Hoy vamos a hablar del profeta Elías y estoy seguro que muchos de ustedes lo conocen de sobra; sin embargo hoy vamos a verlo desde una perspectiva un poco diferente, con el fin de entender cuál fue el secreto de este hombre para ser usado por Dios de la manera que lo fue. Para ello, vamos a hacer un breve recorrido por su vida y ministerio, de tal manera que nos sea familiar su forma de vida y viendo lo que nos enseña la Palabra de Dios, poder extraer los principios bíblicos que nosotros podamos aplicar a nuestra vida con el fin de seguir sus pasos y ser buenos siervos y siervas para nuestro Señor.

Antes que nada quiero contarles que la vida de Elías es una vida de altos y bajos. Fue un hombre capaz de derrotar a 450 profetas de Baal por medio de una demostración maravillosa del poder de Dios; pero al día siguiente, huir temeroso por su vida ante las amenazas de una mujer. Fue un hombre que se enfrentó al rey más malvado de su época, pero también caminaba desanimado por el desierto, deseándose la muerte. Fue usado por Dios para resucitar un niño, pero minutos antes oraba quejándose y lamentándose delante de Dios por la muerte de la criatura. No mis hermanos, Elías no era un súper hombre, era una persona común y corriente, que tenía una personalidad definida, pero que no era perfecto de ninguna manera. Aun así, ha pasado a la historia como uno de los grandes hombres que Dios usó en la antigüedad.

Elias, profeta de Dios fue usado poderosamente a pesar de sus debilidades

Para poder entender mejor, necesitamos saber quién era Elías. También conocido como el “profeta del fuego”, su nombre significa “Jehová es Dios” o “Jehová es mi Dios” y su nombre bien representa su identidad y llamado. Este hombre provenía de Tisbe en Galaad y fue llamado por Dios al ministerio de profeta en medio del reinado del rey Acab en Israel, un rey malvado y perverso que tomó como esposa a una cananea, Jezabel, que lo llevó a adorar a Baal y a muchos otros ídolos paganos y a perseguir y matar a los profetas y siervos de Jehová. El texto bíblico que habla de él se encuentra en 1 Reyes 17 hasta 2 Reyes 2 y nos muestra que era un hombre de acción, de temperamento fuerte y de convicciones firmes. Vamos a ver a Elías desde el punto de vista del Nuevo Testamento y observaremos algunos principios importantes que marcaron la vida de este siervo de Dios y que nos pueden ayudar a seguir sus pasos con el fin de ser siervos fieles de nuestro Señor.

Les pido por favor que me acompañen a Santiago, capitulo 5 y leemos los versículos 17 al 18:

Elías era hombre sujeto a pasiones semejantes a las nuestras, y oró fervientemente para que no lloviese, y no llovió sobre la tierra por tres años y seis meses. Y otra vez oró, y el cielo dio lluvia, y la tierra produjo su fruto

Muy bien, en este texto se nos habla de Elías y el escritor bíblico nos muestra 4 características de este gran profeta y que podemos tomar como principios para ser mejores siervos y siervas de Dios. Este texto nos dice que un hombre, o mujer, de Dios tiene una identidad y un llamado; nos dice que un hombre de Dios lucha con la fragilidad; también nos dice que un hombre de Dios ora y sirve a Dios con fervor; y por último, nos dice que un hombre de Dios tiene un carácter formado. Analicemos el primer punto.

Un hombre de Dios tiene una identidad y un llamado

El texto bíblico dice “Elías”. Y Elías no era un advenedizo, no era un tipo que andaba por la vida y como no tenía nada mejor que hacer se puso a tratar de ser profeta y fingir que servía a Dios. Si bien es cierto, la Palabra de Dios no nos da mayores detalles de su vida, de su infancia, de su familia, sabemos que era un hombre llamado por Dios y un hombre que tenía claro su misión en la vida como profeta. Su mismo nombre nos indica el carácter y misión de este siervo de Dios. “Jehová es mi Dios” tal vez no suene tan importante hoy; pero en su tiempo era un grito de batalla que sonaría imponente. Él vivía en una época donde el pueblo estaba tan desviado de la Palabra de Dios que ya no sabían quién era Dios, si Jehová o Baal (1 Reyes 18: 20-22). Tenía su identidad y llamado muy claros para enfrentarse a 450 profetas de Baal, a un rey pagano, a un pueblo confundido, a pesar de quedar solo el cómo profeta de Dios.

Nuestra identidad tiene que ver con saber de dónde venimos; nuestro llamado, hacia dónde vamos. El nombre de Elías marcaba su llamado e identidad: él era un profeta de Dios, un mensajero llamado a anunciar a su pueblo que Jehová era Dios, llamándolos al arrepentimiento y a volverse al único y verdadero Dios de Dioses y Señor de Señores. Todo siervo de Dios que quiera ser usado por el Señor tiene que tener claro cuál es su identidad y cual su llamado. Quiero decir que tienes que responderte ¿Quién eres en Cristo? ¿De dónde te sacó el Señor? ¿A qué has sido llamado para servirle? ¿Cuáles son los dones que Dios te ha dado para que le glorifiques en su obra? ¿Qué es lo que late en tu corazón, cuales tus anhelos y sueños para servirle a Él?

Parecen preguntas muy profundas, pero mientras no tengas respuesta a ellas nunca podrás servirle a Dios efectivamente y no podrás ser el hombre o mujer que Dios quiere que seas. La verdad es que nadie puede responder esas preguntas por ti, tu debes encontrar las respuestas en la presencia de Dios, estudiando su Palabra, dejando que el Espíritu Santo inspire tu corazón, llene tus pensamientos, mueva tu corazón, transformándolo, guiándolo, poniendo una carga en tu ser, de tal manera que tus pensamientos sean los de Dios y tu corazón, su corazón. Aquel que tiene una identidad clara y un llamado claro, nunca se puede quedar ocioso, sino que tiene que servir. La palabra de Dios nos dice en Juan 13: 3-5 que Jesús sabia de donde había venido y a donde iba; y por ello amó a sus discípulos, les lavó los pies y luego se preparó para entregar su vida en amor por sus discípulos y por el mundo entero.

Elias alumbró su sociedad

Un hombre de Dios lucha con la fragilidad

El texto bíblico nos dice que Elías era “un hombre sujeto a pasiones semejantes a las nuestras”. No era un ángel, tampoco un súper hombre, era un hombre normal, común y corriente que, como nosotros, estaba sujeto a emociones, sufrimientos, tribulaciones, pruebas, angustias, debilidades como nosotros. Podía fallar, y de hecho lo hizo en algunos momentos de su vida, sintiendo desanimo, duda, queja; pero eso no lo descalificaba como hombre de Dios. La salvación es de Dios, su llamado a servirle también. La palabra nos dice que nuestra competencia no viene de nosotros mismos, sino que nuestra competencia viene de Dios (2 Corintios 3:5). Dios no llama a capacitados, pero capacita a los que llama. Somos salvos por la pura gracia de Dios y somos usados por misma pura gracia de Dios. ¿Quién hay perfecto sobre esta tierra? ¿Quién podría pararse delante de un Dios de santidad? Nadie! Sin embargo, vemos que Elías decía “Vive Jehová, en cuya presencia estoy” (1 Reyes 18:15) ¿Cómo lo hacía? Por la gracia de Dios. ¿Podemos hacerlo nosotros? La Biblia dice que los creyentes estamos sentados en los lugares celestiales con Cristo Jesús (Efesios 2: 4-6). Por la gracia de Dios, vivimos en la presencia de Jehová de los ejércitos.

Aun así, debemos, como Elías, luchar con el pecado y con la sociedad pecaminosa. Tenemos que batallar contra nuestro propio corazón que se inclina a hacer lo malo, buscando a Dios en oración, estudiando la Palabra de Dios, renovando nuestra mente y siendo llenos del Espíritu Santo. Somos llenos del Espíritu Santo cuando dejamos que sea El quien controle nuestra mente y voluntad; pero eso no es posible si tenemos la mente llena de lo que la sociedad nos ofrece en vez de lo que la Palabra de Dios nos habla. ¿Tendremos luchas? Sí. ¿Habrá momentos donde experimentaremos desanimo? Por supuesto. No somos androides, pasaremos momentos bajos en nuestra vida; pero si la Palabra de Dios es nuestra fortaleza nos levantaremos como Elías se levantó y continuaremos peleando la batalla de la fe.

Un hombre de Dios ora y sirve a Dios con fervor

El texto bíblico continua diciéndonos que Elías “oró fervientemente para que no lloviese, y no llovió sobre la tierra por tres años y seis meses”. En el idioma original vemos que Elías rogó con oración, clamor, ruegos, suplicas. No puedes evidenciar en público lo que no haces en privado y tu vida privada determina lo que haces y obtienes en público. Elías podía orar de esa manera porque era un hombre de oración. El no empezó a orar por la lluvia y obtuvo resultados: él era un hombre que oraba siempre y su oración tenía respuesta de Dios.

Esta sequía era parte del trato de Dios con su pueblo descarriado, así que Elías al orar estaba sirviendo a Dios. Esta sequia duró 3 años y seis meses como nos dice el Señor Jesús en Lucas 4:25 y fue a causa de que el rey Acab y el pueblo abandonaron a Jehová y se volvieron a Baal. Durante ese tiempo, Elías se escondió y fue mantenido milagrosamente por Dios (vivía por fe y dependía de Dios), resucito a un niño, consoló a una viuda y aun en tiempos difíciles seguía sirviendo a Dios. Una vida espiritual fervorosa produce un servicio apasionado. Mira a alguien que sirve a Dios mediocremente y veras a alguien que no tiene una vida fuerte de oración. Es imposible que estando delante de Dios, experimentando su poder, amor y gracia, conociéndole en su Palabra, sigas siendo el mismo. Estar en la presencia de Dios tiene que transformar tu vida, tus pensamientos, tu corazón y alterar tus prioridades.

La oración eficaz del justo puede mucho

Repito una vez más: observa a alguien que no tiene como prioridad servir a Dios sino que está más enfocado en sus propias cosas, que sirve a Dios con las sobras de su tiempo, con lo que le queda, con mediocridad, “como sea”; y veras a alguien que no tiene una vida de intimidad con Dios. Elías pudo ser usado por Dios de esa manera porque era un hombre que a pesar del desánimo, no corría de Dios escapando de Él, sino que corría hacia Dios, refugiándose en El.

Un hombre de Dios tiene un carácter formado

El texto bíblico finaliza diciendo que Elías “otra vez oró, y el cielo dio lluvia, y la tierra produjo su fruto”. Esta segunda oración de Elías sucedió 3 años y 6 meses después, cuando ya se había producido el evento en el monte Carmelo donde había derrotado a los 450 profetas de Baal y el pueblo se había vuelto hacia Dios. Elías oró y Dios respondió. ¿Qué vemos aquí? Que la vida espiritual de Elías no había disminuido después de tanto tiempo. En medio de la sequía, la persecución, la dificultad Elías se había mantenido fiel al Señor.

Las circunstancias difíciles prueban nuestro carácter porque el carácter de esas pruebas es ser instrumentos en las manos de Dios para pulirnos, para humillarnos, para traer a nuestro corazón humildad, dependencia y agradecimiento. Elías tenía un carácter formado y Dios lo uso poderosamente. Imagínate que Elías hubiera desistido en medio de la sequía, o que se hubiera acobardado delante de los profetas de Baal. ¡Todo hubiera sido un desastre! Pero el Señor obra en sus siervos para que pueda enviarlos a misiones, a servirle en su obra. Es cierto que Dios hace la obra, pero Él ha decidido usar sus siervos como instrumentos para glorificar su nombre y anunciar su evangelio; pero si el siervo es desobligado, perezoso, cobarde, mentiroso, de doble ánimo, voluble, entonces se vuelve inútil para el reino de Dios. ¿Quieres que Dios te use? Entonces necesitas fortalecer tu carácter, aceptar las pruebas con gozo y pasarlas en el nombre del Señor, buscando comportarte a través de ellas, y en general por toda tu vida, como la Biblia nos enseña. Mientras mejor respondamos, mientras más de Cristo abunde en nuestra vida, podremos ser mejores siervos de Dios.

Busquemos entonces que el fruto del Espíritu Santo abunde en nuestro ser para que seamos siervos útiles en las manos del Señor. No dejemos que la pereza, que la desidia, que la improvisación, la mediocridad, la cobardía llene nuestra mente y corazón porque eso afectará nuestro ministerio y vida.

Conclusión

Este texto bíblico que hemos leído nos ha mostrado aspectos muy importantes de la vida del profeta Elías, quien sirvió a Dios en su época y marcó la historia, sirviendo a Dios con fortaleza en medio de su fragilidad, sirviéndole con pasión en medio de tanta mediocridad y desenfreno. Fue un hombre que tomo decisiones firmes en medio del conformismo y su vida fue una luz entre las tinieblas de su época. Sufrió, padeció, se desanimó pero aun así fue un siervo fiel a Dios y dejó un fiel sucesor y fue a los brazos de su Padre Celestial con gloria y honra.

¿Cual es tu identidad en Cristo?

Mi querido hermano, ¿sufres tribulaciones? ¿Padeces el menosprecio? ¿Te desanimas a menudo por el camino de la vida cristiana? ¿te parece el ministerio una carga pesada de llevar? ¿Dudas del amor y cuidado de nuestro Señor? Entonces tu estas pasando por un camino que el profeta Elías ya pasó y eso no le quitó su identidad ni llamado: el seguía siendo profeta de Dios, llamado por el Señor a dar luz en medio de las tinieblas, llevando a todos el mensaje poderoso: Jehová, y no otro, es el único Dios verdadero, la vida y el camino.

Tu problema no está en las circunstancias que pasas o en tu debilidad, porque Dios puede usarte aun en medio de tus problemas y a pesar de tus fallas. Tu problema es encontrar tu identidad en Cristo y reconocer e ir en pos de tu llamado a servirle al Señor. Quien tiene claro esto busca a Dios con expectativa, propósito, agradecimiento y constancia; y eso produce resultados: Quien busca a Dios siempre será un siervo apasionado, fervoroso y constante, aunque caiga se volverá a levantar.

Que Dios nos ayude a ser hombres y mujeres como Elías, que marcaron la diferencia en medio de su generación, que sirvieron a Dios fielmente y que mostraron que el Señor usa vasos de barro, llenándolos de su gloria. ¿Qué decides? Hoy te animo a que hoy te comprometas con el Señor a buscar tu identidad en Cristo, en su Palabra y a que encuentres tu llamado buscándole en oración, pidiéndole dirección y guía de su Espíritu Santo. Y si ya estas sirviéndole, bienaventurado eres, pero te digo el día de hoy que puedes ser un mejor siervo de Dios aun si aplicas estos principios de la vida del profeta Elías, con tal de que tu vida sea de ejemplo, inspiración para otros, dándole la gloria a Dios con todo lo que hagas y digas.

 

Amen!

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