Todo creyente es llamado a servir al Señor en la obra del ministerio. Hay algunas personas que son llamadas a un servicio especial, a consagrar su vida entera al servicio del Señor en la predicación de su Palabra, en las misiones, con los niños, con los jóvenes, etc.

Hay en ese sentido muchos creyentes con un llamado puntual y específico; pero si realmente quieres saber si ese llamado es sincero, si realmente viene de Dios y no es simplemente una emoción pues dale a dicha persona dinero, comodidades, mételo bajo presión, permítele que pase muchos problemas y déjalo buen tiempo en espera, sin que nada suceda. La mayoría de veces, aquel que declaraba a los cuatro vientos que estaba dispuesto a dejarlo todo por el Señor, que tenia una pasión incontrolable por Dios y su obra pasa a ser un pequeño destello tímido o en el peor de los casos, ni la sombra de lo que en algún momento fue. Muchas convicciones e intenciones mueren después de tiempos de presión, crisis o tentaciones.

El afan por el dinero destruye las convicciones

El afán por el dinero y las comodidades que se pueden obtener con el producen en la mayoría de las almas un letargo y un afán por obtener mas dinero que debilita, oxida y apaga las convicciones y la pasión por servir al Señor. La presión ahoga los sueños y retrae a aquellos que en un momento prometían dejarlo todo por causa de Cristo y su reino. Los tiempos de crisis y presión sacan lo peor de nosotros, muestran nuestro verdadero carácter y nos impiden ver claramente el panorama y las decisiones que debemos tomar. Y un largo tiempo de espera endurece a los mas fuertes, desanima, cansa, confunde y extravía a aquellos que dependen de sus emociones para vivir y tomar decisiones. En otros casos, una mala decisión en el área sentimental destruye ya no una, sino dos vidas que en un momento tuvieron tanto talento y potencial para servir al Señor.

Pero si este creyente ha sido llamado verdaderamente por Dios a su servicio se sobrepondrá a estas pruebas y obstáculos. En su corazón arde la llama sagrada del anhelo de servir al Señor, consagrarse a El y dedicarle toda su vida, sin importar nada mas. Uno que ha sido llamado por Dios no vive por sentimientos, sino por sus convicciones, no se detiene cuando otros lo critican y hablan mal de el, sino que espera en Dios y procura agradarle solo a El. Un siervo(a) de Dios no tiene tiempo para perderlo en peleas ridículas y absurdas, en jugar al cristianismo de 4 paredes, en ofrecer lealtad a los hombres, sino que su mirada esta puesta en el Señor y en la misión mundial de llevar el evangelio a toda criatura. Su lealtad es para su Señor y busca que estar ocupado en los negocios de su Padre. Uno que ha sido llamado por Dios siempre se encontrará sirviendo a Su Señor en alguna área, nunca tendrá excusas para no servirle, porque entiende que sólo existe para poner sus manos en el arado y no tiene permitido voltear la mirada atrás.

Pocos son los elegidos para servir al Señor

En resumen, uno que ha sido llamado por Dios no es de la mayoría, no pertenece al montón, no piensa como el promedio. No es mas ni menos que nadie, todo lo contrario: es llamado a servir a todos sin esperar nada a cambio. Sin embargo, su mente esta en las cosas de arriba. No lo vas a encontrar criticando a los demás, no lo hallarás perdiendo el tiempo, no lo vas a ver corriendo como los demás en un afán absurdo y triste por obtener, comprar, vender y alardear. No, un siervo(a) de Dios tiene la mirada, la mente y el corazón puesto en las cosas de arriba. Y por esto, no hay muchos. El mismo Señor declaró que la mies es mucha y los obreros pocos. Esto porque servir al Señor no es un juego y tal como Dios es santo, requiere que sus servidores sean tratados y probados para fortalecer su carácter, definir sus convicciones, madurarlos espiritualmente y encender sus corazones con la pasión por servir al Señor y obedecerle, viviendo en santidad.

" Así,  pues,  téngannos los hombres por servidores de Cristo,  y administradores de los misterios de Dios" (1 Corintios 4:1)

"Si alguno me sirve,  sígame;  y donde yo estuviere,  allí también estará mi servidor.  Si alguno me sirviere,  mi Padre le honrará" (Juan 12:26)

 

Dios quiera darnos el privilegio de pertenecer a esa raza en extinción, a ese grupo de élite, a ese comando especial llamado a caminar con el Señor, aprender de El, ser conformados a su imagen por el poder del Espíritu Santo y ser heraldos del evangelio bendito del Señor Jesucristo.

 

Amen!