En Esta oportunidad vamos a tocar un tema muy interesante para nuestras vidas: el matrimonio. He denominado a este articulo “¿Cómo encontrar pareja y no morir en el intento?”, y más allá de lo gracioso que pueda sonar esa frase, refleja una gran verdad: es muy difícil para muchas personas encontrar una persona correcta para poder unir sus vidas. Vemos muchos hermanos y hermanas cometer errores que los llevan a estar tristes, deprimidos, apagados, resentidos, dolidos y en el peor de los casos unidos para toda la vida a una persona que no comparte sus mismos ideales y corazón. Vemos esta triste realidad aun en las iglesias, donde ya no vemos mayor diferencia entre los creyentes y los incrédulos con respecto a cómo manejan su vida sentimental. Asimismo, vemos personas que se unen en matrimonio para vivir peleando, separarse o divorciarse, aunque está claramente establecido en la Palabra de Dios que el divorcio no es agradable al Señor.

Leamos por favor Génesis 2: 15-25

“Tomó, pues, Jehová Dios al hombre, y lo puso en el huerto de Edén, para que lo labrara y lo guardase. Y mandó Jehová Dios al hombre, diciendo: De todo árbol del huerto podrás comer; más del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás; porque el día que de él comieres, ciertamente morirás. Y dijo Jehová Dios: No es bueno que el hombre esté solo; le haré ayuda idónea para él. Jehová Dios formó, pues, de la tierra toda bestia del campo, y toda ave de los cielos, y las trajo a Adán para que viese cómo las había de llamar; y todo lo que Adán llamó a los animales vivientes, ese es su nombre. Y puso Adán nombre a toda bestia y ave de los cielos y a todo ganado del campo; más para Adán no se halló ayuda idónea para él. Entonces Jehová Dios hizo caer sueño profundo sobre Adán, y mientras éste dormía, tomó una de sus costillas, y cerró la carne en su lugar. Y de la costilla que Jehová Dios tomó del hombre, hizo una mujer, y la trajo al hombre. Dijo entonces Adán: Esto es ahora hueso de mis huesos y carne de mi carne; ésta será llamada Varona, porque del varón fue tomada. Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne. Y estaban ambos desnudos, Adán y su mujer, y no se avergonzaban”

Hubo una ocasión en que una pareja de ancianos tomados de la mano salían todos los días a tomar sol y caminar juntos al parque de un vecindario. También lo hacía un vecino mucho más joven que salía todos los días a trotar y extrañado por el amor, respeto y consideración que se prodigaban ambos ancianos, un día decide acercarse y saludarles. Ellos muy amablemente le responden el saludo y sentados empiezan a conversar. “Quiero hacerles una pregunta si no es indiscreción”, les dijo el joven. “¿Cuántos años tienen de casados?”. “¡Oh!, tenemos 60 años de casados jovencito” le respondió con su mirada brillante la viejecita, mientras su esposo le tomaba de la mano y asentía con la cabeza. Asombrado, el joven exclamó: “Pero, ¿cómo han podido mantenerse tanto tiempo juntos?, es la primera vez que conozco un matrimonio tan largo”. Con una voz seria, cansada por la edad pero firme, el anciano lo mira con una mirada dulce y profunda y le dice: “Hijo, es que nosotros nacimos en una época en que lo que se malograba se reparaba no se tiraba a la basura”. Y esto nos habla de una gran verdad: hemos perdido la perspectiva de lo que es el matrimonio según la palabra de Dios en favor de un concepto mediocre, triste y conveniente, dado por este mundo incrédulo pero que tiene terribles consecuencias para quienes lo siguen.

El verdadero amor no tiene edad

¿Y porque hablamos de matrimonio directamente y no hablamos de enamoramiento o noviazgo? Bueno, en primer lugar, la palabra “enamoramiento” o “enamorados” no la podemos ver en las Escrituras. Y cuando hablamos de noviazgo, estamos hablando de la condición de “desposados”: aquellos que se habían comprometido ya para casarse. ¿Qué diferente a lo que vemos en la sociedad actual no? Ahora hablamos de “enamoraditos”, “amigos especiales” y diversas modas más pero que tienen un serio defecto: no tienen compromiso alguno, no apuntan al matrimonio, sino en la filosofía de “vamos a ver qué pasa”. La Biblia no nos habla de esto, sino de un compromiso serio entre dos personas maduras espiritual, emocional, intelectual y físicamente con el propósito de unir sus vidas en santo matrimonio con el fin de servir al Señor juntos con los dones y talentos que han recibido y por medio de su unión, reflejar la gloria de Dios, ser ejemplo de la relación entre Cristo y su iglesia, según lo que nos enseña Efesios 5: 25-32, criar hijos en el temor de Dios y disfrutar del amor, el compañerismo y la intimidad sexual que es aprobada y bendecida por Dios y sus padres.

Los cimientos estables del matrimonio

Vamos a examinar los versos 15 al 17 del texto que hemos leído porque ellos nos hablan de los cimientos estables del matrimonio. No podemos construir un edificio sin buenos cimientos y tampoco podemos edificar un buen matrimonio si no tenemos los cimientos correctos. Leamos:

“Tomó, pues, Jehová Dios al hombre, y lo puso en el huerto de Edén, para que lo labrara y lo guardase. Y mandó Jehová Dios al hombre, diciendo: De todo árbol del huerto podrás comer; más del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás; porque el día que de él comieres, ciertamente morirás.”

Cuando examinamos el texto bíblico vemos algo muy importante: antes de que Dios le diera una compañera al hombre, Dios le dio trabajo. Puso a Adán en el huerto de Edén (que significa delicia) y le dio el encargo de labrarlo y guardarlo. Adán ya caminaba con Dios, tenía comunión perfecta con El y además tenía autoridad delegada por el Señor. Ahora tenía una labor: debía administrar fielmente el huerto de tal manera que creciera y diera frutos, así como cuidarlo y supervisarlo. No solo eso, sino que Dios también le da un mandato específico, límites que no debía traspasar: podía comer cualquier fruto, pero no debía comer el fruto del árbol de la ciencia del bien y del mal. Si el desobedecía, entonces moriría, lo cual nos habla de la separación espiritual de Dios, la separación física y por último la separación eterna.

¿Qué vemos aquí entonces y que tiene que ver esto con el matrimonio? ¿Cómo nos puede ayudar esto a conseguir pareja? Mucho y en muchas formas. No puedo pensar en buscar una pareja para casarme si no he entendido mi identidad como hombre y lo que Dios me ha dado: la oportunidad de tener comunión con El, autoridad delegada y una labor, un propósito en mi vida que debo desempeñar. Muchos varones quieren casarse cuando ni siquiera han madurado, cuando aún no son hombres de Dios, cuando ni si quiera saben a qué Dios les ha llamado. Hay varones que no han entendido la autoridad dada por el Señor y la descuidan (son pusilánimes) o la mal usan (critican, juzgan a otros, son tiranos). Sin embargo, lo que nos enseña la Palabra de Dios es que el tomo a Adán y lo entrenó en el servicio, enseñándole a administrar, a brindar seguridad, a proveer en medio de su labor en el huerto de Edén.

La necesidad del matrimonio

Leamos ahora los versículos 18 al 20:

“Y dijo Jehová Dios: No es bueno que el hombre esté solo; le haré ayuda idónea para él. Jehová Dios formó, pues, de la tierra toda bestia del campo, y toda ave de los cielos, y las trajo a Adán para que viese cómo las había de llamar; y todo lo que Adán llamó a los animales vivientes, ese es su nombre. Y puso Adán nombre a toda bestia y ave de los cielos y a todo ganado del campo; mas para Adán no se halló ayuda idónea para él.”

En medio del trato de Dios con Adán, vemos algo impresionante: el hombre, a pesar de su perfección, estaba incompleto. Los deleites del Edén, la santidad, la comunión perfecta con Dios, la abundancia, el servicio pleno no eran suficientes. Dios mismo declaró que Adán estaba incompleto. Adán era una persona como Dios, pero necesitaba alguien “como el” para poder aprender a relacionarse, expresarse y amar. La verdadera comunión es a 3 niveles: espiritual, mental y volitiva (espíritu, mente y corazón). Solo la mujer le podía dar eso y seria el reflejo de la perfecta comunión con Dios su creador. Para ello, ¡Dios le aumenta el trabajo a Adán! Ahora no solo tenía que cuidar del huerto, sino que tenía que nombrar a los animales que Dios le traía.

¿Por qué hizo Dios esto? Ya hemos visto que Dios “entrenó” a Adán al darle las siguientes tareas:

  • Lo entrenó en administrar al mandarle que cultive el huerto.
  • Lo entrenó en dar seguridad al mandarle que cuide el huerto.
  • Ahora lo entrenó en ejercer su autoridad con sabiduría y a esforzarse al nombrar a los animales.
  • Pero necesitaba a la mujer para poder ser entrenado en relacionarse íntimamente con otra persona como él.

Al ver a los animales, todos en parejas, Adán pudo percatarse de que había algo raro con el: estaba solo. Él no podía relacionarse con los animales como iguales. Reconoció su necesidad. Pero una vez más, Dios ya había provisto la solución para este tema: darle a Adán una ayuda idónea.

Ayuda idónea es el termino hebreo “ezer k’negdo”, el cual significa ayudante suficiente, completo, alguien puesto al lado para ayudar, pero en contraposición; es decir un semejante, igual, como el, a su lado. La mujer es complementaria al hombre e interdependiente a él. ¿En qué sentido la mujer seria ayuda idónea del hombre? Bueno, Adán tenía un encargo que cumplir (gobernar la tierra, labrar el huerto), tenía autoridad que ejercer (sojuzgarla) y tenía límites que respetar (no comer el árbol del bien y del mal). Eva debía ser la persona a su lado que le ayude a cumplir su labor, a ejercer su autoridad y a obedecer los límites que Dios le había puesto.

Hombre y mujer, complementarios e interdependientes entre si

¡Que maravilloso cuadro del orden divino para el hombre y la mujer! Ambos son hechos a imagen de Dios, pero con funciones diferentes. Adán tiene la responsabilidad ante Dios por el encargo que le ha dado. Sin embargo, no puede hacerlo solo: necesita a la mujer para poder lograr su cometido. Esta solo e incompleto sin su mujer. Vemos aquí que el propósito del matrimonio no era la felicidad de Adán, sino que pudiera darle gloria a Dios cumpliendo sus propósitos. No podía hacerlo solo, necesitaba su complemento. Sin embargo, cuantas veces vemos personas que buscan casarse porque no quieren estar solas, o por pura atracción sexual o física, mas no por el deseo de servir a Dios, cumpliendo sus propósitos y dándole gloria.

La perspectiva bíblica del matrimonio

Veamos por favor los versos 21 al 23:

“Entonces Jehová Dios hizo caer sueño profundo sobre Adán, y mientras éste dormía, tomó una de sus costillas, y cerró la carne en su lugar. Y de la costilla que Jehová Dios tomó del hombre, hizo una mujer, y la trajo al hombre. Dijo entonces Adán: Esto es ahora hueso de mis huesos y carne de mi carne; ésta será llamada Varona, porque del varón fue tomada”

Ahora vemos como Dios provee la compañera idónea para Adán. Después de que el hombre cumplió la labor dada por Dios, le hace caer en un sueño profundo y mientras dormía, tomo literalmente de “su costado” y cerró la carne. Con esa materia prima Dios hizo a la mujer y la trajo al hombre. Cuando él la vio, reconoció que ella provenía de él y le puso nombre. La mujer fue llamada isha (del termino ish: varón) porque del varón fue tomada. La mujer procede del hombre y fue creada por causa de él. Es un ser como el, que procede de él, para él. La palabra de Dios nos dice en Proverbios 18:22 y en 31:10-11 que la mujer es ayudante, compañera y ayudadora en su labor de amar y servir a Dios. Es su complemento perfecto (1 Corintios 11:11)

Adán ejerció autoridad sobre el huerto, los animales y sobre la mujer. En el pensamiento oriental, poner nombre es símbolo de autoridad. Adán era sobre la mujer, era su cabeza; pero eso no significa que Adán era mejor o superior a ella. La mujer era su ayuda idónea, su salvavidas.

Vemos que es Dios quien trae la mujer al hombre cuando él ya había sido entrenado por El. El hombre estaba preparado para cuando llego este momento. Que diferencia con aquellos que toman la postura de “desesperados”, yendo detrás de una mujer tras otra cuando no están preparados para una relación sentimental. Asimismo, aquellos que se han “encerrado” en sí mismos, espiritualizando tanto el concepto del matrimonio que simplemente se sientan a esperar que Dios les traiga la mujer correcta; sin entender ni dar los pasos necesarios en su crecimiento para estar preparados, sin estar dispuestos a conquistar a una mujer, encerrados en sus propios temores, dolores y heridas. ¿Cuál entonces es la perspectiva bíblica del matrimonio? Es una institución diseñada por Dios, donde el Señor está involucrado en todos sus aspectos. Requiere preparación, compromiso y todo nuestro esfuerzo. No es sano iniciar una relación sentimental sin estar preparados y sin entender el orden.

Los principios bíblicos del matrimonio

Analicemos ahora los últimos 2 versículos del texto bíblico:

“Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne. Y estaban ambos desnudos, Adán y su mujer, y no se avergonzaban.”

El versículo 24 es una conclusión registrada por Moisés, que resume la historia de la unión de Adán y su mujer, y lo extiende a toda la humanidad como principio divino de matrimonio entre hombres y mujeres. No vamos a entrar en detalles exhaustivos sobre este punto, pero si enumeraremos los principios básicos que encontramos en esta inspirada declaración de Moisés:

· “dejará”: involucra separación de la familia original para formar una nueva familia.

· “el hombre”: involucra madurez emocional, mental y espiritual.

· “a su padre y a su madre”: involucra un modelo de familia de donde sale el hombre para formar una nueva familia teniendo como modelo la primera.

· “se unirá”: involucra una unión fuerte, sólida, como un pegamento muy fuerte. El matrimonio no ha sido diseñado para ser quebradizo.

· “a su mujer”: la pareja diseñada por Dios implica un hombre y una mujer, ambos maduros y preparados.

· “serán”: involucra un proceso creciente

· “una sola carne”: involucra intimidad a todo nivel, de lo cual la intimidad sexual es el reflejo de la intimidad espiritual, emocional y mental.

El matrimonio segun los principios de la Biblia

Luego de estos principios enunciados por Moisés, ahora regresa al relato de Adán y su mujer, diciéndonos que ambos estaban desnudos y no se avergonzaban. ¿Por qué dice esto? Porque enfatizaba la trasparencia, confianza y ausencia de barreras que había en el primer matrimonio. Y es que esa es la clave del matrimonio conforme al corazón de Dios: confianza, trasparencia, intimidad sin barreras, ni temores, ni suposiciones; sino respeto, amor y comunicación.

Vemos pues con esto los principios que nos enseña la Palabra de Dios con respecto al matrimonio, teniendo como modelo el primer matrimonio de Adán y su mujer. Haríamos bien en seguir estos principios en vez de dejarnos llevar por nuestros propios pensamientos o los de esta sociedad pecaminosa.

Conclusión

Por último, en Génesis 2:15-25 se mencionan 10 acciones de Dios con respecto al hombre y su mujer (“tomó”, “lo puso”, “mandó”, “dijo”, “haré”, “formó”, “trajo”, “hizo caer”, “hizo”, “la trajo”). Dios está sumamente involucrado en la vida del hombre, su desempeño en la labor que debe realizar y en el compañerismo que debe tener. Y si bien es cierto que Dios está muy involucrado en nuestro futuro sentimental, eso no quiere decir que nosotros debemos descuidar nuestra labor. ¿Y cuál es nuestra labor? Colocar los fundamentos, los cimientos estables de la Palabra de Dios en nuestra vida. Si desobedezco la Palabra de Dios experimentaré la disciplina del Señor. Debo enfocarme en ser un hombre de Dios, una mujer de Dios, preparado, maduro, sirviéndole al Señor y aprendiendo más de Él. Debemos orar al Señor porque nos guie hacia la persona correcta, debemos mirar, conocer y actuar, sabiendo que nosotros tenemos el campo de acción y libertad dado por Dios para decidir por nuestra compañera(o).

Tenemos que tener sabiduría y pedir al Señor dirección porque una mala decisión puede perjudicar nuestra vida y ministerio. Tú no quieres casarte con una persona que no tenga claros los principios bíblicos sobre el matrimonio, o que no esté dispuesta a ser esa ayuda idónea para tu vida. Sobre todo porque el matrimonio es tipo, modelo, reflejo y ejemplo de la relación entre Cristo y su iglesia. El marido debe amar a su esposa como Cristo amó a su iglesia. La mujer debe sujetarse en amor a su marido como la iglesia se sujeta al Señor.

A la luz de esto, ¿qué decisión vas a tomar? ¿Te enfocarás en hacer las cosas bien? ¿Tendrás cuidado de elegir bien? Te animo esta noche a que alinees tu vida sentimental conforme a la Palabra de Dios. Que tengas temor de Dios y puedas obedecerle, de tal manera que coseches en tu vida y matrimonio una relación que le dé la gloria a Dios, que sea de inspiración y ejemplo a los demás.