Una congregación anhela crecer, ser saludable y cumplir la voluntad del Señor. Pero eso no lo logrará buscando la “ultima revelación” del momento, buscando “unciones”, “guerras de altares” (¿?), “revelaciones” frescas y moveres nuevos del Espíritu Santo. Claro, todo eso suena muy motivador, desafiante: a quien no le gustaría conquistar su barrio, nación y continente para Cristo: pero viendo la realidad de las cosas, estamos bastante lejos de hacer eso que tantos y tantos prometen desde hace buen tiempo atrás. Excitar las emociones, exacerbar los ánimos y despertar la imaginación no son de ninguna utilidad para las verdaderas luchas y desafíos espirituales que enfrentamos todos los creyentes, y las congregaciones que están conformadas por estos.

En segundo lugar, una congregación no requiere de los últimos tips de la administración, ni de entrenamiento humanista de auto ayuda, con el fin de proporcionar lideres mas seguros de si mismos, colaboradores, capaces de trabajar en equipo y bajo presión. La iglesia es un organismo vivo; también es una organización, pero sobre todas las cosas es un organismo vivo, es el cuerpo de Cristo, conformado por pecadores salvados por la gracia de Dios, dirigidos por el Espíritu Santo y edificados por el Señor Jesús, en virtud de su promesa (Mateo 16:18) y en función a los dones y ministerio que El ha dado a cada creyente.

La iglesia: una multitud de pecadores salvados por la gracia de Dios para su servicio, gloria y honra

Tampoco una congregación necesita, como catalizador del éxito en las cosas espirituales, de los secretos para la prosperidad financiera, de las ultimas estrategias de la guerra espiritual, de amoldarnos y adaptarnos a la cultura o a la corriente del momento, ni demás inventos de hombres que tienen el entendimiento corrompido, que están hinchados de vanidad y que hablan cosas que ni saben ni entienden. La iglesia no es un centro de verdad mística, solo revelada para algunos gurús o super hombres. Es columna y baluarte de la verdad (1 Timoteo 3:15), puesta como luz en medio de las tinieblas para comunicar las verdades del evangelio a un mundo perdido, no para pelear una suerte de guerra de las galaxias moderna.

Por ultimo, una congregación no necesita ser mas grande, mas bonita, mas cómoda, mas “relevante”, mas consciente de su rol en la sociedad o mas cercana al dolor humano. No digo que la iglesia no deba servir y demostrar el amor de Dios al prójimo en necesidad, lo que digo es que esto no es el núcleo, el determinante para la salud de una congregación. Hacer tal cosa es desviarse de la necesidad fundamental del ser humano: la espiritual, producto de su pecado y alejamiento de Dios. Por supuesto que debemos amar, servir y procurar el bien a los demás; pero nuestro llamado principal es predicar el evangelio. De que sirve que alimente y vista a hombres, si nunca me preocupo por predicarles el evangelio y que sean confrontados con su pecado? Claro, ante la sociedad quedare como alguien amable, bueno y tolerante; pero ante Dios seré responsable porque nunca le mostré su pecado y su condenación eterna (Ezequiel 33:8).

Un pastor sabio, santo que presida la Iglesia del Señor

Entonces, ¿que necesita una congregación? Necesita de un pastor santo, sabio, lleno del Espíritu Santo y de la Palabra de Dios, que tenga las rodillas encallecidas por estar en la presencia de Dios en oración; que cuando se pare en el pulpito proclame “todo el consejo de Dios”, en el poder del Espíritu Santo, con el respaldo y la bendición de Dios. Un pastor así, proclamará fielmente la voluntad de Dios para su pueblo, traerá luz y esperanza para el desanimado, para el dolido, para el quebrantado. Proclamara la Palabra de Dios que confronta y quebranta al orgulloso pecador que no quiere arrepentirse de sus maldades. Traerá orden y una perspectiva bíblica sobre como resolver los problemas modernos con que lidiamos los creyentes en estos tiempos. Sera un oasis de vida para sus ovejas, quienes podrán escuchar la voz de Dios en sus labios. Una congregación que tiene un pastor humilde y humillado delante de Dios, no será tal vez una gran iglesia, reconocida y alabada por la sociedad; pero si será una iglesia que cumplirá la voluntad de Dios, con familias sanas, jóvenes anhelantes de servir al Señor, hombres decididos y ancianos dedicados a la oración.

Se dice que mientras el hombre busca mejores métodos, Dios solamente busca mejores hombres para usarlos como instrumentos de su poder. Oremos que estemos siempre bajo un pastor sabio, santo y que si Dios nos llama al santo ministerio, seamos hombres que puedan reflejar esas características.

Mi pacto con él fue de vida y de paz,  las cuales cosas yo le di para que me temiera;  y tuvo temor de mí,  y delante de mi nombre estuvo humillado.
La ley de verdad estuvo en su boca,  e iniquidad no fue hallada en sus labios;  en paz y en justicia anduvo conmigo,  y a muchos hizo apartar de la iniquidad.
Porque los labios del sacerdote han de guardar la sabiduría,  y de su boca el pueblo buscará la ley;  porque mensajero es de Jehová de los ejércitos
” (Malaquías 2:5-7)

Un pastor sabio, santo y con una vida de oracion sera siempre de bendicion para la iglesia

Amen!

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