Un creyente santo, sabio y humilde, dispuesto y confiable para el ministerio en la obra de Dios no se hace de la noche a la mañana ni por arte de magia. No lo hace apto para tal sagrada tarea su personalidad, sus talentos, su inteligencia, sus conocimientos, una billetera abultada, la cantidad de gente que conozca y los contactos que pueda tener. Por mas creatividad, relevancia e ideas frescas que tenga, eso no lo califica automáticamente para un ministerio aprobado por Dios.

Un creyente debe anhelar la santidad para servir al Señor

La Palabra de Dios nos enseña que aquellas cosas que son el sustento de un ministerio fructífero son la de adentro, las cualidades de carácter como la paciencia, la humildad, la prudencia, el tino para hablar (y para escribir), la sabiduría, la fe, la pasión por el servicio a Dios, el amor por los perdidos, etc. Estas cosas no se enseñan en un seminario bíblico, es mas nadie nos las puede enseñar. Estas se forman con el tiempo, por medio de pruebas, fracasos, tribulaciones, lagrimas, crisis, donde nuestro carácter y vida son expuestos a las inclemencias de la vida, para que aprendamos a discernir entre lo bueno y lo malo, y volvamos siempre en dependencia de rodillas a Dios. Es El, y nadie mas, quien nos forma de acuerdo a sus soberanos propósitos y sabiduría, en hombres y mujeres de Dios, quienes sean aptos y aprobados para servirle y agradarle.

Hoy el Señor me mostró que se necesita mucho tiempo y de su mano sabia para nuestra formación. Que los momentos críticos, por mas duros que sean, jamás apartaran a un verdadero creyente de las manos de Dios. Sera probado, entristecido, angustiado, pero jamás arrebatado de las manos del Padre. Saldrá de esa prueba fortalecido, con un poco mas de sabiduría, de paciencia, de humildad, cada vez mas apto para ser un vaso útil en las manos del Señor. Si hoy estas pasando momentos duros como yo los he pasado, ten animo y confianza en que nuestro Padre Celestial sigue estando el mando de todo. No has salido de los planes y propósitos del Señor. El te sigue formando aún, no porque confíe en ti o en mi, sino porque Dios es confiable. El es fiel y quiere usar a sus hijos. Pero antes de ello, debe formarlos, vaciándolos de si mismos y llenándolos de su amor, sabiduría y poder.

Estamos en las manos del Señor, el Alfarero

"Yo entonces dije:  ¿Quién eres,  Señor?  Y el Señor dijo:  Yo soy Jesús,  a quien tú persigues.
Pero levántate,  y ponte sobre tus pies;  porque para esto he aparecido a ti,  para ponerte por ministro y testigo de las cosas que has visto,  y de aquellas en que me apareceré a ti, librándote de tu pueblo,  y de los gentiles,  a quienes ahora te envío, para que abras sus ojos,  para que se conviertan de las tinieblas a la luz,  y de la potestad de Satanás a Dios;  para que reciban,  por la fe que es en mí,  perdón de pecados y herencia entre los santificados.
Por lo cual,  oh rey Agripa,  no fui rebelde a la visión celestial
"     (Hechos 26:15-19)

 

Yo entonces dije: ¿Quién eres, Señor? Y el Señor dijo: Yo soy Jesús, a quien tú persigues

Pablo tuvo que entender en primer lugar que era un perseguidor del Señor. En su propia justicia, el creía que servía a Dios; pero la verdad es que era un enemigo del Señor, aborrecedor de todo lo bueno y santo en este mundo. Tener una conciencia de nuestra propia pecaminosidad es fundamental para poder mantener una relación sana y creciente con el Señor. El orgullo es lo peor que un cristiano puede tener, sobretodo para con Dios.

 

Pero levántate, y ponte sobre tus pies

Pablo fue llevado del nivel donde se encontraba a un nivel diferente de vida. Fue transformado por el Señor en una nueva criatura y llamado a la santidad, no para su provecho y orgullo personal, sino para los propósitos de Dios. Dios no usa a un hijo suyo que no camine en santidad.

 

“porque para esto he aparecido a ti, para ponerte por ministro y testigo de las cosas que has visto, y de aquellas en que me apareceré a ti, librándote de tu pueblo, y de los gentiles, a quienes ahora te envío”

Pablo fue llamado a servir al Señor. Antes de eso debía ser tratado por Dios, pero la meta siempre estuvo desde el principio de su vida cristiana: ser un testigo de Jesucristo. Pasaron aproximadamente 13 antes de que el entrara de lleno en su llamado. Todo ese tiempo que paso fue usado por Dios para tratar en la vida de Pablo, cambiándolo del fariseo orgulloso, legalista y apasionado en el humilde siervo de Dios que conocemos.

 

“no fui rebelde a la visión celestial"

Pablo se sometió a la voluntad de Dios. No quiso hacer sus propios planes, no construyo su propia agenda. Espero el tiempo de Dios, pacientemente sirvio al Señor en todo lo que estuvo en su mano y cuando llego el tiempo de entrar en el ministerio de lleno, lo hizo con la plena certidumbre que nunca le dio la espalda al llamado de Dios. Hizo las cosas bien y el Señor lo bendijo grandemente.

No seamos rebeldes, sino sumisos a la voluntad del Señor

Que Dios nos ayude a no ser rebeldes a sus propósitos. Que la impaciencia no nos gane y sepamos esperar pacientemente el llamado de Dios. Que nos concentremos en aprender las lecciones que el Señor nos esta enseñando ahora mismo, pues son dadas a nosotros para formarnos. Que no olvidemos que seguimos en las manos del Señor, siendo formados por El, para un propósito glorioso: serle instrumentos útiles para la expansión del evangelio de nuestro Señor Jesucristo.

 

Amen!