Hay una terrible batalla en mi interior, una eterna lucha que no tiene cuando acabar. Empezó, o por lo menos me percate de ella, hace unos años atrás y no tiene visos de terminar. Seguramente tu también la has vivido o la estas viviendo, y me vas a saber comprender. Bueno pues, para todos mis hermanos y hermanas que batallan la mayor lucha del alma, ahí les va:

Cuando el creyente se examina sinceramente a si mismo, no puede menos que horrorizarse por sus pecados

Por un lado amo a Dios y, quiero servirle con todo mi corazón y fuerzas. Seria capaz de dejarlo todo, y lo he hecho varias veces, por servirle. No me veo haciendo otra cosa que no sea sirviéndole a El, predicando su Palabra, enseñando sus mandamientos, alabándole, cantándole, viajando a servir a los hermanos que se encuentran en necesidad. Si es necesario dar tiempo, dinero, fuerzas, lo que sea lo haré. Si tengo que dejar amigos, familia, amor, trabajo, con gusto lo haré por mi Cristo y su obra. ¿Suena muy poético no? Se oye como una novela de ciencia ficción; pero este caso es real. Lo es no sólo para mi, sino para cualquier creyente que es consciente de su salvación y sobretodo de quien es su Salvador: Dios no solo se merece el 10% de nuestros ingresos sino el 100% de nuestra vida. Quien ha visto la gloria de Dios, quien ha saboreado la dulce gracia de nuestro Señor Jesucristo, no puede hacer otra cosa que anhelar servirle lo mas posible. Ya no existen sueños personales, ambiciones propias, deseos para mi mismo. No mis queridos amigos y hermanos, no guardo expectativas para mi, solo deseo que la voluntad del Señor se cumpla en mi vida. Si el me quiere usar de tal o cual manera, que lo haga, no soy quien para preguntarle, quejarme, sugerirle cosas a quien es el Supremo Hacedor y Diseñador de mi vida.

Pero por otro lado soy cada vez mas consciente de lo incapaz e incompetente que soy para servirle al Señor y para obedecer su voluntad. No solo es una frase hecha para sugerir humildad a quienes me leen, no. En realidad cada vez caigo en cuenta que Dios es Santo, tres veces Santo y que jamás usará a pecadores. Veo mi vida y digo: Ok, Dios jamás podría usarme. Es que hermanos, soy orgulloso, envidioso, mi mente se llena de pensamientos impuros, soy incrédulo y duro para entender y sobretodo para obedecer al Señor. Me es increíblemente mas fácil hacer y seguir mis propios planes en vez de buscar el rostro de Dios y seguir los suyos que son infinitamente mejores. Me es mas fácil llenarme de ansiedad por el futuro que descansar en fe en la provisión y bondad de mi Señor. Veo en la Palabra de Dios que es tan necesario crecer a un carácter como el de Cristo para poder servir a Dios de manera agradable a El y lo veo tan lejano, tan inalcanzable, que solo me queda suspirar por mis maldades mientras sigo luchando por depender mas de El y menos de mi mismo.

El creyente vive en un cuerpo sujeto aun al pecado; pero libre en el Espiritu Santo

Y es que hermanos, no dejo de servirle, no podría hacerlo, pero veo que cualquiera puede hacer cosas para Dios: hay muchos predicando, enseñando, viajando, cantando, haciendo teatros, actividades, etc.; pero muy pocos haciéndolo como la Palabra de Dios nos enseña, con excelencia, con fe, con obediencia, con santidad. Muchos hay que simplemente pierden el tiempo en innumerables actividades sin fruto alguno que permanezca para la gloria de Dios, otros solo están tras una frenética carrera por engrandecerse a si mismos, otros mas sirven al Señor con las sobras de su tiempo, dinero y capacidades. Cualquiera realmente puede hacer cosas para Dios, pero servirle agradándole, eso es otra cosa completamente diferente. Muchos podemos servir a Dios y a la vez persistir en nuestro pecado, dureza de corazón, egoísmo, orgullo, etc. La pregunta que surge desde lo profundo de mi alma es ¿Hasta cuando? ¿Cuando podré llegar a la medida de lo que Dios demanda? ¿Hay esperanza para mi en medio de tanta debilidad? ¿Porque es tan difícil ser santo?

La verdad es que esta pregunta ya fue planteada y respondida siglos atrás por un hombre de Dios que no ha tenido igual en su servicio, dones y capacidades; pero que sin embargo, luchaba en su alma como cualquiera de nosotros. Ese es el apóstol Pablo y su lucha la grafica en el siguiente texto:

 

Porque según el hombre interior me deleito en la ley de Dios;  mas veo otra ley en mis miembros, que se rebela contra la ley de mi mente, y me lleva cautivo a la ley del pecado que está en mis miembros.
¡Miserable hombre de mí! ¿Quién me librará de este cuerpo de muerte?
Gracias doy a Dios por Jesucristo nuestro Señor: Así que, yo mismo con la mente sirvo a la ley de Dios; mas con la carne a la ley del pecado
” (Romanos 7: 22-25)

 

El creyente vive en un cuerpo de muerte

La Escritura lo dice claramente: hemos sido liberados en esperanza y gemimos porque aun no se ha mostrado plenamente lo que Dios ha hecho en nosotros (Romanos 8: 22-24). Esto quiere decir que mientras estamos aquí en esta vida terrenal luchamos y lucharemos contra el pecado constantemente. Cuando llego a pensar que he alcanzado un nivel de madurez y santidad tal que ya no lucho contra el pecado, es que mi corazón se ha llenado de orgullo y soberbia y oh! estoy peor de lo que pensaba. La Biblia NUNCA menciona que el creyente llegará a un nivel donde no le será necesario depender de Dios o que nunca pecará. Dice que el creyente no vive en pecado, no es su practica de vida; pero claramente menciona que lucharemos contra el pecado (1 Pedro 2:11, 1 Corintios 10: 12, 1 Juan 2:1). Vivimos en un cuerpo sujeto al pecado, luchando contra nuestras pasiones, nuestros pecados, malos hábitos, fallas de carácter, orgullo, etc., y esta lucha desgasta, cansa y agota al creyente que sinceramente quiere obedecer al Señor, pero no encuentra las fuerzas para hacerlo, hasta el punto de clamar como lo hizo Pablo ¡Miserable de mi! ¿Quien me librará de este cuerpo? ¿Quien me librará de mi mismo?

 

La victoria del creyente esta en la obra consumada de Cristo, no en sus propias fuerzas

El creyente vive libre

La Escritura nos da esperanza verdadera, la que se erige como segura y eterna ancla para nuestra alma: La victoria del creyente no esta en sus propias fuerzas, carácter, crecimiento, sabiduría o conocimiento. No se encuentra, como dicen muchos que son falsos apóstoles del Señor Jesús, en una “unción” especial, en un “segundo toque de poder”, o en una experiencia que solo algunos ungidos viven. Absolutamente no! Eso es restar y menospreciar la obra poderosa, consumada y suficiente del Señor Jesucristo en la cruz. La verdad maravillosa es que si bien es cierto el creyente vive sujeto al pecado en su cuerpo y libra una lucha constante contra el, puede decir en medio de su situación ¡Gracias a Dios por el Señor Jesucristo!. Yo lucho contra el pecado, pero la Biblia dice también que soy libre del pecado, hecho perfecto, declarado justo y santificado por la obra terminada de Cristo en la cruz del calvario (Hebreos 10: 14, Romanos 5: 1, 6: 18, 22, 1 Corintios 6: 11).

Porque Cristo me amó y murió por mí es que tengo esperanza en esta vida y en la venidera. La lucha puede cansar, pero sabemos que nuestras fuerzas están en El. Dios permite esta lucha para moldear nuestra vida y carácter. En otro post hablaremos de como Dios usa los padecimientos y luchas para hacernos crecer en santidad. Por mientras, gocémonos y alegrémonos aun en medio de la batalla. Cristo murió por mi! Eso es suficiente. Soy débil, pecador, inconstante, olvidadizo, frágil es cierto; pero aleluya! Cristo murió por mi y por eso soy salvo, santificado, hecho hijo de Dios, morada del Espíritu Santo, estoy siendo santificado por el Señor y mi destino es la gloria con El.


 

Les dejo este video que nos ayude a recordar que somos regenerados, justificados, hechos santos y sostenidos en la fe hacia la glorificación solo por la gracia de Dios, porque Cristo murió por mi. Todo es por mi Cristo, nada por mi!

 

Hermoso video que nos ayuda a entender que toda la gloria es para Dios!

 

Amen!

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