Durante mucho tiempo he visto como muchas personas no tienen reparo alguno en colocar frases hirientes, sarcásticas, agresivas, de alto calibre o contenido claramente sexual en el facebook. Los tales, sin ningún tipo de cuidado por quien puede leer esos comentarios y sobretodo el testimonio que dé, no la persona, sino la fe que representa ante los demás, alegremente comentan, comparten, publican y se vanaglorian de aquello que debería avergonzarlos. Lo mismo sucede con las fotos, videos, “frases célebres” que de celebres no tienen nada, frases medianamente inteligentes que se postean como verdades axiomáticas del cristianismo, cuando no son más que dichos, mitos y en el mejor de los casos refranes, propios de personas que ni son creyentes ni han apoyado su supuesta sabiduría en la Palabra de Dios, sino en una filosofía atea, humanista y claramente adecuada a nuestra sociedad moderna, porque ahora lo exitoso tiene que caer bien y si no cae bien no debe ser verdad, sino algo antiguo y destinado a la caducidad.

Muchas veces lo mas sabio es quedarse callado

Por otro lado, dejando de lado la comunidad virtual, en las propias conversaciones y amistades cotidianas, vemos como padecemos de velocidad lingual: nuestra lengua va más rápido que nuestro cerebro y nuestros actos más rápidos que el sentido común y la prudencia. Y claro, los afectados siempre serán aquellos pobres que nos rodean, quienes son blancos de aquello que tiene a bien salir por nuestros labios. Y es que no está mal decir las cosas que uno piensa y siente. No está mal actuar de acuerdo a lo que uno cree: es más, creo que deberíamos ser más sinceros y coherentes con lo que creemos y dejar de lado tanta diplomacia que muchas veces no es más que hipocresía. Pero lo que sí está mal es hacerlo sin ningún tipo de cuidado y precaución sobre las consecuencias que estos actos infligen en los demás. Nuestros derechos siempre terminan donde empiezan los de los demás. Bíblicamente hablando: trata a otros de la manera en que te gustaría que te traten a ti. (Mateo 7:12)

 

Y es que mis queridos amigos y hermanos: la prudencia, el tino y el criterio ya son artículos de lujo en estos tiempos modernos. Preferimos movernos por sentimientos, por las circunstancias actuales, por cómo se van presentando las “oportunidades” en vez de hacerlo con sentido común, con una base sólida de principios que NO cambian con el tiempo y las ocasiones. Si así lo hiciéramos, cuan coherente seria nuestra vida, cuan satisfactoria en términos de desarrollo, crecimiento y buenas relaciones con quienes nos rodean. Definitivamente hablamos de un nuevo panorama de la vida si tomáramos decisiones sabias y llenáramos nuestra vida de la Palabra de Dios. Eso se reflejaría en nuestro pensar, sentir, decidir y vivir.

Mucho cuidado con lo que hablamos: refleja lo que hay en nuestro corazón

Personalmente prefiero quedarme callado que decir algo que hiera a alguien. Hay momentos y tiempos para decir las cosas. No por decir lo que pienso y ser un “ventilador de pantano” tirando barro a medio mundo soy más sabio, celoso o bíblico. El mismo Señor Jesucristo reservo sus palabras más duras solo a aquellos endurecidos religiosos que se oponían a creer en El, y eso solo como una manera de despertarlos de su letargo espiritual, del cual lamentablemente nunca despertaron. Por lo demás, el Señor es manso y humilde de corazón. Y eso es muestra en el hablar también. Y ahora, en tiempos modernos, también en el facebook.

 

Porque: El que quiere amar la vida Y ver días buenos, refrene su lengua de mal, Y sus labios no hablen engaño” (1 Pedro 3:10)

Si alguno se cree religioso entre vosotros, y no refrena su lengua, sino que engaña su corazón, la religión del tal es vana” (Santiago 1:26)

La blanda respuesta aplaca la ira; mas la palabra áspera hace subir el furor” (Proverbios 15:1)

Amen!