, a los llamados por Dios, los que desechan su propia justicia y abrazan con fe el mensaje del evangelio de Jesucristo, para ellos el mensaje de la cruz es un mensaje de poder y sabiduría. Agradó a Dios salvar a los hombres por medio de la locura de la predicación (1 Corintios 1:21) y por la fe en Cristo los hombres pueden ser regenerados (2 Corintios 5:17), hechos nuevas criaturas, con un corazón nuevo, una nueva naturaleza que ya no está muerta sino que puede responder a Dios en fe, hechos hijos verdaderos de Dios, llamados a la vida eterna y sellados con el Espíritu Santo para ser protegidos, guiados, transformados hasta el día de la redención final, donde seremos transformados e iremos a morar con el Señor para siempre en los cielos.

El mensaje de la cruz, el evangelio, es poder de Dios para los que creen, los que son salvos por la fe en el Señor Jesucristo

Sólo el mensaje de la cruz, el evangelio puro y sencillo de nuestro Señor Jesucristo puede salvar a los hombres. Dios lo ha establecido de esa manera y los creyentes debemos proclamar ese mensaje. No se nos ha llamado a discutir sobre Cristo, a intentar convencer a las personas sobre El, se nos ha llamado a proclamar de El, de su sacrificio y su resurrección gloriosa. No salvaran a los hombres otra cosa que no sea la predicación; no de “valores”, sino del evangelio sangriento de la cruz, donde Cristo derramó su sangre por los pecados de los hombres, en cumplimiento de la justicia divina que demandaba la muerte por el pecado. Ni mas, ni menos.


¿Hemos de modificar nuestro mensaje sólo porque ofende el orgullo del carácter y el intelecto humanos? En ninguna manera, dado que es éste mensaje el único que puede traer salvación a los hombres perdidos. En ese sentido, tampoco debemos esperar resultados o la aprobación de Dios si es que negamos o dejamos de predicar a los demás la fe en el Cristo crucificado. Nuestro  mensaje debe ser cristocéntrico si queremos que la fe de los hombres sea genuina, sincera y salvadora.

 

Vídeo que nos lleva a reflexionar sobre la cruz de Cristo y su importancia en nuestra salvación.

 

Los hombres no pueden y no deben poner su esperanza en el pastor, en su predicación, su estilo personal, su oratoria o en actividades externas que la iglesia pueda realizar: la fe que salva es aquella que es traída por Dios mismo a hombres muertos en sus delitos y pecados por medio del Espíritu Santo, quien usa la proclamación del evangelio del Cristo crucificado en boca de sus mensajeros.

Amen!