Muchas veces en mi vida me he sentido vacío, seco, débil, tan alejado de Dios y tan inadecuado para hacer cualquier cosa para Dios que solamente es por la gracia y misericordia del Señor que he podido permanecer hasta el día de hoy. Esos días cuando no hay inspiración para escribir, ni fuerzas para orar, ni un panorama claro, ni paz en el corazón, ni tranquilidad en la mente son momentos terribles cuando no hay nada: absolutamente nada. No hay nada en que confiar, ni amigos a quien acudir, ni un consejo que satisfaga. Son tiempos especiales, definitorios, cruciales, donde el alma se entumece, el corazón se debilita, la mente se obnubila y la fe se oxida.

Tiempos de desesperacion y debilidad son potencialmente una bendicion en Dios

Sin embargo, estos momentos son el justo y preciso tiempo para entender que no se trata de mi, ni de mis problemas, ni de lo que yo sienta o piense. Son los momentos cuando soy mas vulnerable, sincero y honesto ante el único que realmente me conoce: mi Dios.

Es justo el momento en que puedo dejar de ser egoísta, torpe, necio, obstinado y abandonarme en los brazos de mi Salvador, el cual no solo me conoce sino que lo conoce todo, mis mas íntimos pensamientos y motivaciones. Las personas nos pueden fallar (y de hecho lo harán) pero en Dios tenemos esperanza segura para el alma.

No se tu, pero en esos días, cuando toco fondo es cuando mas necesito estar de rodillas ante el Señor. No quiero comportarme de manera inmadura, deprimiéndome, auto compadeciéndome. No, eso es de niños. No significa que no me sienta triste, angustiado, ansioso; pero no quiero vivir en base a lo que siento.

Siempre hay esperanza en Dios

Prefiero fortalecerme en el Señor y en el poder de su fuerza (Efesios 6:10). Porque cuando soy débil, entonces mi Dios se puede glorificar en mi. No hay mayor fortaleza en la vida de un cristiano cuando llegas a tu limite, tocas fondo, reconoces que realmente no eres nada y que sin Dios eres un cero a la izquierda, que lo necesitas como el aire, en todo tiempo y en todo lugar.

"respecto a lo cual tres veces he rogado al Señor, que lo quite de mí. Y me ha dicho: Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad. Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de Cristo"                      (2 Corintios 12:8-9) 

Ojo! Su gracia no te quita la debilidad, la usa para mostrar con claridad el poder de Dios. Quiere decir que Dios usa esos tiempos para lograr que tu hagas lo que no podrías hacer en tus propias fuerzas, de tal manera que es evidente que es Dios quien lo hace, no nuestra fuerza, habilidad, carácter, claridad o sabiduría.

Si nos preocupáramos mas en buscar ser necios y débiles ante Dios para recibir su fuerza, en vez de preocuparnos por aparentar ser santos, fuertes, exitosos ante los hombres, ¿cuantas cosas habríamos logrado ya para el Señor? Pero eso requiere que para nosotros sea mas importante la alabanza de Dios que la de los hombres.

 

Amen!