Días como hoy, luego de una semana donde han pasado cosas muy tristes para mí y donde también he recibido noticias muy buenas, son días donde no tengo la menor "inspiración" (si se le puede llamar así) para escribir algo.

Días como hoy, cuando lo que nos sostiene es la firmeza de las convicciones tomadas tiempo atrás, cuando las emociones nos juegan una mala pasada, es cuando uno mira hacia atrás y se pregunta el porque de las situaciones vividas.
Días como hoy me pregunto ¿por que escribo? y si lo he hecho ¿por que seguir haciéndolo? ¿cual es el propósito?, lo cual me lleva a examinar no solo esta actividad sino todas las demás que realizo. Porque no hay peor cosa que vivir sin un propósito definido en la vida, sin pasión y sobretodo sin saber si lo que uno hace realmente vale la pena.

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Y este es un punto de quiebre en la vida de cada uno de nosotros: cuando queremos volar por encima de la rutina, cuando buscamos la trascendencia, cuando intentamos dejar un legado. Pero en la búsqueda de tal empresa, nos damos cuenta de que no tenemos nada que dejar: todo lo que somos no es nuestro, lo hemos recibido del Señor nuestro Dios, para un propósito definido y conforme a su soberana voluntad. El que lo hayamos recibido (y aun que lo usemos) no significa que entendamos para que lo tenemos. Muchos de nosotros caemos en el error de usar los dones que hemos recibido del Señor para provecho personal y, en el peor de los casos, para lucrar.

Al entender que nada de lo que tengo es mío, se me hace mas fácil comprender que mi vida, si bien es cierto es la suma (y a veces la resta) de las decisiones tomadas y sus consecuencias, esta bajo la mano de Dios todopoderoso, sujeta a su voluntad y guiada por su infinito amor. No necesito entenderlo, solo creerlo. Dios esta mas allá de mi razón o entendimiento. Sus caminos están muy por encima de los míos y su trato para con mi vida (y la de todos sus hijos), si bien es cierto esta marcada por el amor y la bendición, pasa muchas veces por el valle de sombra de muerte; porque nuestro Dios no nos dará lo que queremos sino lo que necesitamos, con el fin de conformarnos a la imagen de su Hijo Jesucristo.

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¿Por que escribo? Porque el Señor me dio ese don: no es mío, ni me toca juzgar si es bueno o malo. No debo usarlo para mi provecho personal, solo para aquello para lo cual me lo fue dado: para dar testimonio del evangelio de la gracia de Jesucristo, el cual nos amo, sacrificándose en la cruz del calvario para el perdón de nuestros pecados. Escribo porque Dios puso en mi corazón hacerlo. Nadie me obliga ni me pide que lo haga; espero que lo haga lo suficientemente bien como para que nadie me pida que lo deje de hacer. Escribo desde el fondo de mi corazón: de mis experiencias vividas, de lo que veo, siento, oigo y aprendo de la mano del Señor. No soy un gran "ungido", uno de esos grandes "apóstoles" que tienen las vidas resueltas y exitosas. Solo soy un torpe e inmaduro aprendiz que camina muchos metros detrás de su Señor, pero que día a día intenta seguirle. Y saben, desde esta perspectiva veo que mientras siga mirando al que me amo y me compro con su sangre, poco importa que hayan días como estos, cuando las ideas no concuerdan, cuando la inspiración no fluye, cuando las oraciones parecen no escuchadas, cuando no hay nadie alrededor: no importa realmente, porque no se trata de MI, sino de EL. Escribo porque estoy vivo, estoy vivo porque Dios me sostiene día con día, porque me salvo, me dio una esperanza, puso su Espíritu en mi y me sustenta con su Palabra.

Y mientras viva, seguiré escribiendo, hablando, predicando, enseñando de Aquel que cambio mi lamento en baile, de aquel que me saco de las tinieblas y la perdición a su luz admirable y a la vida eterna.

"Con mi alma te he deseado en la noche, y en tanto que me dure el espíritu dentro de mí, madrugaré a buscarte; porque luego que hay juicios tuyos en la tierra, los moradores del mundo aprenden justicia" (Isaías 26:9)

Así que mientras tengamos aliento, sigamos adelante, firmes en el llamado de nuestro Dios, para testimonio de la gracia de Jesucristo. ¿Sin inspiración, pasión, fuerza para obedecer a Dios? Pues, bienvenido a una de las batallas mas grandes en la vida cristiana; pero ánimo, mayor es el que esta en nosotros que el que esta en el mundo. Estamos en las manos del Señor y en su fuerza, todo lo podemos.

Por lo demás,  hermanos míos,  fortaleceos en el Señor,  y en el poder de su fuerza” (Efesios 6:10)

Amen!

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