Continuando con las reflexiones al evangelio de Lucas, hoy examinaremos el capitulo 3 de este hermoso libro. En los capítulos anteriores, habíamos visto que no existe nada imposible para el Señor, mas bien Dios todo lo hace con un propósito, el cual va desarrollando a lo largo de la historia. Por eso decimos que Dios es inmanente, es decir, se encuentra presente y activo en su creación. No es, como muchos suelen sugerir, una energía impersonal o un ser desinteresado de su creación. Por el contrario, el Señor esta muy pendiente de lo que sucede en el mundo, a que a pesar de las consecuencias del pecado y la rebeldía del hombre al hacer su propia voluntad, Dios obra en medio de ella para cumplir sus propósitos redentores.

En este capitulo 3 vemos el inicio del ministerio del mensajero del Señor: Juan el Bautista. Debemos tomar mucha atención a este siervo de Dios, porque en su ministerio podemos ver los principios que marcan todo ministerio agradable a Dios, el cual a su vez manifiesta las señales o pautas del mover u obrar de Dios en este mundo. Cuando me refiero a “mover” u “obrar” no lo hago con referencia a las “nuevas doctrinas” o “revelaciones novedosas” que muchos dicen traer en estos tiempos, arrastrando discípulos tras de si y trayendo tanto daño y confusión al cuerpo de Cristo. Me refiero a la línea de pensamiento y actuar que el Señor ha tenido a lo largo de toda la historia, la cual puede ser bien identificada en las Escrituras, cuyo inicio, sustancia, propósito y meta es la persona y obra de Jesucristo, para gloria de Dios Padre.

Dios tiene el control de todas las cosas

Entonces, vemos en este 3er capitulo de Lucas lo siguiente:

1. Dios habla a un hombre (Juan el Bautista) en particular en un momento particular de la historia. Juan se encontraba en una actitud particular: la de concentración y búsqueda de Dios, en el desierto (Lucas 3: 1,2). Y es que Dios siempre utiliza personas para sus propósitos, por ello, busca hombres y mujeres que tengan un corazón dispuesto a oír su voz, recibir una misión y actuar en consecuencia (2 Crónicas 16:9, Isaías 6:8).

2. El mover de Dios implica movimiento, demanda acción. Juan recorrió la región que tenia alrededor (Lucas 3:3). La obra de Dios demanda obediencia, lo cual no solo se traduce en intenciones, sino en acciones. La Biblia nos enseña a ser hacedores, no solo oidores de la Palabra (Santiago 1:22). Juan salió a predicar a los lugares que tenia a la mano. Que diferente a la actitud que tenemos ahora: en vez de ir, montamos un espectáculo en la iglesia y esperamos que la gente venga. Pero no es eso lo que vemos en la Escritura (Mateo 9:35, Mateo 28:19).

3. Implica el método autorizado por Dios para la comunicación del evangelio: la predicación. Juan anuncio las buenas nuevas de la salvación (Lucas 3:3). La Biblia nos enseña que Dios ha establecido que los hombres crean en el Señor Jesús por la fe (Romanos 10:17); pero han de tener fe cuando oigan la palabra. ¿Como oirán? (Romanos 10:14) Dios ha establecido que el medio autorizado es la locura de la predicación (1 Corintios 1:21). Las ideas que tenemos para realizar evangelismo (música, teatros, mimos, pinturas, etc.) son buenas y útiles en este mundo moderno; pero NO podemos prescindir de la predicación pues es el único método que Dios ha autorizado para la salvación de los hombres.

4. Contiene el mensaje de arrepentimiento y perdón de pecados. El mensaje de Juan el Bautista era corto, duro y contundente: confrontación  que buscaba el arrepentimiento para poder recibir el perdón de pecados (Lucas 3:3, 9, 17). Muchos tildarían a Juan de brusco, intolerante y legalista; pero su mensaje era completamente bíblico, respaldado por Dios y motivado por el amor a las personas. El ser humano debe darse cuenta que esta eternamente perdido en sus pecados y que necesita con desesperación al Salvador Jesucristo. Venir a Cristo sin arrepentimiento por mis pecados equivale a engañarme a mi mismo: no obtendré perdón por mis pecados y por ende seguiré viviendo en condenación (1 Juan 1:6, 8).

5. Confrontaba a las personas para que sean conscientes primero de su necesidad. Antes de ofrecer perdón, Juan mostraba la necesidad de las personas (Lucas 3:7-8). Juan habla de dos cosas claras en estos versículos: la inminencia del juicio de Dios sobre la humanidad por sus pecados, y advierte acerca de la falsa confianza que puede tener el ser humano al confiar en su pasado religioso, familia, costumbres, moral, en vez de depender únicamente en el Señor Jesucristo (Lucas 13:1-5).

Con cuanta urgencia necesitamos ahora seguir los pasos de Juan el Bautista y dejar de dar “consejos psicológicos”, “pastillitas para el dolor”, “consuelos vacíos” a la gente, dándoles un falso consuelo y una falsa esperanza acerca de su condición. La gente no necesita mejorar su autoestima, no necesita amarse mas o perdonarse a si misma. No necesitan “sanidad del alma”, o “cortar maldiciones”. Lo que necesitan es entender que sus problemas son causados porque son pecadores depravados, enemigos de Dios y de todo lo bueno, y que necesitan arrepentirse, correr a los pies del Salvador Jesucristo para recibir perdón y vida eterna. Todo lo demás es humanismo disfrazado de cristianismo, no sirve para nada y engaña a las personas, enviándolas al infierno.

Tenemos el encargo de predicar a Cristo crucificado

6. Cuando Dios obra, no hace acepción de personas. Juan el Bautista no tuvo temor o reparo en confrontar al pueblo en general, a los soldados o al mismo rey Herodes (Lucas 3:10-14, 19). Y es que la obra de Dios no hace acepción de personas, por cuanto TODOS necesitan la salvación por igual. Un hombre de Dios NO PUEDE y NO DEBE cambiar su trato, palabras y comportamiento con unas personas y con otras no. Es muy triste reconocer que hoy si no perteneces a un “grupo” en particular no eres aceptado. Si eres pastor no tienes el mismo trato que un “hermanito” cualquiera. Pero eso no es lo que vemos en la Biblia. Dios no hace acepción de personas, entonces ¿porque nosotros si lo hacemos? (Romanos 2:11, Santiago 2:1-9)

7. Apunta siempre hacia la persona de Jesucristo, no al mensajero. Una constante en la vida de Juan fue que siempre llamaba la atención de las personas no sobre si mismo, sino sobre el Señor Jesucristo (Lucas 3:15-17). La obra de Dios, y sus siervos, siempre deben tener como fundamento y como meta la persona y obra del Señor Jesucristo (1 Corintios 3:11). Creemos en Cristo, somos llamados por  Cristo, predicamos a Cristo, y exhortamos a las personas a arrepentirse y creer en El. Todo se trata del Señor Jesús y no existe obra de Dios que no sea de esa manera. La misma Escritura apunta al Señor Jesús (Juan 5: 39), y debemos seguir tal línea de pensamiento y acción.

8. La obra de Dios no excluye de padecimientos por causa de Cristo. Juan experimentó padecimientos por causa de su servicio fiel al Señor (Lucas 3:20). La Biblia nos dice claramente que nos ha sido concedido padecer por causa de Cristo (Filipenses 1:29), y que muchas veces Dios permitirá esas situaciones con un fin mayor y glorioso: perfeccionarnos en la paciencia y aun ser de fortaleza y consuelo para otros (2 Corintios 1:4, Santiago 1:2-3). Definitivamente la obra de Dios no es fácil, y no debemos engañarnos en pensar que servir a Dios necesariamente tiene que ver con lujosos hoteles, comodidades, fama y fortuna (Lucas 9:58). No somos llamados a ser “súper estrellas”, sino siervos (esclavos) del Señor Jesucristo. Mas claro no lo puedo decir.

9. El Señor Jesús se identificó con el mover de Dios a través de Juan el Bautista, cumpliendo así toda ley. Juan el Bautista empezó a predicar sin conocer quien era el Salvador que venia; pero cuando Jesús apareció en escena se identifico con el movimiento de Juan (Lucas 3:22). Dios confirma a sus siervos por medio de otras personas, quienes reconocen lo que Dios ha hecho en dicha persona. Dios no obra por medio de “llaneros solitarios”, quienes no tienen necesidad de nada ni de nadie. Vemos en la Escritura siempre gente trabajando en equipo; con dones y talentos que se complementan para poder realizar eficazmente la obra de Dios (Lucas 10:1, 1 Corintios 12:12, 2 Timoteo 2:2).

10. Dios Padre mostró su complacencia en Su Hijo Amado, quien sin necesitarlo se sometía a toda justicia humana con el fin de agradarle a El. Terminamos este capitulo viendo a Dios Padre mostrando su complacencia en Su Hijo, debido a su obediencia (Lucas 3:22). Podemos cerrar esta serie de principios que podemos extraer de este capitulo diciendo que la obediencia a Dios es la clave para un servicio a Dios que le sea agradable. Métodos, formas, aspectos novedosos pueden ser introducidos en nuestro servicio mientras no contradigan los principios de la Palabra de Dios; pero lo que no se puede obviar es la obediencia de corazón a la Palabra de Dios. El Señor bendice y respalda la obediencia: Juan fue el ejemplo de un siervo de Dios obediente, Jesús fue el ejemplo de la obediencia perfecta, hasta la muerte por causa de obedecer a Dios. Eso tiene que dejarnos reflexionando sobre como estamos sirviendo a Dios.

Se complace Jehová en los que le temen, y en los que esperan en su misericordia”  (Salmos 147:11)

La obediencia a Dios es el requisito indispensable para servir a Dios eficazmente


Conclusión

Jesús mismo se había sometido a la naturaleza humana. En los versos 23 al 38 vemos el linaje de Jesús por parte de José. Vemos en la lista nombres conocidos como Zorobabel, David, Judá, Jacob, Isaac, Abraham, Sem, Noé, Enoc, Set y Adán: hombres que a pesar de sus falencias caminaron con Dios, le creyeron y le obedecieron. El mover de Dios no se inició con el ministerio de Juan el Bautista, pues vemos en el linaje de Jesús como Dios había tenido una historia con cada uno de esos hombres, obrando para el momento preciso en que Su Hijo habría de venir al mundo (Gálatas 4:4).

¿Que implicaciones tiene este capitulo? Nos da luz sobre como reconocer el mover de Dios en la vida de la humanidad y en la nuestra en particular. Podemos confiar en que Dios sigue desarrollando su plan, y lo hace por medio de personas, personas frágiles y falibles como tu y como yo; usando las circunstancias comunes de la vida diaria, o interviniendo sobrenaturalmente con el objetivo de cumplir sus propósitos. Que la profunda lección de este capitulo nos anime a someternos a Dios y a su plan para nuestra vida, que nos motive a identificarnos con su manera de trabajar y que sea la norma para nuestro servicio hacia El. Que nuestras vidas muestren siempre a la persona de Jesucristo, su obra y su amor para con la humanidad.

Amen!

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