Recuerdo que muy niño anhelaba ser mayor, ser un hombre de verdad. Siempre sentí inclinación por proteger, por proveer, por cuidar de los demás. Algunas personas me decían que tenia corazón de padre sin serlo. Nunca lo creí completamente, pero si veía en mi la preocupación por los que estaban a mi alrededor. Aprendí de mi Padre Celestial a amar y cuidar y velar por los demás. Pero siempre anhele y aun anhelo desde el fondo de mi corazón ser un hombre de verdad, uno que tiene convicciones firmes, uno que no da marcha atrás, uno que se equivoca pero que jamás lanza la responsabilidad a otros, sino que la asume, poniendo el pecho para recibir los golpes mientras cuida a otros.

La labor de un hombre es proteger

Luego entendí que esto no venia de mi: esto es parte del diseño original de Dios para el varón. Nosotros los varones tenemos la gran responsabilidad y privilegio de ser los guardadores, los protectores de la vida espiritual, física y emocional de aquellos que nos rodean. Sea un hijo que debe velar por sus padres y hermanos, sea un esposo que debe cuidar su esposa e hijos, sea un amigo que debe cuidar las espaldas y corazón de sus amigos, sea un enamorado o novio que deba cuidar el corazón de su novia, los hombres hemos sido llamados antes que nada, a cuidar, a proteger. Esto nos valida y da pie a la autoridad, ganada no impuesta, que el hombre tiene por mandato de Dios sobre su esposa.

¿Por qué te abates,  oh alma mía,
Y te turbas dentro de mí?
Espera en Dios;  porque aún he de alabarle,
Salvación mía y Dios mío
” (Salmos 42: 5)

No es sencillo ser varón amigos y hermanos. Mas allá del estúpido estereotipo de machos insensibles, poco románticos y locos por sexo, que no lloran ni sienten ni se comunican, los hombres conforme al corazón de Dios, aquellos que han sido regenerados por el Espíritu Santo y que están siendo conformados a la imagen del Hijo de Dios, sentimos, lloramos, nos confundimos, nos ponemos melancólicos, extrañamos, nos airamos, nos deprimimos, nos sentimos cansados y abatidos. No esta mal llorar, no esta mal no saber a veces que hacer. Lo que esta mal es ser orgulloso y encerrarse en si mismo y no reconocer su necesidad.

Un hombre verdadero esta de rodillas ante el Salvador

David, un hombre conforme al corazón de Dios, era un sensible salmista que lloraba, sentía, vivía. Su corazón latía de amor por Dios, sus salmos están llenos de sentimientos, emociones, tristezas y alegrías. Jeremías, un gran siervo de Dios, lloraba continuamente por la pesada carga que tenia sobre si. Su ministerio era difícil y agotaba a este hombre de Dios. Elías, un gran profeta, tuvo momentos difíciles cuando huía de Jezabel, tanto que se deseó la muerte, lo mismo que Moisés. Josué cayo llorando de rodillas implorando el perdón de Dios por el pecado de Acan, confundido y abatido por la derrota del pueblo de Dios. Pedro lloraba amargamente cuando negó su maestro y se dio cuenta de la trascendencia nefasta de sus hechos. Jacob lucho con el ángel y cansado reconoció que era un engañador antes de ser bendecido. El apóstol Pablo se sentía cansado, frustrado, abatido pero nunca destruido. El Señor Jesús, el modelo del hombre perfecto, lloro, se angustio, se sintió triste hasta la muerte, se sintió nostálgico al ver a Jerusalén.

Mis huidas tú has contado; pon mis lágrimas en tu redoma;
¿No están ellas en tu libro?”
(Salmos 56: 8)

El corazón de una mujer es un misterio, un hermoso universo por conocer y disfrutar. Y la labor del hombre es descubrir y disfrutar ese regalo de Dios. Pero debe hacerlo con cuidado, guardando ese hermoso regalo de Dios, porque el es responsable delante de Dios. El debe poner el pecho hasta el punto de dar su vida por su mujer, como Cristo amo a su iglesia. El debe orar por sus hijos, cubriéndolos y protegiéndolos del león rugiente. El debe orar por su iglesia, sirviendo, dando ejemplo, animando, exhortando y consolando a los demás. Un hombre que ha descubierto su corazón en Dios hace esto y mas. Es un discípulo de Cristo que usa su fuerza y la pone a disposición de los que ama, para cuidarlos y verlos crecer, con el fin de glorificar a Dios con ello.

Un hombre que se niega a crecer afrenta al Señor quien lo formo para una identidad y destino claros

Mis amados, ser varón no es fácil. Mas aun en estos tiempos cuando la “masculinidad” pasa por la cantidad de mujeres que puedes conquistar, o la “libertad” que puedes tener sin dar cuentas a nadie. Eso no es hombría para nada, es “infantilismo”, es una adolescencia crónica en la que aun viven hombres de 40, 50 y mas años. Un hombre no lo es mas porque conquista mas mujeres, sino porque se conquista a si mismo y pone su corazón a disposición de guardar y proteger a su familia y a los suyos. Un hombre conforme al corazón de Dios es aquel en quien el carácter de Jesucristo esta siendo formado cada vez mas, para la gloria de Dios.

Que Dios nos ayude a encontrar en Cristo el ejemplo del varón perfecto, a crecer a su estatura y con ello darle la gloria a Dios. Nuestras esposas, familias, padres, hermanos, iglesia y sociedad lo agradecerán; pues cuando un hombre toma su lugar, corazones son guardados y protegidos, vidas son bendecidas y el nombre del Señor Jesucristo es glorificado y anunciado.

Amen!

Jehová,  no me reprendas en tu enojo,
Ni me castigues con tu ira. Ten misericordia de mí,  oh Jehová,  porque estoy enfermo;
Sáname,  oh Jehová,  porque mis huesos se estremecen. Mi alma también está muy turbada;
Y tú,  Jehová,  ¿hasta cuándo? Vuélvete,  oh Jehová,  libra mi alma;
Sálvame por tu misericordia. Porque en la muerte no hay memoria de  ti;  En el Seol,  ¿quién te alabará? Me he consumido a fuerza de gemir;
Todas las noches inundo de llanto mi lecho,
Riego mi cama con mis lágrimas. Mis ojos están gastados de sufrir;
Se han envejecido a causa de todos mis angustiadores. Apartaos de mí,  todos los hacedores de iniquidad;
Porque Jehová ha oído la voz de mi lloro. Jehová ha oído mi ruego;
Ha recibido Jehová mi oración. Se avergonzarán y se turbarán mucho todos mis enemigos;
Se volverán y serán avergonzados de repente
”  (Salmos 6)