En esta oportunidad quiero compartir con ustedes la historia de Jonás, tomando algunos pasajes resaltantes de su libro, de tal manera que podamos comprender que Dios ama al mundo, no solo a sus hijos los creyentes, sino al mundo perdido en general y que cuando Dios trata con el hombre, lo hace con sus siervos, que no son perfectos, y también con los incrédulos que tienen necesidad de Él.

Ahora, ¿Quién era Jonás? La Biblia no nos dice mucho acerca de este profeta, pero sabemos que su nombre significa “paloma”, que fue usado por Dios para profetizar la prosperidad de Israel en tiempos del rey Jeroboam II (2 Reyes 14:25):

El restauró los límites de Israel desde la entrada de Hamat hasta el mar del Arabá, conforme a la palabra de Jehová Dios de Israel, la cual él había hablado por su siervo Jonás hijo de Amitai, profeta que fue de Gat-hefer” (2 Reyes 14:25)

El libro de Jonás nos registra no tanto el mensaje del profeta, que fue muy corto, sino más bien a la persona del profeta y su relación con Dios, quien es amoroso y misericordioso con su pueblo escogido como con el mundo perdido. Nínive fue una ciudad asiria, una de las más antiguas e importantes. Según la Palabra de Dios fue fundada por Nimrod (Génesis 10:11). Sabemos que los asirios eran crueles y sanguinarios guerreros, enemigos de los judíos y sus perseguidores. Dado esto, los judíos sentían especial aversión por los asirios y por su cultura; aun así, Dios amaba al pueblo asirio y envía a su profeta a anunciarles un mensaje de juicio en busca de su arrepentimiento. El libro de Jonás es el único libro de la Biblia donde se menciona que un profeta judío fue enviado a predicar a una nación gentil. Nínive se arrepentiría, aunque luego, cincuenta años después esta nación llevaría cautivo al reino del norte; y luego, muchos años después Nínive seria destruida por los babilonios y los medos. Dios sabía obviamente todas estas cosas, y justamente por esto les envía un mensaje por medio de Jonás, extendiendo su gracia y misericordia a este pueblo cruel y pagano.

Y es que siempre ha sido el deseo de Dios que todo hombre llegue a la salvación; para ello su pueblo Israel debía ser luz a las naciones, llevando la Palabra de Dios a todo pueblo. Su pueblo no lo entendió, más el amor de Dios no cambió. Ahora, su iglesia está encomendada de predicar el evangelio de la salvación a toda criatura y en esa tarea tenemos el privilegio de participar tú y yo. En este mensaje no solo quiero compartirles de la vida de Jonás, sino más bien del amor y la misericordia de Dios, quien lleva a cabo su obra no por causa de nosotros, sino a pesar de nosotros, de nuestros defectos, de nuestro egoísmo. Dios ama al hombre pecador y le muestra su misericordia. Dios quiere que el hombre sea salvo y quiere usarte a ti y quiere usarme a mí para poder llevar esa luz a las tinieblas; nosotros debemos tomar la visión misionera y salir a evangelizar, a predicar la Palabra de Dios fuera de las cuatro paredes de la iglesia; pero reconocemos que es muy difícil para la mayoría de nosotros. ¿Por qué? Bueno, en este mensaje quiero analizar con ustedes la historia de Jonás, porque ella nos muestra aquellas cosas que impiden que podamos tomar parte en la expansión del reino de los cielos.

El libro de Jonas nos habla del amor y la misericordia de Dios por sus hijos y por los hombres perdidos

El libro de Jonás es un libro autobiográfico, muy corto que pertenece a los libros proféticos. Vamos a ver que el capítulo 1 nos habla que la desobediencia obstaculiza la labor misionera y trae la disciplina de Dios, el capítulo 2 nos muestra que la oración sincera de arrepentimiento nos trae la bendición de Dios. El capítulo 3 nos dice que la obediencia y fe a la labor misionera mueven la mano de Dios; y por último, el capítulo 4 nos muestra que la frustración y el pecado con los que luchamos no tienen por qué detener la labor misionera, sino que más bien revelan el amor y la misericordia de Dios para con sus hijos y siervos. Veamos pues rápidamente el primer capítulo:

La desobediencia trae la disciplina de Dios

Leamos por favor los tres primeros versículos del capítulo 1 del libro de Jonás:

Vino palabra de Jehová a Jonás hijo de Amitai, diciendo: Levántate y ve a Nínive, aquella gran ciudad, y pregona contra ella; porque ha subido su maldad delante de mí. Y Jonás se levantó para huir de la presencia de Jehová a Tarsis, y descendió a Jope, y halló una nave que partía para Tarsis; y pagando su pasaje, entró en ella para irse con ellos a Tarsis, lejos de la presencia de Jehová

Dios tenía un propósito con Nínive, quería el arrepentimiento de esa ciudad, cuya maldad había llegado al colmo. Para ello escogió al profeta Jonás; sin embargo Jonás se levantó para huir de Dios. Descendió al puerto de Jope, compró su pasaje y se dirigió a Tarsis, que era la ciudad más lejana conocida desde donde se encontraba. Jonás no quería obedecer y quiso escapar de Dios. Sabemos que el Señor pudo haber interrumpido en cualquier momento su viaje, pero Dios permitió que por un momento pareciera que Jonás se salía con la suya; sin embargo, nuestra desobediencia no cambia los planes de Dios. Él es soberano y aun a pesar de nuestros pecados, El cumplirá sus propósitos. Solo le basto a Dios preparar una tormenta para traer abajo el “plan de escape perfecto” de Jonás. Dios empezó a tratar con su siervo desobediente. Mientras tanto, en el barco los marineros se esforzaban por mantener el barco a flote y Jonás dormía en lo más profundo del barco. Insensible a la necesidad, es reprendido por el patrón de la nave mientras los marineros clamaban a sus dioses. “¿Qué tienes, dormilón? Levántate, y clama a tu Dios; quizá él tendrá compasión de nosotros, y no pereceremos.” ¿Cómo puedes dormir mientras todo se despedaza? Y claro, Jonás no iba a orar, porque eso significaría que tendría que enfrentarse con Aquel de quien huía. Los marineros echaron suertes y por intervención de Dios, el culpable fue señalado. Todo estaba en contra de Jonás, Dios lo tenía acorralado y el desobediente profeta tenía que confesar: “Si, yo soy hebreo y temo a Jehová, creador de los cielos y la tierra”, confesó. “Bueno, temo a Dios pero hoy estoy escapando de Jehová”.

Es curioso que los marineros paganos tuvieran más misericordia que Jonás al momento de la crisis. Al final, no pudieron evitarlo más y encomendaron a Jonás a la providencia divina y echaron a Jonás al mar, para después ver asombrados como el mar y la tormenta se calmaban y eso les llevo a ofrecer sacrificios al Señor. Nada le salió bien a Jonás: quiso desobedecer al Señor, quiso escapar de su misión y ahora se encontraba en medio del mar, sin ninguna esperanza. Pero nuestras crisis no escapan del poder de Dios, el Señor ya había preparado un pez que lo tragara, Dios todavía no había terminado con su profeta.

Nuestra desobediencia a la visión misionera de Dios trae la disciplina de Dios. El Señor ha determinado hacernos parte en la gran labor de la evangelización local, nacional y mundial y cuando somos rebeldes al llamado de Dios, Él nos disciplina. Podemos pensar que escapamos de Dios, que ignoramos el llamado, que nos dedicamos a hacer nuestras cosas, pero la verdad es que nadie puede burlar a Dios o esconderse de Él. Dios te está llamando y tienes que responder; de lo contrario nuestro buen Dios es experto en cerrarnos el camino y traernos a un tiempo de crisis donde somos quebrantados y tenemos que reaccionar. Abre los ojos mi hermano, ¿vives una vida egoísta, centrada en ti mismo? ¿Solo duermes cuando deberías estar en medio de los perdidos anunciándoles la Luz del evangelio? ¿Estás en medio de una tormenta que parece nunca terminar? ¿Aun los incrédulos te reprenden por tu doble vida, se burlan de ti por tu hipocresía, te toman en poco por causa de tu poca pasión por Dios? Entonces tú has desobedecido al llamado de Dios y Él está tratando contigo. No saldrás de la tormenta hasta que no reconozcas que has desobedecido al Señor y hasta que entregues tu vida en las manos del Soberano Dios.

La oracion sincera de arrepentimiento trae la bendición de Dios

La oración sincera trae la bendición de Dios

Leamos ahora por favor los versos 8 y 9 del capítulo 2 del libro de Jonás:

Los que siguen vanidades ilusorias, su misericordia abandonan. Mas yo con voz de alabanza te ofreceré sacrificios; pagaré lo que prometí. La salvación es de Jehová

Jesucristo dijo acerca de Jonás en Mateo 12: 38-41 que así como Jonás estuvo en el vientre del pez 3 días y 3 noches, así el hijo del hombre estaría en la tierra 3 días y 3 noches. Jonás es un tipo de la muerte y resurrección de Jesucristo, solo que hay una gran diferencia en la motivación por la cual ambos estuvieron en esos lugares. Jonás estuvo en el vientre del pez por su desobediencia, el intento escapar de la voluntad de Dios; pero el Señor lo llevo a ese lugar de soledad, crisis, angustia para que reflexionara sobre su vida y pudiera tomar una decisión de obediencia. Jesucristo, el Hijo de Dios fue a la cruz por su obediencia al Padre, fue muerto por nuestros pecados y enterrado, resucitando al tercer día por el poder de Dios para nuestra salvación y para la gloria de Dios. Mientras el Hijo de Dios padeció por su obediencia, el profeta Jonás padeció por su desobediencia; pero en los dos casos, Dios se glorificó sacándolos a ambos del lugar de angustia en el que se encontraban.

Después de tres días, Jonás recapacitó. “Los que siguen vanidades ilusorias su misericordia abandonan” concluyó. Quienes piensan que pueden escapar de Dios y hacer su propia vida termina abandonando la misericordia de Dios y enredándose en miles de problemas y angustias; pero nuestro arrepentimiento nos enfoca nuevamente en Dios y en su obra. “Pagare lo que prometí” decidió Jonás. Él era un profeta, en algún momento de su vida debió hacer el compromiso de consagrarse a Dios, de servirle solo a Él. Era hora de recordar las promesas hechas y cumplirlas. La salvación es de Jehová, no del hombre. Si Dios había decidido dar la oportunidad de salvación a los ninivitas, ¿quién era Jonás para impedir la obra de Dios? Jonás no podía salvarlos, pero si era llamado a ser el instrumento en las manos de Dios para la salvación de los ninivitas.

¿Por qué se nos hace tan difícil asumir el compromiso de la visión evangelística y misionera del Señor? ¿Es el dinero realmente el problema? ¿Es el tiempo realmente lo que nos impide servirle al Señor? Está claro que no todos son llamados a dejarlo todo para ir al Congo a predicar el evangelio; sin embargo todos somos llamados a cumplir la Gran Comisión. ¿Entonces cual es realmente el problema, por el cual muy pocos están cumpliendo ese llamado? La desobediencia y la falta de oración son el real problema. Puedes desobedecer plenamente al Señor y aun ser aprobado por los hombres, puedes vivir una vida sin oración y aun ser reconocido en la iglesia. Puedes vivir una vida de oración y aun persistir en no moverte a cumplir la Gran Comisión; pero las excusas en algún momento tienen que caer. El que realmente ha conocido al Señor, ha probado su misericordia y ha compartido su corazón con Él no puede permanecer pasivo sin buscar que servir al Señor. Esa persona buscara activamente que disponer de tiempo y recursos para servir al Señor en la evangelización, en las misiones, en el servicio como su mayor prioridad. Según su llamado, orará, ofrendará e irá a los lugares con necesidad. Pero el que ama demasiado su vida como para entregarla en las manos de Dios siempre buscara su propio beneficio en vez de servirle al Señor y aun mas, juzgara a quienes no lo hacen, poniéndose como ejemplo de piedad, cuando él ni siquiera con un dedo quiere cumplir los mandatos de Dios.

Un pueblo pagano se arrepintió al mensaje de Jonas

La obediencia y la fe mueven la mano de Dios

Continuemos leyendo por favor los versos 1 al 5 del capítulo 3 de Jonás:

Vino palabra de Jehová por segunda vez a Jonás, diciendo: Levántate y ve a Nínive, aquella gran ciudad, y proclama en ella el mensaje que yo te diré. Y se levantó Jonás, y fue a Nínive conforme a la palabra de Jehová. Y era Nínive ciudad grande en extremo, de tres días de camino. Y comenzó Jonás a entrar por la ciudad, camino de un día, y predicaba diciendo: De aquí a cuarenta días Nínive será destruida. Y los hombres de Nínive creyeron a Dios, y proclamaron ayuno, y se vistieron de cilicio desde el mayor hasta el menor de ellos

La Palabra de Dios declara que hay misericordia gratuita para todos. ¡Vengan a beber de las aguas todos los que tengan sed! exclamaba el Señor Jesucristo. Todo aquel que quiera puede venir y recibir la salvación que es por la fe en el Señor. Dios da siempre segundas oportunidades. Lo hizo con el pueblo cruel y pagano de Nínive, así como con su profeta desobediente. Ambos recibieron una segunda oportunidad y ambos respondieron correctamente: Jonás esta vez se levantó a obedecer al Señor y cumplir su llamado; y el pueblo de Nínive se postró en arrepentimiento ante Dios por el mensaje predicado. Jonás no era un gran predicador pero era un siervo obediente, su obediencia y su fe movieron la mano de Dios. Debe haber sido muy difícil para un judío entrar en una ciudad donde vivían los que habían asesinado tantos de sus compatriotas y tanto sufrimiento le habían causado a Israel, ciudad terrible y cruel; no solo eso sino que debió sentir temor a ser descubierto y ejecutado por ser judío antes de empezar siquiera a predicar; pero este hombre tuvo fe en Dios quien lo había llamado y vio la mano de Dios moverse en un avivamiento tan grande que toda una ciudad completa se arrepintió de su maldad, de tal manera que el Señor desistió de ejecutar su juicio contra Nínive.

Nunca había sido el deseo de Dios que se perdieran los ninivitas, así como no es el deseo ahora de Dios que el hombre se pierda. Cuando los discípulos pidieron al Señor permiso para pedir que descienda fuego del cielo y destruya unas aldeas que se habían opuesto al mensaje de Cristo, el Señor les reprendió “ustedes no saben de qué espíritu son!” El Hijo del hombre no ha venido a condenar al hombre sino a salvarlo (Lucas 9: 54-56). El creyente debe vivir en un espíritu de reconciliación. Ha sido reconciliado con Dios y ahora él debe buscar que el hombre incrédulo se reconcilie también con Dios. Esa es tu misión en esta vida, ocuparte diligentemente en ser un embajador de Cristo, un emisario del Señor en busca de la reconciliación de los hombres con El; pero eso requiere obediencia y fe. Moverte porque Dios lo dice en su Palabra, hacerlo aunque no veas las condiciones necesarias para ello. Muchos esperan un “llamado especial” de Dios para empezar a predicar o a viajar a las misiones. ¿Qué más necesitas si la Comisión ya te ha sido dada? Muchos esperan tener dinero de sobra para poder dedicarse a la obra. Te garantizo que pensando así, jamás vas a tener dinero de sobra, porque Dios no provee para aquellos que no están haciendo nada. El provee para su obra, para quienes se mueven en fe. No te dará riquezas económicas para que las malgastes en ti mismo, cuando pudieras estar haciendo tesoros en el cielo. Pero puedes comenzar en lo poco, siendo fiel en la obra de Dios a nivel local, para luego seguir avanzando a nivel nacional e incluso mundial si el Señor así te lo permite; pero nunca se podrá aceptar como excusa “No evangelizo porque no tengo tiempo, no hago misiones porque no tengo dinero”. Eso es simplemente una excusa y una imposibilidad para aquel que tiene fe en Dios y quiere obedecer su Palabra.

Jonas se frustró por la misericordia de Dios

La frustración y el pecado muestran la misericordia y amor de Dios

Por último, leamos por favor los pasajes 1 al 3 y 10 al 11 del capítulo 4 de Jonás:

Pero Jonás se apesadumbró en extremo, y se enojó. Y oró a Jehová y dijo: Ahora, oh Jehová, ¿no es esto lo que yo decía estando aún en mi tierra? Por eso me apresuré a huir a Tarsis; porque sabía yo que tú eres Dios clemente y piadoso, tardo en enojarte, y de grande misericordia, y que te arrepientes del mal. Ahora pues, oh Jehová, te ruego que me quites la vida; porque mejor me es la muerte que la vida

Y dijo Jehová: Tuviste tú lástima de la calabacera, en la cual no trabajaste, ni tú la hiciste crecer; que en espacio de una noche nació, y en espacio de otra noche pereció. ¿Y no tendré yo piedad de Nínive, aquella gran ciudad donde hay más de ciento veinte mil personas que no saben discernir entre su mano derecha y su mano izquierda, y muchos animales?

Este último capítulo nos muestra una faceta triste del profeta Jonás. Él ya había aprendido que no se puede escapar de Dios y que lo mejor que podía hacer era someterse y obedecer a Su llamado; sin embargo, vemos que el aun lucha en su corazón con sus prejuicios y orgullo nacionalista: le costaba entender que Dios pudiera extender su gracia hacia los ninivitas, sobre todo cuando los judíos pensaban que ellos eran los únicos escogidos por Dios. Y es que el servir a Dios no implica santidad absoluta; pero la santidad y la búsqueda de ella incluye el servicio. No puedo asegurar que sirviendo a Dios me hare más santo; pero si puedo decir que aquel que busca ser más santo a Dios inevitablemente tiene que servir. Así que el creyente que se queda conforme con lo que sabe y con lo que hace año tras año y que no es esfuerza en crecer para su Señor difícilmente puede estar caminando el camino de la santidad.

En ese sentido la mediocridad es una engañadora muy sutil: nos promete comodidad, seguridad, confort pero nos condena a una vida inútil, perezosa y vacía de propósito y pasión. Es más fácil poner el corazón en nuestras propias necesidades y cerrar los ojos a las necesidades de los demás; no es muy agradable dejar tu descanso, tu dinero, tu comodidad y tus planes para ir a invertir tu dinero, tu tiempo en lugares que son duros para bendecir a personas que ni conoces ni te importan; pero justamente esa es la prueba del corazón. Un corazón orgulloso, perezoso no tiene interés en los demás, un corazón apasionado por Dios siempre encontrará motivos y razones para servir al Señor. Nuestro corazón determina nuestro servicio. Muchos habrán que no irán a servir a menos que les garanticen las comodidades mínimas, a menos que gocen de buena salud, que les den un hotel 3 estrellas mínimo y sus 3 comidas diarias; pero eso no es lo que vemos en el ejemplo de los grandes hombres que Dios usó para su gloria, y aun en los que fallaron como Jonás, vemos una disposición a servir no al hombre, sino a Dios quien les llamó.

Jonás se molestó con Dios, se enojó mucho y se sentó afuera de la ciudad a ver si después de todo, Dios los condenaba y toda esa ciudad de pecadores se iba de una vez al infierno por toda la eternidad. ¡Qué lindo siervo de Dios! Y aquí vemos una faceta asombrosa del Señor: en vez de reprenderle por su mala actitud, Dios le sigue el “juego” por así decirlo, tratándolo como se trata a un niño caprichoso que hace su berrinche: ¿Por qué te molestas tanto mi hijito? Le dice mientras Jonás ni le responde palabra alguna. Entonces prepara una calabacera para guardarlo del sol y al día siguiente se la quita por un gusanito que también preparó para la ocasión. Jonás se molestó más, aun al punto de desearse la muerte. ¿Estás muy enojado papito? le dice el Señor, “Si! Y mucho!” le contesta Jonás. Y aquí viene la gran enseñanza: la misericordia de Jonás y su enojo estaban basados en su egoísmo, él se movía básicamente por aquello que le convenía. La misericordia de Dios es mucho más amplia y mejor que esa. Jonás no pensaba en los niños, en los animales, en todos aquellos que nunca tuvieron la oportunidad de oír la Palabra de Dios, el solo miraba su “orgullo nacional”, su “fama de profeta” pero no veía todas las cosas que si podía ver el Señor.

Conclusión

Hay misericordia para todos de parte de Dios: hay gracia y misericordia para con sus siervos que no son perfectos, que son orgullosos, temerosos, hipócritas y desobedientes; y también hay gracia y misericordia para los millones de personas que no conocen su Palabra, que no han oído el evangelio del Señor Jesucristo. Jonás es un ejemplo de que Dios hace la obra no por causa de que nosotros somos buenos siervos, sino a pesar de que nosotros no queremos obedecer la voluntad de Dios. El tratará con sus hijos hasta llevarlos al punto de la obediencia y la rendición. Jesús honró al desobediente y orgulloso Jonás al tomarlo como un tipo de su propia muerte y resurrección. La ciudad de Nínive se arrepintió ante la predicación de un siervo imperfecto que entendió cuál era la voluntad de Dios: que los hombres sean salvos. Pero ahora, nos dice el Señor, ¡Uno mayor que Jonás está aquí! El Hijo del Hombre que padeció por nuestros pecados está aquí, nos ha dado su salvación, nos ha dado su Espíritu Santo, nos ha dado su bendita Palabra, nos ha dado su autoridad, nos ha delegado la tarea de la Gran Comisión, ha prometido estar con nosotros todos los días hasta el fin del mundo, está intercediendo por nosotros ante el Padre, ha prometido que lo que pidamos en su nombre al Padre, Él nos lo dará. Entonces, yo te digo ¿Qué más necesitas? ¿Qué más señal quieres para que te convenzas de que Dios te ha llamado a ser su siervo?

Todo creyente debe obedecer la Gran Comisión

No desobedezcas al llamado de Dios, eres su representante ante un mundo perdido. Pon las manos en el arado y no mires atrás. ¿Cómo creerán en Aquel de quien no han oído? ¿Cómo oirán si tú no les predicas? ¿Cómo predicaras si no crees que hayas sido enviado? ¿Cómo serás enviado si tu mente y tu corazón están preocupados en otras cosas? ¿Me entiendes lo que te digo no? No necesitas más, solo hazlo y ya. Dispón tu corazón, prepárate y empieza a servir al Señor: reparte tratados, apoya a los viajes misioneros, ora por las misiones, evangeliza a tus amigos, gástate, usa tus fuerzas, tu juventud para la gloria de Dios, se atrevido, osado para las cosas de Dios. Créele a Dios y veras maravillas en sus manos.

 

Amen!