Hoy trataremos de examinar las evidencias de la deidad de Jesús, la cual el mismo proclamó cuando estuvo aquí en la tierra. Ciertamente ha habido muchos que se han atribuido divinidad, pero todos ellos han pasado y con ellos sus pretensiones. En el caso de Jesucristo es distinto, pues tenemos diversas evidencias que dan fe de sus reclamos como Dios. Se ha visto que los relatos del Nuevo Testamento son fuentes completamente fidedignas, dado su nivel de pureza con respecto a los manuscritos originales y a la cantidad de copias con respecto a otras obras literarias universalmente reconocidas. En ellos, los discípulos de Cristo testifican que Jesucristo es el Hijo de Dios y que sólo tenemos salvación por su nombre (Juan 20: 31, 1 Juan 1:1-3, Hechos 4:12)

Al examinar las evidencias de los reclamos de Cristo como Dios y Salvador del mundo, no podemos quedar sin responder

Examinemos brevemente algunos testimonios externos (fuera de la Biblia) que nos confirman la existencia de Jesucristo de Nazaret:

Evidencia histórica

El historiador romano Tácito del primer siglo, quien es considerado uno de los más precisos historiadores del mundo antiguo, menciona a los supersticiosos “cristianos”. Gaio Suetonio, historiador romano (70-160) secretario en jefe del emperador Adriano, escribió que había un hombre llamado Cristo que vivió durante el primer siglo.

Flavio Josefo es el más famoso historiador judío. En uno de sus libros se refiere a Santiago como, “el hermano de Jesús, a quien llamaban el Cristo.” En un punto de su libro dice:

Ahora, había alrededor de este tiempo un hombre sabio, Jesús, si es que es lícito llamarlo un hombre, pues era un hacedor de maravillas, un maestro tal que los hombres recibían con agrado la verdad que les enseñaba. Atrajo a sí a muchos de los judíos y de los gentiles. Él era el Cristo, y cuando Pilato, a sugerencia de los principales entre nosotros, le condenó a ser crucificado, aquellos que le amaban desde un principio no le olvidaron, pues se volvió a aparecer vivo ante ellos al tercer día; exactamente como los profetas lo habían anticipado y cumpliendo otras diez mil cosas maravillosas respecto de su persona que también habían sido preanunciadas. Y la tribu de cristianos, llamados de este modo por causa de él, no ha sido extinguida hasta el presente.” (Antigüedades. XVIII.33. (Comienzos del segundo siglo)

Por último, el Talmud de Babilonia confirma la crucifixión de Jesús en la tarde de Pascua, y las acusaciones contra Cristo de practicar la brujería y fomentar la apostasía judía.

Lo que Jesús dijo de sí mismo

Aun que podemos reconstruir la historia de la vida y obra de Cristo a partir de fuentes externas, no tendremos completa claridad del propósito de su vida y mensaje hasta que acudimos a las Escrituras, donde están registrados sus palabras y hechos. A ellos nos referiremos ahora:

Jesús durante su ministerio en la tierra hizo diversas afirmaciones que sólo podían atribuirse a Dios. Al inicio de su labor ministerial, El proclamó ser el Mesías esperado por los judíos (Lucas 4:16-21). También aclaró que el Mesías no sólo era un hombre descendiente de David, sino que también era Dios (Mateo 22: 42-46). En otra oportunidad se adjudicó el nombre divino YO SOY a si mismo (Juan 8:58). Proclamó a los fariseos la gran y profunda verdad de que El y el Padre eran uno en esencia (Juan 10:30). Dijo claramente a quienes le seguían que Él no era de este mundo y que si no creían en El como Dios, morirían en sus pecados (Juan 8: 21-24). Le dijo a María Magdalena que Él era la resurrección y la vida, y que podía darle vida eterna a los que creyeran en El (Juan 11: 25-26) y lo demostró públicamente resucitando a Lázaro de entre los muertos (Juan 11: 38-44). Afirmó a sus discípulos antes de ascender a los cielos que tenía toda autoridad sobre los cielos y la tierra (Mateo 28: 18). Jesús habló como nadie ha hablado en la historia de la humanidad (Juan 7:46), y todas sus palabras hallan respaldo en sus obras, en los registros históricos y en el testimonio de millones de vidas que han sido transformadas al encontrarse con Jesucristo por medio de su Palabra escrita: la Biblia.

Jesus enseñando la Palabra de Dios

Lo que Jesús hizo

Otro de los puntos importantes a considerar son las obras que Jesús hizo. Muchas de las personas que en un primer momento pudieran sentirse reacias a su mensaje, cambiaron su manera de pensar y ver a Jesucristo cuando vieron las obras de hacía, sobre todo si pasaban tiempo con El. Jesús enseñó a una multitud que tenía autoridad para perdonar pecados, sanando a un paralitico y dando evidencia visible con ello de atribuciones que sólo le corresponden a Dios (Lucas 5: 24-26). Jesús también demostró autoridad sobre la muerte al resucitar al hijo de una viuda, porque sintió compasión de ella (Lucas 7: 12-16). Asimismo, el Señor demostró autoridad sobre la naturaleza, siendo capaz de tener dominio total sobre ella (Lucas 8: 22-25, Mateo 14: 22-33). Jesús es diferente a ningún otro profeta o siervo de Dios; los evangelios narran 33 eventos milagrosos durante su ministerio terrenal, y aunque profetas como Moisés o Elías hicieron milagros, ninguno de ellos se atribuyó divinidad o poder alguno que no viniese de Dios. Jesucristo dijo que Él era el Hijo de Dios, uno con Dios, por ende Dios mismo.

Jesús aceptó la adoración de las personas, cosa que ni siervos de Dios ni ángeles se atreven a aceptar (cf. Mateo 4:10 con Juan 9: 35-38, ver también Apocalipsis 22:8-9, Hechos 10: 25-26). También demostró tener autoridad total sobre los demonios (Marcos 1: 23-27, Mateo 12: 22). Proclamó que era sin pecado (Juan 8:46), que era el único camino a Dios (Juan 14: 6-7), y que daba su vida de manera voluntaria para rescatar a la humanidad (Marcos 10:45, Juan 10:18).

Jesucristo sano a enfermos y libero endemoniados

Respondiendo a los reclamos de Jesús

Frente a estas evidencias, vemos que el Señor fue bastante claro en sus reclamos como Dios y Señor. Muchos, en su ignorancia, pueden decir que Cristo fue una leyenda, es decir que nunca existió. Pero a la luz de los descubrimientos de registros históricos, de la gran cantidad de copias de los manuscritos antiguos y de los testimonios de historiadores como Josefo y de los mismos creyentes de la iglesia primitiva hace inviable esta opción.

Otra respuesta que podríamos dar seria que Jesús fue un mentiroso, que sabía que no era lo que decía ser. Si esto es cierto estaríamos hablando del mentiroso más grande de la humanidad, pues el cristianismo tiene poco más de 2000 años de existencia y miles de millones de seguidores a lo largo de ese periodo de tiempo. Es imposible que una mentira de ese tipo se haya mantenido por tanto tiempo y que personas hubiesen dado su vida por una mentira. El mismo testimonio bíblico del carácter de Jesucristo hace impensable esta opción.

Otra posibilidad es que Jesús fuese un lunático que creía que era Dios, pero que obviamente no lo era. La profundidad de sus enseñanzas, el ejemplo de su carácter y el impacto de su vida en las personas a lo largo de cientos de años hace imposible que pueda considerarse con seriedad esta opción.

La evidencia final

A lo la largo de su ministerio, en repetidas ocasiones, Jesús manifestó que moriría, pero que resucitaría de los muertos y que esto sería la prueba final de su deidad. Cuando consideramos las evidencias al respecto, tales como el hecho de que la tumba que compró José de Arimatea estaba vacía, a pesar de la estricta vigilancia y de la pena de muerte que pesaba sobre quienes la cuidaban (Mateo 28: 1-5, Marcos 16: 1-6, Lucas 24: 1-7, Juan 20: 1-10). Asimismo, Jesús se apareció físicamente por lo menos en 10 ocasiones distintas a sus discípulos durante los 40 días después de su muerte (1 Corintios 15: 3-6), comiendo con ellos en algunas de esas ocasiones (Juan 21: 9-13, Lucas 24: 38-43). Por último, la aparición extraordinaria del Cristo resucitado transformó al puñado de discípulos temerosos en valientes hombres que no temieron dar su vida por lo que “habían visto y oído” (Hechos 4:20). Aun personas que lo rechazaban en su ministerio terrenal como su hermano Jacobo fueron transformados, o quienes ni lo conocieron pero eran enemigos de la fe cristiana, como Pablo, fueron tocados por el poder de Jesucristo.

Jesus resucito!

Conclusiones

En Mateo 16: 15-16 el Señor hace una pregunta crucial a sus discípulos: “¿Y ustedes quien dicen que Soy Yo?”. Las evidencias que podemos ver de las palabras y obras del Señor demandan una respuesta de todo ser humano. No podemos obviar esta confrontación: nuestro destino eterno depende de ello. Jesús nunca dijo de sí mismo que era un gran hombre, que era un gran maestro o que había venido a fundar una religión. Dijo que era Dios y que los hombres debían aceptarle y recibirle como su Señor, de lo contrario morirían en su pecado.

No podemos enfrentarnos a todas estas evidencias y aun así pensar que Cristo era solo un gran hombre, porque Jesús nunca dijo eso de sí mismo. Podemos creer que estaba loco, que era un gran mentiroso o que era Dios mismo. Solo tenemos esas opciones y está en nosotros la respuesta a la siguiente pregunta:

“Jesús le dijo: Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá. Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente. ¿Crees esto?” (Juan 11:25-26)

 

Amen!

 

Basado en el libro “Sorprendido por la fe”, Donald A. Bierle, capitulo 3