Vanidad de vanidades, dijo el Predicador, todo es vanidad”  (Eclesiastés 12:8)

“Vanidad de vanidades, todo es vanidad” dijo el Predicador y no le faltaba razón. En ultima instancia, en el análisis final de todas las cosas, nada en este mundo es permanente, ni confiable, ni seguro. El hombre se agota todos los días de su vida por conseguir mejorar, superarse, ser feliz y tener una vida mejor. Lo que no se da cuenta es que en este empeño, se le va la vida: este precioso, pero limitado, tiempo que nos ha sido dado sobre esta tierra.

Vanidad de vanidades, todo es vanidad

Pero esto no es todo lo que dijo el Predicador; también dijo que la vida “debajo del sol” era vanidad y aflicción de espíritu (Eclesiastés 2:17). Esto es la llave para entender la filosofía aparentemente pesimista de este hombre: Que triste es en verdad la vida para una persona cuya mayor aspiración es ella misma, cuyo centro y meta es su propia felicidad y su auto realización. Es triste porque este mundo es cruel, traicionero, rutinario, aplastante, sofocante y te encierra en una carrera interminable por obtener algo de gozo, paz, felicidad, comodidades y placeres.

Por un poco de felicidad, personas son capaces de vender sus convicciones, de permanecer al lado de alguien que saben que no los ama, de dañar a otras personas, ser egoístas y astutos. Es mejor, para estas personas, vivir con un espejismo, una fantasía que enfrentar la realidad: viven esclavos de sus propios deseos, viviendo una vida de mentira, sin libertad, ni verdadero amor, ni un rumbo fijo.

No puedes amar al Señor y a las riquezas a la vez

El Señor Jesucristo dijo que:

Ninguno puede servir a dos señores; porque o aborrecerá al uno y amará al otro, o estimará al uno y menospreciará al otro. No podéis servir a Dios y a las riquezas”  (Mateo 6:24)

Y no lo dijo porque el dinero o las posesiones fueran malos en si mismos; sino que nuestro corazón es el que va detras de lo que ofrecemos. Todo este asunto se reduce a saber tras de que está yendo nuestro corazón: tras del Señor o detrás de los ídolos.


Esta es la vida “debajo del sol”, la vida del hombre cuando no mira al cielo, cuando a dejado a Dios de lado y no toma en cuenta sus mandamientos. Una vida así es triste, engañosa y agotadora. Una vida sin Dios, sin un Padre celestial, sin dirección, ni guía, ni protección, ni esperanza. Una vida sin conocer el verdadero amor. Con razón, el Predicador nos dice que TODO es vanidad (ilusión, mentira, etc.): todas aquellas cosas por las cuales el hombre se desespera son inútiles, todos aquellos aspectos de la vida del hombre cuando son puestos aparte de Dios no tienen un sentido ni propósito verdadero.

Con la mirada puesta en el Señor nuestro Dios

Pero, cuando vemos “sobre el sol”, cuando ponemos la mirada en Dios, su persona y obra, entonces entendemos el verdadero propósito y naturaleza del accionar del hombre: el todo (la sustancia, el propósito) del hombre es temer a Dios y guardar sus mandamientos. El hombre ha sido creado para relacionarse de manera inteligente, intima y permanente con su Creador. Esta relación es posible a través de la fe en el sacrificio del Señor Jesucristo en la cruz del calvario por nuestros pecados. Fuera de El, nada de lo que haga el hombre tiene verdadero sentido o trascendencia.

¿Como vives la vida, debajo del sol, o con la mirada y la confianza puesta en el Señor Dios?

“El fin de todo el discurso oído es este: Teme a Dios, y guarda sus mandamientos; porque esto es el todo del hombre”              (Eclesiastés 12:13)