Nuestra vida está construida en base a las decisiones que tomamos. Ciertamente, somos el resultado de nuestras decisiones. Claro, Dios es soberano, pero también nos ha dado la responsabilidad sobre nuestras vidas y de ellas daremos cuenta algún día delante del Señor. Además, cada decisión que tomamos tiene consecuencias claras que van más allá de nosotros mismos, es decir, que afectan a los demás; pero también cada decisión que tomamos están basadas en algo: en nuestros pensamientos, en nuestras prioridades. Aquello a lo que le damos mayor prioridad eso es lo que nos consume mayor tiempo y dedicación. El Señor Jesucristo dijo que “donde está tu tesoro, allí está tu corazón” (Mateo 6:21) y esto es muy cierto en nuestras vidas. Aquello donde pasamos más tiempo, aquello donde destinamos nuestro dinero, aquello que tiene nuestro esfuerzo y atención eso es lo que realmente valoramos como primordial, como prioritario, y tomaremos decisiones en función a eso. Realmente las decisiones que tomamos revelan lo que hay en nuestro corazón, más allá de las palabras. Puedo decir muchas cosas con mis labios, pero mis decisiones no mienten. Incluso puede fingir un tiempo, pero todas las cosas salen a la luz como dice la Escritura (Marcos 4:22).

Todas las decisiones que tomamos estan en base a lo que consideramos importante

Entonces, si quiero conocer a una persona puedo mirar las decisiones que toma y entonces sabré un poco más de su corazón. Asimismo, también podre saber su futuro (o el mío) sin necesidad de conocer el futuro. ¿Cómo puede ser eso? Claro, porque mis decisiones me dicen hacia donde estoy yendo, ellas construyen mi futuro. Si quiero ser un hombre de Dios, pero hago todo lo contrario a lo que un hombre de Dios hace, jamás llegare a ser uno, por más deseos que tenga. Seamos hacedores de la Palabra, no solamente oidores nos dice Santiago porque si no estamos engañándonos a nosotros mismos. La fe sin obras es muerta y las decisiones que tomamos confirman o niegan la fe que decimos tener. Bueno pues, les invito por favor a leer conmigo un pasaje de la Biblia que nos habla del tema fascinante de las decisiones, de las prioridades que tenemos al decidir y las consecuencias que vienen por causa de las decisiones que tomamos. Siempre es bueno recordar que nuestro Dios es soberano y si bien es cierto tenemos libertad para decidir y vivir las consecuencias de nuestras decisiones, buenas o malas, El obra por encima de nuestras ellas, cumpliendo sus propósitos y mostrando gracia y favor para con sus hijos. No creamos la herejía de algunos que dicen que Dios puede ser limitado en alguna manera por la voluntad humana (Isaías 45:9, Daniel 4:35).

Hoy examinaremos el libro de Rut, capítulo 1. Vamos a leer los versos del 1 al 17 y en ellos vamos a ver cuatro puntos importantes: una mala decisión (del verso 1 al 3ª), una pésima decisión (del verso 3b al 5), una buena decisión (del verso 6 al 14) y una mejor decisión (verso 15 al 17).

Una mala decisión: seguir las “oportunidades” (v. 1 – 3ª)

Aconteció en los días que gobernaban los jueces, que hubo hambre en la tierra. Y un varón de Belén de Judá fue a morar en los campos de Moab, él y su mujer, y dos hijos suyos. El nombre de aquel varón era Elimelec, y el de su mujer, Noemí; y los nombres de sus hijos eran Mahlon y Quelion, efrateos de Belén de Judá. Llegaron, pues, a los campos de Moab, y se quedaron allí. Y murió Elimelec, marido de Noemí” (Rut 1: 1-3ª)

Eran tiempos de desobediencia y caos. Esta historia se desarrolla en la época en que los jueces gobernaban en Israel y “todos hacían lo que bien le parecía”. En medio de esta época oscura Dios disciplino a su pueblo con hambre. Y la historia nos cuenta de un hombre y su familia. Elimelec, su esposa Noemí y sus hijos Mahlon y Quelion. Los nombres de estas personas son muy interesantes: Elimelec significa “Mi Dios es Rey”, Noemí significa “dulzura” o “placer”. Mahlon significa “debilitado, enfermo” y Quelion significa “débil, defectuoso”. Ellos eran de Belén de Judá, efrateos, es decir campesinos de esa zona. La palabra efrateos significa “fructíferos”. Y aunque Dios había establecido claramente para el pueblo de Israel que Canaán era la tierra prometida y que no debían volverse a las naciones paganas ni debían irse de su tierra, ellos abandonaron Belén de Judá. Belén significa “casa del pan” y Judá “alabanza”. Dejaron la tierra de la provisión y de la alabanza a Dios solo por una circunstancia temporal. ¿Hacia dónde fueron? A los campos de Moab. Moab era un pueblo pagano que nació de la relación incestuosa entre Lot, el sobrino de Abraham y una de sus hijas, la mayor, que se acostó con él para tener descendencia. Ellos adoraban ídolos paganos como Quemos y Moloc, hacían sacrificios humanos y ofrendaban niños a sus dioses. Dios diría de Moab en el Salmo 108:9 que era “vasija para lavarse”. El rey de Moab había intentado maldecir a Israel por medio del falso profeta Balaam (Números 22).

El error de Elimelec fue vivir por su conveniencia en vez de creer y obedecer la Palabra de Dios

¿Qué es lo que vemos entonces? Vemos una mala decisión, marcada por la desobediencia. Elimelec decía con su nombre que Dios era Rey, pero su vida decía lo contrario. Y su mala decisión fue movida por la conveniencia porque en los campos de Moab no había hambre ni sequía, podrían tener que comer pero a costa de desobedecer a Dios y su Palabra. Sería mejor mil veces padecer hambre con el pueblo de Dios que disfrutar con los deleites del pecado. ¿Acaso eso no fue lo que hizo Moisés (Hebreos 11: 24-26)? Y como toda decisión, esta estuvo afectada por las consecuencias: en los campos de Moab, en tierras extranjeras y paganas, lejos de los suyos, completos desconocidos en tierra que no compartía ni su fe ni su práctica, Elimelec “Dios es mi Rey” murió como un cualquiera. Murió como uno que no hubiera conocido nunca a Dios. Su final no dio honor a su nombre. Qué triste es ver las consecuencias que viven los que se apartan del Señor por algo más conveniente. Son como el pastor que empieza a predicar ligero porque quiere más gente en su iglesia, como el líder que se va de su iglesia a otra donde le den más oportunidades, o el que cambia de mujer porque la que tiene ya no les satisface. Bucaneros, piratas, mercenarios espirituales que no tienen honor, ni lealtad ni fidelidad a nada. Solo siguen al Señor por los panes y los peces no por un verdadero compromiso con Cristo y su obra.

Una pésima decisión: permanecer en mi pecado (v. 3b – 5)

y quedó ella con sus dos hijos, los cuales tomaron para sí mujeres moabitas; el nombre de una era Orfa, y el nombre de la otra, Rut; y habitaron allí unos diez años. Y murieron también los dos, Mahlon y Quelión, quedando así la mujer desamparada de sus dos hijos y de su marido.” (Rut 1: 3b – 5)

Ahora, si bien es cierto es malo desobedecer al Señor, lo peor es permanecer en el pecado. Noemí decidió no regresar a su tierra, sino que se quedó con sus hijos a vivir en Moab, viviendo allí por 10 años. Diez años sin celebrar la pascua, sin sacrificios, sin comunión o compañerismo con otros creyentes como ellos. Diez años en medio de un pueblo pagano, mirando y asimilando sus costumbres e ideas. No solo eso, sino que sus hijos, el débil y el defectuoso se casaron con dos mujeres moabitas, de las cuales Dios había dicho que los israelitas no deberían unirse a tales mujeres. Al final, ellos también murieron y Noemí se quedó viuda y sin sus hijos. Tres mujeres desprovistas de sus maridos, sin respeto ni posibilidad de llevar una vida buena como viudas.

Podríamos preguntarnos: ¿en que estaba pensando Noemí para decidir quedarse tanto tiempo en tierras paganas? Tal vez fue la costumbre, tal vez el miedo de perder lo que habían obtenido y comenzar de nuevo en Belén, tal vez los hijos presionaron. Cual fuera la razón, no justifica el pecado: mientras vivimos en desobediencia a la Palabra de Dios entonces sufrimos las consecuencias, la disciplina de Dios y su trato para con nosotros. Lamentablemente, sus hijos murieron y con ello dejaron toda una tragedia familia. Más de la mitad de la familia se había perdido en esta alocada decisión y ahora estaban en una posición peor aún de cuando salieron de Belén. Al menos en ese entonces solo tenían hambre, ahora los tres varones, la fuente de trabajo y sustento habían muerto.

¿Qué vemos entonces? Una pésima decisión, marcada por el miedo a volver a empezar de nuevo, movida por la rutina, la costumbre y afectada por las consecuencias. ¿Cuántas veces no hemos hecho lo mismo cuando en vez de volvernos al Señor, preferimos las miserias de nuestro pecado? Muchas veces nos es más cómodo quedarnos en la mediocridad que salir a la excelencia. Es definitivamente más placentero vivir en el pecado que cortar con aquello que nos aleja de Dios (amistades, trabajo, relaciones, etc.) y volvernos a Él. Muchas chicas prefieren al incrédulo o al chico “peor es nada” que esperar en la voluntad de Dios y buscar un hombre de Dios para sus vidas. Muchos chicos preferirán la primera chica que se cruce en su camino en vez de decidir obedecer a Dios y esperar en El por una sierva de Dios. Es más fácil quedarse en casa viendo tele, durmiendo, trabajando, salir con los amigos que orar, leer la Biblia, servir, evangelizar, hacer misiones. Es más fácil claro, pero las consecuencias son catastróficas: no hay crecimiento, no hay desarrollo, no hay respaldo de Dios. Al final, tarde o temprano, el hombre cosechara lo que sembró, porque Dios no puede ser burlado.

Una buena decisión: volver a la Palabra de Dios (v. 6-14)

Entonces se levantó con sus nueras, y regresó de los campos de Moab; porque oyó en el campo de Moab que Jehová había visitado a su pueblo para darles pan. Salió, pues, del lugar donde había estado, y con ella sus dos nueras, y comenzaron a caminar para volverse a la tierra de Judá. Y Noemí respondió: Volveos, hijas mías; ¿para qué habéis de ir conmigo? ¿Tengo yo más hijos en el vientre, que puedan ser vuestros maridos? Volveos, hijas mías, e idos; porque yo ya soy vieja para tener marido. Y aunque dijese: Esperanza tengo, y esta noche estuviese con marido, y aun diese a luz hijos, ¿habíais vosotras de esperarlos hasta que fuesen grandes? ¿Habíais de quedaros sin casar por amor a ellos? No, hijas mías; que mayor amargura tengo yo que vosotras, pues la mano de Jehová ha salido contra mí. Y ellas alzaron otra vez su voz y lloraron; y Orfa besó a su suegra, mas Rut se quedó con ella.”         (Rut 1: 6 – 10)

A veces tenemos que tocar fondo para poder reconocer la situación en la que nos encontramos. Noemí se levantó para regresar a Belén de Judá, claro porque oyó que había terminado la sequía y el hambre; pero por lo menos esta vez hizo lo correcto. Su motivación fue la necesidad que tenía y en ello recordamos al hijo prodigo de Lucas 15. El también llego a una situación miserable y en medio del hambre que le aquejaba “volvió en sí”. Dios usa la necesidad, la angustia, los problemas, las crisis, las tribulaciones para que entendamos que tal vez estamos allí por nuestra desobediencia, por nuestro pecado. Noemí, movida por su necesidad tomo una buena decisión: en arrepentimiento regresar a la casa del pan y de la alabanza, regresar a su tierra, a la comunión con el pueblo de Dios, a ponerse a cuenta con el Señor, a participar de la Pascua, a cantar, orar y servir a Dios en su propia tierra, en la forma en que Dios lo había establecido, no como Elimelec lo había pensado. Es curioso pensar que tuvo que morir la religiosidad (tipificada como Elimelec) y el pecado (lo débil y defectuoso, tipificados en Mahlon y Quelion) para que Noemí pueda retomar el rumbo de la voluntad de Dios.

Rut decide seguir a Noemi

Y su decisión tuvo consecuencias: sus nueras le siguieron. Pero ella les mostro las implicaciones de la decisión que ellas estaban tomando. En su momento, ella y su esposo no lo pensaron y sufrieron las consecuencias; ahora, ella en su sabiduría les hace ver a Orfa y a Rut las implicaciones de esa decisión, para que no lo hagan por emoción o solamente por seguir a Noemí. Ella ya era vieja, difícilmente podría casarse, y aun así lo hiciera tendrían que esperar mucho para que Orfa y Rut se puedan casar. Noemí lo había perdido todo: a menos que un pariente cercano redimiera sus tierras, ella regresaría como pobre sin ninguna posesión a Belén de Judá. Una viuda sola, sin hijos, no tenía mayor probabilidad que mendigar alimento. Ningún hombre de Belén se casaría con una moabita, encima viuda. Pensar en todo esto, en el dolor de la soledad y las consecuencias de su pecado habían amargado el corazón de Noemí. Ya no era “placer” ni “dulzura” sino que incluso había pensado en cambiarse el nombre a Mara (“amargura”) y guardaba en su corazón duda, temor y la idea de que Dios era quien le había provocado o permitido las desgracias que estaba experimentando.

La verdad es que nosotros bebemos las consecuencias de nuestros propios actos. No podemos culpar al Señor de nuestro pecado, El no tienta a nadie, sino que nosotros somos tentados, cuando de nuestra propia concupiscencia somos atraídos y seducidos. Es muy fácil echar la responsabilidad a otro, pero no es fácil asumir la responsabilidad por el pecado. En este sentido, el hijo prodigo se comportó mejor porque el acepto “He pecado contra el cielo y contra ti”. Aun así, la decisión que tomo Noemí fue buena y vemos que ante el panorama no muy favorable que se presentaba las nueras tomaron también su decisión: Orfa se regresaría a sus dioses, a sus ídolos y a rehacer su vida; Rut decidió quedarse con Noemí.

El nombre de Orfa significa “cervatillo” o espalda”, de ahí se deriva “la que da la espalda”. Ella tuvo la oportunidad de seguir a los creyentes al pueblo de Dios, de conocer al único Dios verdadero y ser salva. Pero lo pensó y aprovecho la “oportunidad”: no sería una viuda mendiga en Israel, decidió volverse a sus dioses, disfrutar de una vida cómoda pero de la perdición eterna. Que terrible intercambio. Cuanta gente se vuelve atrás, prefiriendo tener una vida cómoda aquí, pero a cambio del infierno eterno por alejarse del Señor y su Palabra.

Una mejor decisión: comprometerme con Dios sin reservas (v. 15 – 17)

“Y Noemí dijo: He aquí tu cuñada se ha vuelto a su pueblo y a sus dioses; vuélvete tú tras ella. Respondió Rut: No me ruegues que te deje, y me aparte de ti; porque a dondequiera que tú fueres, iré yo, y dondequiera que vivieres, viviré. Tu pueblo será mi pueblo, y tu Dios mi Dios. Donde tú murieres, moriré yo, y allí seré sepultada; así me haga Jehová, y aun me añada, que sólo la muerte hará separación entre nosotras dos.” (Rut 1: 15-17)

El nombre de Rut significa “compañera”, “amiga” y ella hizo realmente honor a su nombre. Al considerar las implicaciones de su decisión, ella reafirmo su convicción y compromiso. Noemí le animó “vuélvete a tu pueblo y tus dioses”; pero la respuesta de Rut es una de las más hermosas demostraciones de compromiso que vamos a ver en la Biblia y nos muestra la gran mujer que era esta moabita:

  • No dejaría a Noemí ni se apartaría de ella. Quiere decir no se volvería atrás ni tampoco se desviaría del camino que Noemí tomara. Rompió con su pasado y aseguró su futuro.
  • Viviría con Noemí, identificándose con ella como parte de su familia. Su obligación conyugal había terminado, pero no su compromiso de amor y lealtad.
  • Se identificó con el pueblo de Dios y con el Dios de Israel. Esta es una declaración valiente considerando que Dios había excluido a los paganos del pueblo del Señor y que los moabitas que querían ser parte del pueblo de Dios estaban excluidos para siempre (Deuteronomio 23: 3-4). Fue un compromiso de fe.
  • Puso su destino al lado del destino de Noemí, su vida al lado de ella y su muerte a su lado. Solo la muerte las separaría. “Así me haga Jehová y aun me añada” era una frase que solo los siervos de Dios usaban. Su compromiso era hasta el final. Sin reservas, ni condiciones.

Una decisión marcada por el compromiso fue la que tomó Rut. Una decisión movida por la verdadera fe y afectada por la convicción. Esta fue la mejor decisión de todas y tomada por alguien que ni siquiera era israelita. Ella se entregó a Dios sin reservas, ni condiciones, ni mirando hacia atrás ni cuestionándose por el futuro. Su fe estaba puesta en el Señor y así tomo un compromiso firme hasta el final.

¿Cuántos siervos serían usados por Dios si tuvieran un poco de ese compromiso y entusiasmo para servir al Señor? ¿Estaríamos dispuestos a servir a Dios aunque no nos den pago, o reconocimiento, o descanso? ¿Cuántas relaciones serian de bendición si hombre y mujer se comprometieran el uno al otro de esta manera? Oh, ciertamente nuestros matrimonios serian una real bendición e inspiración para este mundo. Si tan solo tuviéramos una pizca de la fe y el compromiso de Rut, nuestras iglesias estarían llenas de hombres y mujeres que servirían a Dios con todo el corazón, sin reservas, ni condiciones. Nuestros matrimonios serian fuertes, no existirían niños abandonados ni maltratados. El mundo realmente conocería el poder de Dios por medio de una iglesia comprometida, que enviaría misioneros dispuestos a morir en el campo y no regresar al primer inconveniente.

Comprometerse a seguir y servir a Dios sin reservas ni condiciones

Conclusión

Para finalizar, tenemos que decir, que pese a las circunstancias difíciles, Dios honro la fe de Rut y no solo la hizo parte del pueblo de Dios a pesar de que era moabita y le estaba prohibido el acceso, sino que la hizo parte del linaje mesiánico del Señor Jesús. Ella fue la madre de Obed, quien fue padre de Isaí, padre del rey David. Noemí termino sus días no como Mara, sino como “dulzura” gozando de las bendiciones de Dios. Rut se casó con un hombre de Dios y su vida paso a la historia bíblica como el retrato de una mujer de Dios que empezó mal, pero termino bien por la gracia y misericordia de Dios.

No se tu hermano(a) pero yo quiero tener el destino de un hombre de Dios. No lo soy ciertamente, creo que aún me falta mucho para ser contado como un siervo del Señor pero yo he dicho a mi alma: Donde estén los siervos de Dios, allí yo quiero estar, no me apartare del camino ni a izquierda ni a derecha. Su pueblo será mi pueblo y su Dios, mi Dios. Allí, donde ellos estén sirviendo allí yo quiero estar también. Sus pensamientos quiero que sean los míos y sus palabras, las mías. Quiero vivir sus vidas de fe, compromiso y servicio y quiero morir como mueren ellos, llenos de años, trabajados, cansados, agotados, despreciados por muchos, expuestos al peligro, pero jamás destruidos, gozosos, aprobados por Dios, gastados por haber servido al Señor. Ese es mi compromiso y mi pacto delante de Dios.

¿Qué de ti? ¿Quieres seguir viviendo en los campos de Moab o quieres volver a la casa de Dios, a ponerte a cuentas con el Señor y decidir servirle sin ninguna condición ni reserva? No pases ni un día más frente al televisor perdiendo el tiempo, no desperdicies ni un segundo más con amistades que solo te hacen retroceder. Rompe toda relación que lo único que hace es desanimarte en el camino del Señor o que no te lleva al crecimiento espiritual. Decide seguir los pasos de tu Maestro, decide dejarlo todo y ser un discípulo fiel de Cristo. Dios te está llamando el día de hoy, responde como Rut y toma decisiones firmes. Pon a Dios como prioridad en tu vida y tu vida será de bendición y gloria.

Te animo en esta noche a que examines tu corazón y veas si tal vez eres como Elimelec, que de nombre nomas eres cristiano, pero con tus hechos lo niegas. Vuélvete al Señor, vuelve a tu primer amor, decide servirle, no te vuelvas nunca atrás.

 

Amen!