El día de hoy quiero compartir con ustedes el secreto para no entrar al cielo. Si, me ha oído bien, el secreto para NO entrar al cielo. ¿Suena extraño no? Y es que es lo que muchas personas parecen querer; porque a pesar de todos queremos ir al cielo cuando muramos, la verdad es que muy pocos lo consiguen. Los demás podemos estar viviendo engañados, pensando que estamos haciendo las cosas bien y que nuestra relación con Dios es correcta; pero al final darnos cuenta de que es demasiado tarde y que realmente no solo estamos muy mal delante de Dios, sino que eso nos cerrará las puertas al cielo.

Esto me hace recordar algo que sucedió en abril de 1912. Podría decirse que todo el mundo civilizado se sintió consternado por el hundimiento del trasatlántico llamado Titanic. Una de las causas de esa tragedia fue que los armadores y muchas autoridades marítimas creían que dicho barco no podía hundirse porque estaba perfectamente construido. Pensaban esto porque el casco de la nave estaba dividido en compartimientos de tal manera que si uno era averiado, los otros quedarían cerrados herméticamente y el barco permanecería a flote. Basados en esta suposición se hizo navegar el barco a toda velocidad, por la noche, en una región donde había grandes masas de hielo flotante. Contra una de éstas chocó el Titanic y comenzó a hundirse porque despreocupadamente, por ser el primer viaje, los compartimientos no habían sido bien cerrados. Muchos creyeron que el barco no se hundiría y ellos y él fueron al abismo. Muchas personas murieron en esa oportunidad porque estuvieron engañados. Pensaban que estaban seguros y cuando llegó la catástrofe, fue demasiado tarde. Es el deseo de nuestro buen Dios, que el día de hoy tu seas advertido, seas prevenido para que no estés engañado y cuando te llegue el momento de presentarte delante de tu Creador, puedas salir bien librado.

El Titanic, una desgracia que fue ocasionada por una falsa confianza

Quiero compartir con ustedes una pequeña porción de la Palabra de Dios; que es pequeña pero que tiene una profunda enseñanza para nosotros el día de hoy; para ello, les pido por favor me acompañen al evangelio de Mateo, capitulo 21, versos del 28 al 32. Y leemos por favor:

“Pero ¿qué os parece? Un hombre tenía dos hijos, y acercándose al primero, le dijo: Hijo, ve hoy a trabajar en mi viña. Respondiendo él, dijo: No quiero; pero después, arrepentido, fue. Y acercándose al otro, le dijo de la misma manera; y respondiendo él, dijo: Sí, señor, voy. Y no fue. ¿Cuál de los dos hizo la voluntad de su padre? Dijeron ellos: El primero. Jesús les dijo: De cierto os digo, que los publicanos y las rameras van delante de vosotros al reino de Dios. Porque vino a vosotros Juan en camino de justicia, y no le creísteis; pero los publicanos y las rameras le creyeron; y vosotros, viendo esto, no os arrepentisteis después para creerle

Este pasaje nos esta relatando una situación donde el Señor Jesucristo se encuentra rodeado de lideres religiosos y principales sacerdotes de su época. Ellos constantemente estaban rechazándolo a El y a su mensaje llegando incluso a cuestionar de donde tenia autoridad para enseñar, sanar y actuar. Cristo les hace una pregunta con respecto al origen del bautismo de Juan; pero ellos prefieren no responder. Hacen esto porque si responden que si era de Dios, eso equivaldría a declararse culpables de rechazar a Dios; si responden que no se metían en problemas con el pueblo porque todos tenían y consideraban a Juan como profetas. Entonces vemos personas que prefieren no decir nada para no meterse en problemas; pero el Señor no les iba a dejar así. Dios en su sabiduría siempre sabe como llevarnos al punto donde tenemos que reconocer cual es nuestra situación espiritual. Lo hizo con los judíos religiosos de su época, lo hizo con mi vida en su momento y espero que lo haga contigo también.

Al ser confrontados, veremos que la religiosidad de los judíos se hace evidente. ¿Qué es la religiosidad? La creencia de que puedo acceder a Dios y agradarle haciendo buenas obras, cumpliendo leyes y obedeciendo normas. Pero vamos a ver que esto es imposible de hacer y que la religiosidad se evidencia en la desobediencia a Dios (lo cual lo vemos en los versículos del 28 a la primera parte del 31), y que la religiosidad se basa en el orgullo y la incredulidad (versos del 31b al 32). La Biblia nos enseña claramente que por obras nadie puede acceder a Dios, porque todos somos pecadores y nos encontramos separados de la gloria del Señor. Sin embargo, el hombre persiste en establecer su propia religiosidad, su propia manera de acercarse a Dios; pero esta fracasa en producir una vida que verdaderamente muestra a Dios y agrada a Dios.

La religiosidad se evidencia en la desobediencia

La religiosidad es engañosa. Aparenta piedad y amor a Dios pero realmente le desprecia y aborrece. Cuando Juan el Bautista empezó a predicar su mensaje, los lideres religiosos judíos lo llamaron endemoniado porque tenia hábitos frugales y vivía en el desierto (Mateo 11:18) y lo rechazó. Cuando Jesucristo empezó a predicar su mensaje, los lideres religiosos judíos lo llamaron comilón, bebedor y amigo de pecadores (Mateo 11:19) porque el se acercaba a todo tipo de personas. Y también lo rechazaron. Aunque esta desobediencia era y es evidente; ellos no lo querían reconocer; por ello, el Señor les narra una parábola acerca de dos hijos y su padre con el fin de que puedan reconocer su desobediencia a Dios y puedan arrepentirse.

La parabola de los dos hijos

Esta historia nos habla de un padre que le encomienda una tarea a su primer hijo. Tenia que labrar su viña; pero el hijo le responde ásperamente “No quiero!”. Un poco después se arrepiente, siente pesar por haber actuado así y finalmente obedece al mandato de su Padre. La historia que nos narra el Señor Jesús nos habla de que el padre se acerca a su otro hijo y le da el mismo encargo: tiene que labrar la viña. La respuesta del segundo hijo es la que todo padre quisiera escuchar “Si, Señor”. La palabra original usada aquí implica un reconocimiento de la autoridad del padre. El hijo sabía que quien le daba la orden era su padre y tenía autoridad y derecho para ordenar. Era su lógica respuesta, correcta y adecuada obedecer a la voz de su padre. Era lo esperable, la respuesta correcta, en vez de su malcriado hermano que aunque se arrepintió, al inicio se negó rotundamente a obedecer al padre de familia. Sin embargo, algo pasaba en el corazón de este hijo porque a pesar de que expresó en palabras que obedecería a su padre se arrepintió para desobedecerle luego.

Ambos hijos tenían el mismo padre, las mismas oportunidades, la misma encomienda. Uno tenia la rebeldía a flor de piel; pero lo pensó mejor y cambio de idea y actitud, obedeciendo la voluntad de su padre. El otro tenia la hipocresía a flor de piel, pues externamente parecía que era un hijo obediente, pero se ocultaba un rebelde y desobediente que se negó rotundamente a obedecer al final los deseos de su padre.

Esta parábola nos muestra algo muy importante: la desobediencia a Dios nace del corazón del hombre. Nuestro problema con Dios no esta en las situaciones externas, sino en lo profundo de nuestro corazón. Allí escondemos el odio, la venganza, la ira, la hipocresía, los vicios, la inmoralidad sexual, la mentira, el adulterio, etc. Y aunque muchas veces solemos esconder muy bien estas cosas, a la larga salen a la luz: la desobediencia se muestra en acciones. Nuestras decisiones revelan el estado de nuestro corazón y estos hijos no eran la excepción. En su corazón albergaban la desobediencia a la voluntad del padre, así como nosotros albergamos en nuestro corazón la desobediencia a Dios. No importa cuanto vayamos a misa, recemos, creamos que somos buenos o hagamos buenas obras, a la larga, lo que hay en nuestro corazón sale a la luz y nuestra religiosidad se ve expuesta. Jesús les pregunto a sus oyentes, ¿Quién de los dos hijos puso en practica la voluntad del padre? ¿Quién le agradó?

Los religiosos tuvieron que responder: fue el primero. Aunque su obediencia no fue perfecta, al final hizo la voluntad de su padre. El segundo hijo, aunque con palabras adornadas prometió obedecer, no lo hizo. Ambos conocían la voluntad de su padre, ambos rehusaron obedecer; aunque uno se arrepintió y lo hizo. ¿Valió el deseo del segundo hijo? No, porque lo importante era obedecer. La obediencia se manifiesta también en acciones y están deben ir de acuerdo a las palabras.

La religiosidad se basa en el orgullo y la incredulidad

El Señor había puesto en evidencia a los líderes religiosos de su tiempo y para desnudar sus corazones hace la aplicación de la parábola. De cierto les digo que “los publicanos y rameras están entrando antes que ustedes al reino de los cielos” es su diagnostico. Los publicanos, por medio de su codicia y extorsión, y las prostitutas por medio de su cruda inmoralidad, habían dicho “No quiero” a la demanda de Dios. Eran como el primer hijo de la parábola. Sin embargo, después, como resultado de la predicación de Juan el Bautista muchos “publicanos” se habían convertido. Ahora aprendemos que las prostitutas también, probablemente en números considerables, habían respondido favorablemente al mensaje de Juan.

Por el contrario, los líderes religiosos de los judíos, hombres considerados como bien familiarizados con la ley de Dios y que exteriormente se conducían de un modo como si estuvieran diciendo constantemente: “Sí, señor, haremos todo lo que tú requieres de nosotros, e iremos dondequiera que tú quieras que vayamos”, no lo hacían y no iban. Su religión era vacía e inútil, con sus bocas hablaban pero con sus vidas negaban el conocimiento del Dios verdadero y su Ley.

Gente menospreciada halla la gracia de Dios

¿Por qué los publicanos y rameras iban entrando al reino de los cielos?

Porque cuando vino Juan y predicó el arrepentimiento de pecados, ellos se identificaron como pecadores, reconocieron lo lejos que estaban de las demandas de Dios y se identificaron con el movimiento de Juan a través del bautismo y asimismo con la esperanza de la venida del Mesías. La humildad de espíritu es la puerta de entrada al cielo (Mateo 5:1) y estas personas pudieron reconocer su estado. Eran pecadores necesitados de la misericordia de Dios. Juan les mostró el camino de justicia por sus palabras y por el testimonio de su propia vida y ellos le creyeron. Su fe y arrepentimiento evidenciaron que ellos habían sido salvados. Como el primer hijo, en un primer momento le dijeron NO a las demandas de Dios, pero luego experimentaron arrepentimiento y obedecieron al Señor.

Por otro lado, los religiosos judíos no solo rechazaron a Juan, sino que no se identificaron como pecadores ni tampoco con el bautismo de Juan. No solo eso, sino que despreciaban a los publicanos y a las rameras, considerándose mejores personas que ellos y por ende aceptables a Dios por causa de su moralidad y su obediencia externa. Cuando vino Juan el bautista no le creyeron ni tampoco se arrepintieron después de ver el cambio de vida que experimentaban los publicanos y las rameras. Por causa de su orgullo e incredulidad, que eran la base verdadera de su religiosidad, rechazaron la palabra de Dios, menospreciaron a los demás y se auto justificaron a si mismos, endurecidos en sus corazones. No solo rechazaron a Juan, sino que rechazaron a Aquel a quien Juan anunciaba hasta el punto de matarlo en su rebeldía.

Como el segundo hijo, estos religiosos judíos endurecidos decían exteriormente que cumplían la Ley de Dios, pero su corazón estaba lleno de odio, rapiña, codicia, inmoralidad y no deseaban obedecer a Dios en lo absoluto. Solo estaban dispuestos a hacer aquello que les procurara buena opinión delante de los hombres o un sentido de auto realización; pero cuando se trataba de amar a Dios por encima de uno mismo, ellos no estaban dispuestos a obedecer a Dios. Realmente estos amaban más la gloria de los hombres que la de Dios. Eran sepulcros blanqueados, religiosos, hipócritas, que con sus bocas alababan a Dios pero su corazón estaba bien lejos de El. En su interior yacía una bestia rebelde, aborrecedora, enemiga de Dios que no dudo en crucificar al Autor de la vida con tal de permanecer en las tinieblas.

Cristo, salvacion y vida eterna para los que se acercan a El

Conclusión

Que trágico pensar que aquellos que eran considerados personas eminentes, respetables, morales quedaban excluidas del reino de los cielos; y en su lugar aquellos que son menospreciados, que llevaron una vida inmoral, libertina, disipada ellos si estarían disfrutando de los deleites eternos en la presencia de Dios.

¿Te suena extraño esto amigo? ¿No crees que Dios sea un Dios de pecadores y de prostitutas? ¿Te ofende esto? Si es así, entonces tú ya sabes cual es el gran secreto para NO entrar al cielo: no reconocer que tú eres tan pecador como un publicano, como una prostituta, como un asesino. La Escritura declara solemnemente que todos los seres humanos son pecadores, todos estamos destituidos de la gloria de Dios (Romanos 3:23) y todos merecemos la paga del pecado que es la muerte (Romanos 6:23). Dios es santo y justo y debe castigar el pecado; pero en su gran amor con que nos ha amado, ha entregado a su Único Hijo, Jesucristo a morir por tus pecados y por los míos. Cristo murió en la cruz bajo la ira de Dios en pago por nuestros pecados para que tu y yo podamos tener la oportunidad de escuchar el mensaje de salvación y poder obtener el perdón y la vida eterna.

Ten cuidado mi amigo de pensar que tus buenas obras, tu conducta moral, tus costumbres religiosas pueden darte el perdón de Dios. Aun nuestras mejores obras para Dios son trapos de inmundicia y lo que para los hombres es sublime, delante de Dios es abominación. Solo podemos ser salvos por medio de la fe en el Señor Jesucristo, quien te llama hoy al arrepentimiento. ¿Qué harás? Serás como el primer hijo que te arrepentirás y obedecerás al llamado de Dios, o serás como el segundo hijo que al final desecho la oportunidad de salvación y fue eternamente condenado por su rebeldía y desobediencia.

Hoy es el día de salvación, hoy es el día en que debes responder al Señor que te llama. La voluntad de Dios es que todos los hombres procedan al arrepentimiento de sus pecados y crean en el nombre de nuestro poderoso salvador Jesucristo. La Palabra de Dios dice que todos aquellos que creen en El son hechos hijos de Dios y reciben el perdón de sus pecados y la vida eterna.

¿Te sentaras con los que reconocieron su necesidad de Dios, con los pecadores, homicidas, mentirosos, ladrones, soldados, estudiantes, amas de casa, pastores, prostitutas, mendigos en el reino de Dios? Debes hacerlo porque Cristo murió por todos ellos y tu también eres tan pecador como ellos. O ¿arderas en el fuego eterno junto con los orgullosos, los religiosos, los duros de corazón que prefirieron rechazar a Dios y no reconocer su pecaminosidad? Tú decides, pero el día de hoy te llamo la atención, te suplico en nombre de Dios que abras tu corazón y vengas a Cristo y obtengas perdón y vida abundante. Tú decides.

Amen!